Un corazón al Pulso del Tango: Natalia Lara
De la salita de jardín a la televisión nacional, la artista tresarroyense repasa sus más de dos décadas en la música, la herencia familiar recuperada, los contratiempos de la vida y el valor inquebrantable de cantar con el corazón liviano. En diálogo con La Voz del Pueblo, nos cuenta su trayectoria, sus inicios y sus proyectos recientes
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Por Benicio Britez Arévalo
Hay vidas en las que la música no llega como una elección posterior, sino como un pulso inevitable que late desde la infancia. En el caso de Naty Lara, todo comenzó en el jardín de infantes, marcada por el sonido insistente de un triángulo metálico y una vocación madrugadora. "Yo era la primera: decía 'es la hora de mú-' y ya estaba con el triangulito ahí en la salita", recuerda.
Aquel entusiasmo infantil encontró su lugar definitivo gracias a una figura fundamental: la profesora María Ester Rifé de Olesen. Ella guió sus primeros pasos desde los 4 hasta los 13 años en el Instituto Nuestra Señora de Luján. A sus 10, la docente la llamó: "Vení para acá, chiquita. Vos tenés voz para tango, ¿no querés que te enseñe uno?". Así aprendió Melodía de arrabal, la misma pieza que, 32 años después, interpretaría a los 42 ante las cámaras de la televisión nacional. "Yo la amo, le digo que es mi mentora y ella me dice que soy su ídola. Me marcó mucho, es una persona súper importante en mi vida musical", expresa sobre su maestra, con quien debutó como voz solista de las contraltos en el coro de la Escuela N.º 1.
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Linaje escogido
A los 18 años, el tango se abrió paso durante una peña de Cultores Tresarroyenses de la Música Argentina. Sin ensayos previos ni acuerdos formales, Naty se acercó a un bandoneonista de apellido Rey: "Maestro, ¿no me acompaña una pieza?". Bastaron unas repasadas tras del telón para salir a emocionar al público con Nostalgias. "A mí cuando me acercaba un bandoneón o un violín se me erizaban los pelos, era el llamado", confiesa.
Tiempo después, aquella conexión encuentra un sentido al descubrir una historia familiar oculta. A través de una revista archivada que le mostraron en la casa de un compañero de teatro, supo que el hermano de su abuelo, Roberto Lara, cantaba tango, y que su hijo había aprendido a tocar el bandoneón a los seis años, recorriendo escenarios como artista callejero. Esa rama familiar conecta con Agustín Lara, productor musical radicado en Estados Unidos, que llegó a tocar para el Dalai Lama y vivió en Orense. Para Naty, ese linaje consolidó la certeza de que el arte era un mandato de sangre. "Sentí que la historia se repetía conmigo y que ellos están todos reencarnados en mí", reflexiona.
La escuela de la calle
Ese mandato la llevó a ganarse el afecto de su ciudad y a sostener una convocatoria ininterrumpida durante 26 años en el escenario mayor de la Fiesta del Trigo. Naty se define desde el zodíaco: "Soy Acuario, soy dragón de fuego. Creo que no se pueden separar la artista y la persona; yo soy esto. A la gente le gusta la originalidad y la espontaneidad. No me gusta estar rígida buscando que todo salga perfecto; no tiene que salir perfecto, tiene que salir feliz porque estás transmitiendo".
Su vida fuera de los reflectores ha sido intensa. Durante 17 años se desempeñó como consultora de cosméticos, pero antes vendió medias a los 14 años en la peatonal de Mar del Plata tras escaparse de casa en un acto de rebeldía adolescente; luego atendió una agencia de quinielas e hizo artesanías para venderlas junto a sus discos. Si un cliente decía "yo no escucho tango", Naty sacaba su repertorio de covers o cantaba a capela para conquistar al transeúnte y por más de quince años, los doce meses que transcurrían entre Fiestas del Trigo, cantaba en trenes, subtes y colectivos de Capital.
