Sebastián Rodríguez Larraín: “Quiero cultivar una estrategia para mantener vigente el legado de mi padre”
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Presentó recientemente una muestra recopilatoria de “La Máquina de Arcilla” en la feria ArteBA, obra de su padre Emilio que fue destruida en 2022 por traficantes de terrenos. Un hecho que le causó indignación y que refleja el estado de abandono del patrimonio cultural en Perú, razones por las cuales su hijo emprendió un proyecto de resurrección de la misma
El legado artístico de Emilio Rodríguez Larraín enfrentó serios desafíos en el último tiempo, teniendo en cuenta la destrucción total de su monumental obra de land art “La Máquina de Arcilla”.
Se trata de un ejemplar comprendido como un homenaje a las culturas prehispánicas en el norte de Perú (pegado a Chan Chan), la cual fue devastada en 2022 por traficantes de terrenos. Un hecho que desató indignación y que dejó en claro además el grave problema de abandono que reina al patrimonio cultural en Perú.
“La destrucción de La Máquina de Arcilla fue un terrible golpe personal, pero también un símbolo de lo que ocurre culturalmente en Perú. Lo que busco hacer con esta presentación póstuma es cultivar una estrategia para preservar y promover el legado de mi padre y así visibilizar un tema aún más grande: el abandono del patrimonio cultural que afecta a Perú y a toda Lationamérica. Quiero visibilizar esa paradoja, ya que patrimonio abandonado es algo muy extraño y no tiene lógica”, expresó Sebastián Rodríguez Larraín Capriata (36) al comienzo de la nota con este diario.
Durante la charla, que se desarrolló el último viernes en instalaciones del Museo de Bellas Artes de Tres Arroyos, el artista y fotógrafo pudo reconectar con su familia y observar con detenimiento las obras de Federico Manuel Vogelius (fue sobrino de su bisabuelo). Al respecto, explicó que “mi bisabuelo (Pedro Capriata) se mudó en su momento a Perú a trabajar y se quedó allí para siempre, él se sentía un argentino/italiano”.
Cenizas que buscan resurgir
El visitar el sitio donde se encontraba la obra de Emilio (fallecido en 2015) le permitió dar cuenta del estado de deterioro, por eso comenzó un proyecto de resurrección ante semejante pérdida transformado ese dolor en algo positivo para su familia y su círculo más íntimo. “Recogí lo que quedó de La Máquina de Arcilla para presentarlo ahora como cenizas pero no como un icono de destrucción, sino de purificación y renacimiento”, explicó con emoción.
Actualmente, un grupo de piezas seleccionadas vinculadas directamente con la obra de su progenitor está en exhibición en la feria de ArteBA de Buenos Aires, una amplia muestra organizada conjuntamente por la Galería del Infinito que incluye maquetas, fotos, documentos e imágenes únicas que marcan cómo y de qué manera fue el proceso de creación de semejante obra.
En este sentido, Sebastián contó que actualmente está trabajando en su tesis de maestría con desarrolla en Suiza. “Me estoy especializando en la gestión de patrimonios artísticos, nací en Perú y a los 3 años me mudé a New York tras la separación de mis padres. Crecí en una casa de artistas básicamente. Hago muchas cosas, pero mi objetivo está abocado a la gestión del patrimonio de mi padre”.
Al ser consultado sobre qué tarea impulsa para preservar eso mismo, Sebastián dijo que “comencé poniendo orden. Cuando él partió, heredé un patrimonio importante pero desorganizado. Nunca tuvo una actitud comercial, en Perú fue premiado en varias ocasiones, cosa que no tuvo mucho impacto. Busco hacer más conocido su legado, voy en ese camino tratando de desarrollar su mercado pero enfocado en elevar su reputación”.
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Sebastián
Rodríguez Larraín Capriata dialogó con La Voz del Pueblo el último viernes en
el MUBATA. En su primera visita al país y a Tres Arroyos, observó las obras de Federico Manuel Vogelius (fue sobrino de su bisabuelo)
(Gentileza Emilio Rodríguez Larraín)
Con énfasis, agregó que “pretendo mostrar la obra de él, pero también hacerla renacer en un nuevo contexto para darle una segunda vida. Es decir, que el público no solo vea los restos de La Máquina de Arcilla, sino que entienda su importancia y el motivo de su destrucción. Que su legado siga vivo, creciendo y que sea de utilidad para otras generaciones”.
Describió a su paso por ArteBA como “muy positivo” y que los visitantes “quedaron maravillados” con las explicaciones que les brindó. “Me hizo sentir bien ese reconocimiento de terceros que nunca vieron a mi padre, es un orgullo. En la exposición reuní todos los elementos artísticos y sumé una caja de acrílico, donde agregué las cenizas”.
La señal y el futuro
Tras reflexionar sobre lo anterior, expresó que “históricamente, las cenizas representan no solo la destrucción y la muerte, sino también la purificación y la resurrección. La semana que se derrumbó ´La Máquina de Arcilla´, un muro de Kuélap colapsó. Ahí sentí que Dios me dio una señal para ver que, desde lo ancestral a lo moderno, está vigente este problema”.
Como si todo esto fuera poco, Sebastián Rodríguez Larraín Capriata tiene en mente concretar más objetivos de cara a lo que viene. Además de las exposiciones que protagoniza, en 2025 tiene previsto inaugurar la casa cultural 2 de Mayo en Lima, donde Emilio vivió y trabajó. “Un espacio que funcionará como archivo histórico y para residencias artísticas”, con esa frase se despidió este joven que entendió a la perfección lo que es ser resiliente en la vida.
