Un refugio para la memoria en el corazón de Copetonas
El veterano Blas Fernández relató cómo la solidaridad de los vecinos, el sector privado y sus compañeros del Ejército hizo posible este lugar histórico que verá la luz el próximo 12 de octubre, coincidiendo con el aniversario del pueblo y la Fiesta del Mate y la Torta Frita
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Tras una histórica recaudación comunitaria de casi 12 millones de pesos en apenas 60 días, la localidad de Copetonas ultima los detalles para la apertura del espacio que albergará la balsa salvavidas utilizada por los sobrevivientes del hundimiento en la Guerra de Malvinas. El veterano Blas Fernández relató cómo la solidaridad de los vecinos, el sector privado y sus compañeros de armas hizo posible este hito histórico que verá la luz el próximo 12 de octubre, coincidiendo con el aniversario del pueblo.
"Con la proa puesta al sur, campeando el temporal, como decimos los marinos". Con esta frase, cargada del temple de quien ha sabido sortear las aguas más hostiles del Atlántico Sur, el veterano de Malvinas y sobreviviente del crucero ARA General Belgrano, Blas Fernández, define la etapa final de un sueño que está a punto de concretarse. El salón diseñado para exhibir de forma permanente la balsa que le salvó la vida a él, a José Ángel "Coqui" Andersen y a otros camaradas durante el conflicto bélico de 1982, ya es una realidad arquitectónica en la localidad bonaerense de Copetonas.
El salón para la balsa
El proyecto nació de la frustración pero se materializó gracias a la perseverancia. Tras cuatro años de promesas políticas incumplidas en los que las autoridades de turno aseguraban que se harían cargo de la obra, Fernández, junto a Jorge "Cococho" González y "Coqui" Andersen —actualmente radicado en Ushuaia—, decidieron tomar las riendas. El resultado fue un auténtico milagro de la solidaridad civil: en apenas sesenta días lograron reunir casi 12 millones de pesos. Las donaciones llegaron desde todos los rincones y estratos sociales, desde el modesto aporte de 10.000 pesos de un jubilado local hasta una transferencia de 1.000 dólares enviada por un argentino residente en España.
La construcción del salón ha sido, en cada uno de sus ladrillos, un tributo al esfuerzo colectivo. La firma Molinari Construcciones finalizó recientemente el cerramiento total del predio, un trabajo que, al igual que muchos otros, fue donado. Los vidrios laminados de seguridad, gestionados a través de un contacto en Reta y adquiridos en Mar del Plata, ya están colocados. En los próximos días, el cielorraso será instalado por Varela, un especialista de Tres Arroyos que también donó su mano de obra.
Un pueblo unido
Los toques finales siguen la misma lógica de colaboración desinteresada. Por intermedio del concejal Carlos Ávila, una empresa del Parque Industrial donó 40 litros de pintura, mientras que Arturo Monforte se encargará de los trabajos de brocha y rodillo. La iluminación, vital para que la balsa sea visible incluso de noche para los turistas que transitan hacia Reta o Copetonas, corre por cuenta de Javier Hastrup, quien instalará un sistema con sensores y cámaras de seguridad. Los materiales eléctricos y de construcción fueron facilitados a precios irrisorios o directamente donados por comercios de la región, como Maderas Pehuén en la calle Almafuerte y diversas casas de electricidad de Tres Arroyos.
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El legado de la supervivencia
El interior del pabellón no será únicamente un recinto para la balsa, sino un verdadero museo de la resiliencia y la memoria. Las paredes del salón contarán con un mural de las Islas Malvinas acompañado de la frase "Siempre argentinas", obra que será pintada por los propios alumnos del Colegio Secundario de la localidad, guiados por un artista plástico y con el visto bueno de la dirección educativa.
Junto a la embarcación de goma se exhibirán elementos de supervivencia originales que resultaron cruciales durante las agónicas 34 horas que los náufragos pasaron a la deriva en alta mar antes de ser rescatados. Entre los objetos históricos que la comunidad podrá observar se encuentran los míticos caramelos de glucosa Nutrosa, sachets de agua de emergencia, remos originales y una sonda arrojada por un avión avistador para señalizar la posición de la balsa a los buques de rescate.
Todo este acervo busca mantener viva la verdadera historia del conflicto. Fernández, quien ingresó a la Marina de Guerra en 1974 con apenas 16 años a través de la Escuela de Mecánica de la Armada, es un defensor acérrimo del honor de los tripulantes del Belgrano. "Hubo tripulantes que tenían 16 o 17 años, eran marineros de primera y murieron, eran más chicos que un colimba. Los chicos de la guerra no existieron; nosotros a los 16 años juramos defender la bandera hasta perder la vida. Fuimos parte de un proceso, entramos a una fuerza armada para defender a la patria", reflexiona el veterano, quien periódicamente recorre escuelas de todo el país, desde Río Colorado hasta Tres Arroyos, transmitiendo este legado a los jóvenes, de quienes asegura recibir un respeto absoluto e inquebrantable.
Una inauguración soñada
La fecha elegida para abrir las puertas de este santuario histórico no es casual: será el lunes 12 de octubre, coincidiendo estratégicamente con el aniversario de Copetonas.
Se espera una concurrencia masiva. Alrededor de 40 personas, incluyendo a numerosos ex camaradas de la promoción 1974 de Fernández —hoy retirados y viajando con sus familias—, tripulantes del crucero, y posiblemente altas autoridades navales, se darán cita en la región. Muchos de ellos se hospedarán en Reta durante todo el fin de semana previo. El evento también contará con la exposición artística de Mario Bergón, un fotógrafo pampeano y compañero de armas, que presentará cuadros especiales alusivos a la fecha.
La única baja de peso será la ausencia física de José Ángel "Coqui" Andersen. El ex piloto radicado en el sur del país debe someterse a una intervención quirúrgica a fines de septiembre y no podrá viajar. Aunque Fernández propuso posponer la inauguración hasta el año próximo, Andersen fue categórico: el salón debía abrirse ahora. Pese a la distancia, el piloto estará presente a través de un mensaje audiovisual que se proyectará durante el acto.
"Las raíces no se olvidan. La casa y ese salón son de Copetonas, no son de ningún político; yo se lo doné al pueblo", sentencia Fernández. El veterano mira hacia el futuro con la esperanza de que el espacio sea declarado de interés cultural por la provincia, asegurando que este esfuerzo mancomunado es la prueba irrefutable de que, con humildad y trabajo real, se puede mantener encendida la llama de la memoria. "Con qué poquito se pueden lograr grandes cosas. Esto va a salir adelante y va a quedar marcado en la historia".

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