Incluso la adversidad le dejó lecciones. En una oportunidad, tras probar suerte trabajando con aplicaciones de reparto en Villa Soldati un 25 de diciembre, sufrió un violento intento de robo del que logró librarse a pura garra y mordiscos hasta la llegada de un patrullero. Ese episodio reordenó sus prioridades: "Ahí me pregunté qué necesidad tenía de pasar por eso teniendo a mi familia". El factor común de estas experiencias es la resiliencia, que relaciona con su ascendencia gitana.
Televisión
La prueba de fuego en la escena masiva comenzó con su debut en La Voz Argentina (2018) por Telefe. Tras presentarse al casting en Mar del Plata y superar las instancias previas eligiendo cantar el tango que le enseñó María Ester, la llamada de confirmación la encontró al volante en las calles de Tres Arroyos. "Cuando me llama la productora de Telefe para decirme que quedé seleccionada para la audición a ciegas, venía manejando y tuve que estacionar en la esquina de Brandsen e Istilart. Cuando corté, lancé el grito de gloria y victoria. Cada vez que paso por esa esquina me trae ese recuerdo tan fuerte", evoca.
Aquel debut marcó el inicio de un recorrido destacado en la pantalla chica argentina, en producciones de El Trece como Canta Conmigo Ahora (2022), Ahora Caigo (2025) y Es mi sueño (2026). Su paso por estos certámenes estuvo guiado por una filosofía clara, condensada en su canción Espíritu: "Aquí solo importa la entrega al cantar". Apoyada en las enseñanzas de Facundo Cabral -a quien cita: "Vení liviano, si te vas a ir sin nada, pibe"-, comprendió que en la vida no hay derrotas, sino aprendizajes. "Tenés que aprender a estar vos con vos, porque sos la persona con la que vas a convivir hasta tu último respiro", afirma.
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El respaldo local
De cara a su próximo espectáculo, programado para este viernes 11 de septiembre en la Biblioteca Campano (Hipólito Yrigoyen 252), Naty celebra el respaldo de más de 300 comercios locales que apostaron por su propuesta. Esta suma de voluntades le permite cubrir los costos técnicos, el sonido, la sala y la remuneración justa de los músicos sin la presión económica de la boletería. "Me desligo del resultado económico de las entradas porque no tengo ganas de estar pensando en el dinero cuando canto, tengo ganas de estar entregando mi corazón", sostiene.
En este nuevo despliegue escénico, la cantante estará acompañada por primera vez por una formación de tres músicos reconocidos: Sergio Pessina, Diego Canosa, Enzo Acosta y la invitación especial del quinteto La Resonancia Urbana, bajo la dirección de Juan Subrani. El repertorio recorrerá un abanico emotivo que incluye Melodía de arrabal, Milonga sentimental, Dos gardenias en rumba flamenca, Nostalgias y varias zambas tradicionales.
En este marco, la artista extiende su agradecimiento a Roberto Sarlangue, Paola Mack, Franco Mazzitelli, Milena Marcovecchio (del grupo 105) y a Irma TV Streaming por su acompañamiento en la difusión y valorización de su trabajo en la escena local. Invita también a los vecinos a seguirla en sus redes sociales, Instagram (@natalialaralavoz) y YouTube (@natalia1976), ya que cualquier reproducción al contenido significa un apoyo enorme para ella.
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En el corazón
A pesar del reconocimiento, el motor más profundo de su canto reside en el afecto y la memoria de sus seres queridos. A cuatro años del fallecimiento de su hermana mayor, la artista transformó el dolor en gratitud: "La vida es una lucha constante y soy feliz porque hago lo que amo. Perdí a mi hermana mayor hace cuatro años y aprendí a pensar que no la perdí, sino que gané porque la tuve".
Con esa misma generosidad, Naty dedica este recorrido a la memoria de Laura Evangelina Lara y de David Arévalo, afirmando que "esas personas nunca se irán mientras las recordemos eternamente en nuestros corazones". Entre la fuerza del arrabal, el legado de su sangre y el aplauso de su gente, Naty Lara continúa cantando con el alma al desnudo, demostrando que cuando hay entrega genuina, la música se convierte en un abrazo eterno.

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