Tres Arroyos: entre el dolor familiar y el rigor de la Justicia antidroga
Milagros Ibarra e Itati Villatoro combaten el flagelo acompañando a familiares a salir de la droga. La doctora Natalia Dello Russo instruye las investigaciones contra narcomenudeo más significativas de 2026 en nuestro distrito. Un encuentro inédito frente a frente entre el drama de los hogares que luchan contra las adicciones y el trabajo de la Fiscalía, en una realidad que exige contención social y urgentes políticas públicas. La esperanza entre relatos trágicos
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Por Enrique Mendiberri
En la redacción de La Voz del Pueblo se vivió un encuentro sin precedentes: un espacio común donde se cruzaron las realidades desgarradoras de la comunidad con el rigor de los expedientes judiciales. Frente a frente, las dos caras de una misma moneda que golpea a Tres Arroyos: por un lado, el drama y la lucha de familiares de adictos en recuperación; por el otro, el brazo de la ley encargado de desarticular el narcomenudeo local.
La mesa reunió a Milagros Ibarra, hija de Manuel, un hombre que transita sus primeros tres meses de internación; a Itatí Villatoro, familiar de un joven que afronta un tratamiento tras meses de lucha para hacerlo e impulsora de la cruzada antidrogas que trajo a Gastón Pauls a la ciudad; y a la doctora Natalia Dello Russo, responsable de las investigaciones de narcomenudo más resonantes de 2026 al frente de la UFIJ N° 13.
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El diálogo desnudó el motor humano de las causas penales. La fiscal Dello Russo reconoció el impacto social de su tarea al responder qué siente ante la alarmante cantidad de personas dedicadas a este delito: "Sí, en principio siento una satisfacción porque nosotros trabajando estos temas, además de ver las cosas, los datos fríos que hay en una causa, vemos también las personas afectadas por el consumo de estupefacientes. Incluso muchas causas se inician por denuncias de familiares o parejas que están desesperados, que no saben qué hacen con sus hijos que consumen, un verdadero flagelo para las familias".
La funcionaria aclaró los alcances de su fiscalía: "No siempre, pero muchas causas se inician por denuncias anónimas. Ahora con los buzones municipales también hemos podido iniciar causas. Lo que nosotros trabajamos específicamente es la venta de estupefacientes fraccionada a consumidores. Por eso ha habido casos de grupos sonantes y grandes cantidades de estupefacientes secuestrados que se remiten a la Justicia Federal".
La causa más resonante de 2026 expuso el involucramiento de menores organizados. Al ser consultada sobre si los investigadores avanzan hacia un terreno peligroso al toparse con jóvenes precoces y armados, la fiscal reveló: "Y hay muchos menores que detectan en estas investigaciones involucrados que están consumiendo, incluso en la causa de estas que vos estás nombrando se logró un testimonio de un menor de 14 años que le compraba cocaína y marihuana a uno de los imputados, lo que por supuesto que llama la atención".
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El alivio que no llega
Frente a este despliegue de operativos, cuando se le consultó a las familias si las noticias sobre detenciones generan alivio en sus corazones, la respuesta de Itatí Villatoro desnudó una cruda realidad estructural: "En primer momento sí, pero después no te da alivio porque vos sabes que después de esa persona que va detenida, va a haber otros que van a seguir vendiendo porque no se va a terminar nunca el negocio de los estupefacientes o de la ludopatía y demás. Acá en Tres Arroyos no tenemos un centro, yo entiendo y espero que el intendente Pablo Garate para el año que viene abra un centro comunitario en el presupuesto 2027, porque es muy necesario un lugar de escucha a los mismos chicos que están en consumo. Necesitan la escucha de la ronda, es lo más necesario y el familiar también necesita, porque donde hay un adicto está toda la familia enferma", observó.
El derrotero de Itatí refleja transformación. El año pasado dio su testimonio de espaldas a la cámara para protegerse. Hoy, su familiar avanza en la recuperación: "Por ahí en el grupo de familia (del centro de recuperación donde está su familiar) ponen fotos y en un mes y medio ya ves los cambios. Es es otra cara, está precioso, pero bueno, es un proceso largo bastante largo que tienen que sacar de dentro y solamente hay gente que lo puede realizar solo de manera externa y otros necesitan estar internados así que bueno, yo les deseo lo mejor”.
