Veteranos de Malvinas fueron reconocidos por scouts tresarroyenses
Fue durante una vigilia especial que la agrupación Tomás Santa Coloma organizó y llevó adelante el reciente sábado
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En la sede del grupo scout Tomás Santa Coloma, el clima de camaradería se sintió en el aire durante un reconocimiento que sus integrantes hicieron a veteranos de Malvinas. No fue un acto oficial cargado de protocolos vacíos, sino una “caricia al alma”, como lo definió Ernesto Urbina, enfermero retirado de la Armada y veterano de guerra.
Junto a él, su amigo y compañero de armas, Aníbal Ibarra, quien fuera tripulante del ARA Santísima Trinidad asintió durante una charla que mantuvieron con Oscar Meijide, coordinador y formador local de scouts.
“Examen final”
Para Urbina, el camino comenzó mucho antes de 1982. Ingresó a la educación naval en 1969, formándose bajo los valores del Almirante Brown y, más tarde, en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).
“Llegó el día que me tocó participar en la recuperación de las islas”, recordó con serenidad. Para él, como militar de carrera, Malvinas no fue solo un conflicto sino “rendir el examen final” de todo lo aprendido en años de instrucción.
Esa formación no solo le dio herramientas técnicas sino que forjó un vínculo indestructible. Urbina recordó el “desamparo afectivo” de los inicios, cuando jóvenes de distintos puntos del país se encontraban solos en un lugar extraño.
“Eso genera un sentimiento de hermandad tan fuerte que no se rompe nunca más”, explicó al asegurar que reencontrarse con un compañero años después es como si el tiempo no hubiera pasado.
De la guerra a la paz
La historia de Aníbal Ibarra tiene un recorrido inverso pero un destino común. Oriundo de Rosario, enfrentó lo desconocido al unirse a la Armada a partir de lo cual pudo formar parte de esa “camada” que escribió una página imborrable en la historia naval argentina.
Sin embargo su vínculo con el movimiento Scout llegó después del conflicto.
“Yo hice dos cosas que uno siente”, explicó Ibarra. Y agregó: “primero estuve en la guerra y después, como scout, participo de lo que es trabajar por la paz”.
Hoy su labor continúa en el museo de veteranos, donde se dedica a “malvinizar”, un término que para ellos significa mantener viva la memoria sin hacer distinciones de rangos o tiempos de permanencia en las islas.
Para Ibarra cada veterano tiene una historia diferente y valiosa, y el respeto es la base de su mensaje.
Una caricia al alma
El encuentro en Tres Arroyos, nacido de la propuesta de dirigentes scouts locales, buscó reconocer a los veteranos más allá de los desfiles tradicionales.
Las vigilias del 1 de abril, -que en este caso se hizo el sábado 11-las charlas con niños y las cenas íntimas donde se comparte mate cocido y tortas fritas son, para estos dos veteranos, el verdadero reconocimiento.
“Lo que vale la pena es lo que no se ve”, comentó Urbina en tono de reflexión. Para él los actos públicos a veces carecen de sentimiento, mientras que estos espacios de hermandad scout le “llenan el pecho”.
Entre risas compartidas en una misma mesa y el intercambio de presentes Urbina e Ibarra demuestran que la guerra quedó atrás, pero el compromiso con la patria y sus valores sigue más vivo que nunca.
Al final de la jornada el mensaje quedó claro entre los asistentes y los invitados especiales, al considerar que únicamente el encuentro se trató de algo tan simple –como necesario- y eso es el respeto por la historia vivida.
Como bien dice Urbina, cada invitación, venga de donde venga, es recibida “con honor” porque representa el afecto de la sociedad.

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