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Mientras se disputaba la final del Mundial de Fútbol, Tres Arroyos recibía una visita que nadie quisiera volver a presenciar.
La Agrupación Sinfónica de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, personal de Protocolo y Ceremonial, el Superintendente de Servicios Sociales, Comisario General Marcos García, y el Superintendente General Región Sur, Comisario General Gonzalo Bezos, junto a otras autoridades dependientes del Ministerio de Seguridad bonaerense, arribaron a nuestra ciudad para rendir los honores correspondientes al Oficial de Policía Alan Molina.
Alan tenía apenas 30 años. Era tresarroyense, padre de Owen, un bebé de pocos meses, y fue asesinado el sábado 18 del corriente mientras cumplía funciones en la Fuerza Barrial de Aproximación, en el barrio Ejército de los Andes, de Ciudadela, partido de Tres de Febrero. De manera póstuma fue ascendido al grado de Subteniente.
El lunes por la mañana, en el Cementerio Municipal, recibió sepultura con los máximos honores institucionales. En una ceremonia cargada de emoción, las autoridades hicieron entrega a su madre de la Bandera Nacional que cubría el féretro, uno de los más altos reconocimientos que puede otorgar el Estado a un efectivo caído en cumplimiento del deber. Sin embargo, ningún protocolo alcanza para cerrar el inmenso dolor de una familia ni el de una comunidad que despide a uno de sus hijos.
Precisamente por eso, este hecho debería interpelarnos como sociedad. No podemos limitarnos al homenaje. Debemos abrir un debate serio y urgente sobre el destino de los efectivos policiales oriundos de Tres Arroyos.
Nuestro distrito necesita más personal policial para atender las demandas de la ciudad cabecera y de todas las localidades del partido. Sin embargo, muchos jóvenes formados aquí son destinados a zonas de alta conflictividad del conurbano bonaerense, a más de 500 kilómetros de sus hogares.
No se trata de poner en duda su preparación profesional. Los efectivos reciben la formación necesaria para desempeñarse en cualquier destino que les asigne la fuerza. El problema radica en las condiciones que implica esa realidad: extensos traslados, jornadas de trabajo altamente exigentes, desgaste físico y emocional, y una considerable parte de sus días de descanso consumidos en viajes para reencontrarse con sus familias.
Este tema ya fue planteado institucionalmente. En julio de 2025, el bloque del Movimiento Vecinal presentó en el Honorable Concejo Deliberante un pedido de informes que actualmente permanece sin tratamiento en la Comisión de Seguridad. Es indispensable que dicho expediente sea considerado con urgencia. No será, por sí solo, la solución definitiva, pero constituirá una señal concreta de que el Municipio está dispuesto a gestionar activamente ante las autoridades provinciales una problemática que afecta tanto a la seguridad pública como a las familias tresarroyenses.
Porque Tres Arroyos merece recibir a las autoridades provinciales para anunciar más patrulleros, más recursos, mayor logística, mejor equipamiento y la incorporación de efectivos a nuestra Policía Comunal. Merece visitas para fortalecer la prevención del delito y mejorar las condiciones de trabajo de quienes nos cuidan.
En los últimos días, los medios informaron sobre un presunto llamado del Intendente al Gobernador de la Provincia a raíz de los incidentes ocurridos durante los festejos mundialistas, gestión que habría motivado la rápida llegada de una comisión de Control Disciplinario del Ministerio de Seguridad.
Esa misma rapidez, ese mismo compromiso y esa misma capacidad de respuesta son los que hoy reclamamos para abordar una problemática mucho más profunda: la protección de nuestros jóvenes policías.
Porque Tres Arroyos NO merece volver a recibir a las máximas autoridades del Ministerio de Seguridad únicamente para rendir honores a otro efectivo caído en cumplimiento del deber.
Edgardo Fernández
22.577.016

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