“El papá que no tuve”
La realidad de Milagros Ibarra corre en paralelo. Su padre está a 24 horas de cerrar su primer bloque de sanación profunda en una comunidad terapéutica tras tres meses: "Está haciendo el tratamiento como corresponde, y está contento. Él no se olvida del primer día que yo lo dejé en la comunidad, no quería saber nada porque ya venía de estar internado en un lugar de règimen cerrado. Era una clínica. Cuando pasó para Zárate y se encontró con un lugar totalmente abierto, un campo, paso de ese miedo a estar encerrado, a un lugar contenido todo el día, pasar a un lugar de puertas abiertas, que era algo nuevo para él, siempre me recuerda eso. La psicóloga y todos los del equipo me van contando el avance que va teniendo, yo hablo mucho con la psicóloga y ella me dijo que hoy en día está hablando cosas que no había hablado durante muchísimos años y, desde ahí, empieza el momento de sanación. Cuando uno empieza a hablar, a contar lo que lo llevó a estar en el consumo. Porque uno no consume porque tiene ganas. Atrás de eso, uno empieza a consumir porque le pasó algo. Por un abuso, una separación, distintas problemáticas. Eso te hace caer lamentablemente en esto que es el consumo".
En ese sentido, una comunicación semanal por videollamada le devolvió a Milagros la esperanza de recuperar a su padre: "yo con él tengo comunicación una vez por semana por videollamada, y bueno, él ahí me va comentando cosas.Para mí fue totalmente algo nuevo encontrarme con un papá recuperándose, porque cuando a mí me ocurrió algún problema o algo yo era como que estaba hablando con la pared, no escuchaba, no me prestaba atención. Y hoy, tenerlo por ejemplo, cara a cara por videollamada y que me vaya preguntando un montón de cosas, para mí fue totalmente nuevo y emocionante. Porque ese era el papa que yo tenía de chica. Tener una charla, que él me vaya contando cosas que le han sucedido en su infancia, en su adolescencia. En eso descubrí que lamentablemente tenía un dolor adentro que no podía manejar solo”.
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La tragedia en hechos
Desde el otro lado de la mesa, la fiscal aportó el perfil más duro del flagelo, al describir los efectos colaterales que le toca observar cuando lleva adelante una investigación: "hemos tenido hasta familias vendedoras, donde los hijos menores, menores de hasta 10 o 12 años, los utilizaban para vender estupefacientes. O en casos de violencia de género, violencia familiar. Familias desesperadas que no saben cómo actuar. El consumo de estupefacientes atrae a todos los delitos, de violencia contra las personas o esos ajustes de cuentas con lesionados que aparecen muchas veces en el hospital".
En su relato, Dello Russo confirmó la existencia de delincuencia ligada al intercambio y la miseria: "en videofilmaciones que se hacen en las etapas preliminares de la investigación, hemos visto gente que va a comprar droga en zapatillas, entran a una casa, y salen sin zapatillas. O gente que va a lugares que teníamos indicados como del venta de estupefacientes, a los que van arrastrando puertas, caminando, llevando una goma...”.
En la visión del Ministerio Público también se analizó el factor tecnológico y su aprovechamiento para el desarrollo de las ventas, "hay aplicaciones que son mensajes encriptados, que no los pueden descifrar con los sistemas que hay. Ese es un desarrollo tecnológico a favor del delito que es muy difícil de combatir.
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El encuentro en la redacción de La Voz del Pueblo dejó en claro que el narcotráfico y las adicciones no se pueden entender únicamente desde el frío lenguaje de los expedientes, ni tampoco desde la desesperación aislada de los hogares. Ambos extremos se necesitan: la justicia requiere de la valentía comunitaria para accionar sus mecanismos, y las familias demandan una estructura estatal —judicial, municipal y sanitaria— que no las deje solas cuando el operativo policial termina.
Mientras la tecnología y el ingenio delictivo desafían los límites de la investigación penal, la verdadera batalla de Tres Arroyos se libra en el día a día. Se debate entre la urgencia de presupuesto para espacios de contención local en 2027 y la esperanza recuperada en una videollamada semanal. El flagelo de la droga expone la peor cara de la miseria humana, pero también la resiliencia de una comunidad que, entre el dolor y la ley, se niega a naturalizar el drama y sigue buscando la palabra exacta para empezar a sanar.
Nota: El video de la entrevista puede verse completo en el canal de YouTube @lvpdigital
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