Un ex investigador de Anthropic alertó sobre los riesgos de la Inteligencia Artificial
Jacob Coxon brindó una serie de entrevistas en la televisión estadounidense tras su renuncia. Aclaró que los modelos actuales no pueden causar una extinción, pero hizo una advertencia
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Apenas veinticuatro horas después de presentar su renuncia a la empresa Anthropic a través de un mensaje en la red social X que superó los 100 millones de visualizaciones, el investigador Jacob Coxon profundizó sobre su drástica decisión en una gira por las principales cadenas de televisión de Estados Unidos. En diálogo con NBC, CNN y Fox News, el especialista detalló cuándo y cómo la Inteligencia Artificial (IA) podría convertirse en una amenaza real para la humanidad.
El experto se encargó de hacer una aclaración fundamental respecto a la situación actual de la tecnología. “Los modelos actuales no representan un riesgo significativo”, aseguró. En esa misma línea, precisó que por el momento estos sistemas no son lo suficientemente inteligentes como para superar al ser humano a un nivel que derive en una extinción.
Sin embargo, Coxon encendió las alarmas al proyectar el futuro a corto plazo. “Esto es extrapolar a un año de ahora. Los modelos empiezan a ponerse muy peligrosos. Algunos piensan que en seis meses es plausible. Podría ser más, dos o tres años”, advirtió. Esta postura fue respaldada por Evan Hubinger, jefe de un equipo de seguridad de la propia compañía Anthropic, quien calculó que existe más de un 10 por ciento de probabilidad de extinción en una década si se produce una automejora de los sistemas a una velocidad mayor de la esperada.
El límite de la autonomía
Al ser consultado sobre a qué factor debería prestarle atención el público general, Coxon fue categórico: el riesgo extremo iniciará si la IA logra hacerse más inteligente sin la ayuda de programadores humanos.
“Imaginá que tenés una IA y le decís: hacete más fuerte. Se va, mira su propio código, se hackea a sí misma, se hace más inteligente, y vuelve y te dice: soy más fuerte. Ahora le podés decir que lo haga mil veces seguidas. Y cada vez lo hace más rápido”, ejemplificó el investigador para graficar la magnitud del problema.
El especialista también ilustró cómo un programa informático podría tener un impacto devastador en el mundo físico. Recordó que, meses atrás, agentes de OpenAI intervinieron infraestructura de terceros por voluntad propia y advirtió que, si esa capacidad independiente se extrapola, las consecuencias podrían ser extremas, permitiendo desde el hackeo de infraestructura crítica hasta el diseño de armas biológicas. “Podés conectar ChatGPT a las luces de tu casa. Ahora imaginá que lo conectás a robots de laboratorio. No es tan difícil que algo que parece estar solo en la computadora afecte el mundo real”, sentenció.
Preocupación interna y falta de control
En cuanto al clima de trabajo puertas adentro de las empresas de desarrollo tecnológico, Coxon reveló que, si bien no hay pánico por los modelos actuales, existe un profundo temor por el escenario de los próximos dos años. Según describió, los ingenieros discuten con absoluta sobriedad la posibilidad de que la IA del próximo año pueda producir, por ejemplo, un virus letal.
Finalmente, el especialista dejó una contundente comparación para dimensionar el desafío que se enfrenta a nivel global: “Sabemos cómo controlar las armas nucleares. Todavía no sabemos cómo controlar la IA”. Tras calificarla como la invención posiblemente más peligrosa de la historia humana, concluyó que una carrera armamentista entre países por el dominio de esta tecnología sería desastrosa y que la única salida viable es la cooperación internacional.

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