Ver la dislexia con otros ojos
El 8 de octubre se celebró el Día Mundial de la Dislexia, y en Tres Arroyos se reunieron para visibilizar este trastorno en el aprendizaje
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El Día Mundial de la Dislexia tiene por objetivo la visibilización de una dificultad en el aprendizaje que consiste en un trastorno específico de la lectura, que afecta la oralidad, la capacidad para la comprensión lectora, el reconocimiento de palabras escritas y la elaboración de tareas escritas.
Algo que dejaron bien en claro este grupo que busca visibilizar y acompañar a las personas que viven con estas dificultades, es que “Diagnóstico no es destino”. Es fundamental instruirse y prestar atención a las primeras señales de detección, ya que por más de que la dificultad esté en el aprendizaje, la autoestima puede ponerse en juego.
En el encuentro que realizaron en la Municipalidad, La Voz del Pueblo se acercó para dialogar con la psicopedagoga Cristina Marcos y con Fernanda Gómez, madre de un adolescente disléxico que compartió su experiencia desde la crianza.
“Es un día internacional, y todos los monumentos históricos y lugares distintivos de las ciudades están pintados de turquesa, que es el color en honor a esto, a poder hacer un día de visibilización del día de la dislexia. Que podamos hablar, que podamos decir qué es lo que les pasa a los chicos y también adultos que se han entenado de grandes que tienen este desafío, que no solamente tienen que ver con aprender a leer y escribir", marcó Cristina.
Autoestima
Sentir que no sabes, o que vas más lento que el resto, en edades de aprendizaje ya sea la niñez o la adolescencia, no solo es difícil, sino que puede generar una baja de autoestima considerable. Esto suele pasar en jóvenes con dislexia que desconozcan su diagnóstico: “Está comprobado que no tienen seguridad, lo que leen no lo entienden, o lo que tienen que hacer tampoco lo entienden, entonces se angustian, se sienten tontos, se siente que no sabe, que no son capaces. Entonces todo eso va comiendo su autoestima, y cada vez se presentan mayores desafíos para abordar cualquier situación”.
La salud mental es fundamental, ya que si falta seguridad, si no tienen autoestima, limitan su aprendizaje y sus habilidades sociales: “Tienen vergüenza, no quieren hablar, no quieren exponerse, porque piensan que no saben. Y en realidad cuando el medio se empieza a ajustar, ya sea con evaluaciones o empiezan a buscar técnicas que les empiecen a ayudar a paliar esa situación, empiezan a funcionar. Nosotros con adolescentes en secundaria, trabajamos adecuando las evaluaciones, fragmentamos, que usen muchas imágenes, porque el cerebro al procesar de una manera distinta, se apoya en estos recursos visuales que les permite resolver sin desafíos”.
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Experiencia de madre
Fernanda Gómez narró como fue el gran cambio entre saber que era la dislexia y como era su vida antes de detectarlo en su hijo: “Mi hijo tiene dislexia, se diagnosticó cuando comenzó el secundario, ahora tiene 14, y yo veía en el crecimiento de él cosas que me llamaban la atención. Intercambio de letras, que es lo de menos, porque es las más frecuentes cuando están aprendiendo a leer y escribir. Después al atarse los cordones, aprendió tarde cuál es la derecha y la izquierda, la secuencia de los meses del año”.
Pero si desconocés que esto son síntomas de dislexia, es normal que no acudas a un profesional para buscar las herramientas necesarias para facilitar el aprendizaje: “Ahí empecé a ver cosas que me llamaban la atención, la conocí a Cristina, y lo mando por técnica de estudio, y cuando abrió la carpeta se agarró la cabeza, y ahí empezamos a investigar más en profundidad”.
Una vez conociendo el diagnóstico, como padres el objetivo es acompañar, y ofrecer las herramientas necesarias para el aprendizaje: “Lo importante es acompañarlo como mamá y papá. Mi marido se encarga de matemática y fisicoquímica, y yo del resto de materias, tenemos un pizarrón grande y estudia mediante el pizarrón, o viendo vídeos. Él tiene mucha memoria fotográfica, y todo lo que dicen en la escuela, se lo acuerda, pero si tiene que redactar o ir tomando apuntes, se pierde. Es sentarse, acompañarlo y apoyarlo”.
Ronda de familias
En el consultorio de Cristina comenzaron a formar reuniones integrantes de familias que se encontraban en este lugar, y crearon un espacio para poder instruirse y ayudarse: “A partir de este año desde el consultorio de mi espacio privado, se empieza a nuclear este sentimiento entre las familias de angustia, soledad y tristeza. De que llegaba el domingo y pensar en la mochila del lunes era catastrófico. Hablando con Fernanda le digo, hagamos una ronda de familias donde podamos ahí compartir qué nos pasa”.
La primera la llevaron a cabo en julio, y cada familia pudo expresarse y además están haciendo capacitaciones, una gran forma de aprender a acompañar: “Hicimos una primera ronda en julio, y compartimos esto qué nos pasaba a cada uno en casa, desafíos para estudiar, peleas en casa porque no me entiende, y ya la segunda ronda fue hace poquito, en la Biblioteca Campano, donde compartimos con la doctora Paula Arista, que nos estuvo brindando una capacitación a las familias en cuanto a lo que es dislexia. Tuvimos una repercusión hermosa y vamos por más”.
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Detección
Para finalizar, Marcos desarrolló varios indicadores que pueden llegar a darse para detectar la posible existencia de dislexia, en distintas etapas de la vida: “En etapa preescolar, de 3 a 5 años, retraso en el desarrollo del lenguaje oral; escaso interés por las canciones, rimas o juegos de palabras; Dificultades para aprender y recordar letras, colores, números o los días de la semana; Problemas para reconocer su propio nombre por escrito; Torpeza al realizar actividades motrices finas (dibujar, recortar, encastrar piezas) y/o Poca conciencia fonológica (no percibe si dos palabras riman o empiezan igual)”.
En edades de primer ciclo de primaria, de 6 a 9 años, algunos indicadores son: “Dificultades persistentes para asociar letras con sus sonidos; lentitud o esfuerzo excesivo al leer palabras simples; omisiones, sustituciones o inversiones de letras y sílabas al leer o escribir; Escritura desorganizada o con errores ortográficos no fonéticos (por ejemplo, “baca” por “vaca”); dificultades para recordar palabras conocidas o reconocer palabras frecuentes y/o problemas para copiar del pizarrón o mantener la atención al leer”.
En el Segundo ciclo de primaria, de 9 a 12 años: “Lectura poco fluida, con pausas inadecuadas o sin comprender lo leído; pérdida del hilo del texto al leer en voz alta; ortografía persistente inestable, incluso en palabras ya trabajadas; evita leer o escribir en público por vergüenza o frustración; dificultades para seguir instrucciones escritas o tomar apuntes y/o baja autoestima o ansiedad frente a tareas escolares que implican lectura o escritura”.
Y ya en etapas de adolescencia y adultez: “Lectura lenta o fatigante, necesidad de releer para comprender; problemas para redactar textos extensos con coherencia y ortografía adecuada; dificultades con idiomas extranjeros, especialmente en su forma escrita; buena comprensión oral pero dificultades en lo escrito y/o uso de estrategias compensatorias (por ejemplo, memorizar palabras visualmente o apoyarse en la tecnología)”.
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