Se fue Cali, un pedazo de la Cooperativa de Cascallares
Carlos Mendiberri falleció este domingo a los 76 años, tras una vida hecha a campo y siempre ligada a la cooperativa. Será recordado como un tipo sencillo, bonachón, bromista y que hizo su aporte para el buen presente de la entidad
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“Yo voy a seguir viniendo hasta que me digan que molesto”, les avisó Cali a sus tres hijos medio en chiste y medio en serio antes de subirse a su camioneta para irse de El Fortín, el campo que los Mendiberri trabajan hace casi 100 años. La escena se dio en marzo de 2021, luego de que posara junto a sus tres hijos para una nota que La Voz del Pueblo organizó por los 90 años de la Cooperativa de Cascallares.
Obvio que Matías, Sebastián y Carlos María nunca le dijeron que molestaba y Cali fue a El Fortín hasta que su salud se lo permitió. Y ayer, a los 76 años, cerró la tranquera para siempre, dejando una profunda huella en su querida cooperativa y un gran recuerdo en todos lo que lo conocieron.
Pasión rural
Cali era Carlos Hugo Mendiberri. Nieto e hijo de productores agropecuarios, siempre supo que su pasión era el campo y su deseo poder vivir de su producción. Pero su relación directa con la actividad rural comenzó cuando tenía 26 años. Antes trabajó en el dique Paso las Piedras de Bahía Blanca, en un molino harinero y en una acería. Hasta que su padre, también llamado Carlos, tras el fallecimiento de sus hermanos le propuso trabajar en el campo.
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Cali no lo dudó y comenzó a escribir su historia como productor.
Lo primero que hizo fue asociarse a la Cooperativa de Cascallares, entidad que tuvo a su abuelo como uno de los fundadores y primer presidente. Su padre también la presidió, y él luego integraría el Consejo de Administración por casi dos décadas. Sus comienzos como chacarero fueron duros: le tocó empezar de cero y resultó vital el soporte de la cooperativa para su inicio y posterior evolución.
“Te apoyaba en los momentos difíciles, te financiaba, y así podías llegar a la cosecha. Pero además, cualquier problema que tenías ibas a hablar con el gerente y tenías apoyo siempre”, contó en aquella nota de hace cuatro años.
“Es un orgullo enorme saber lo que representa nuestro apellido en la entidad, tengo un afecto especial por la cooperativa, ella forma parte de mi familia”, decía
En esa época, con condiciones laborales, tecnológicas y económicas muy diferentes a las actuales, después de días de tractor y noches de insomnio, se fue afianzando como productor.
Cali se casó con Margarita Dannunzio (Bety) y tuvieron los tres mencionados hijos, con quienes vivieron El Fortín. Y los tres desde chicos lo acompañaron con la misma pasión por producir, y con el tiempo se convirtieron en pilares fundamentales para el crecimiento de la empresa agropecuaria familiar.
El legado
Cali contaba que lo que más aprendió de su padre fue la decencia y la sencillez, valores que él también les inculcó a sus hijos. Y ellos heredaron el amor por el campo. Por eso se fueron sumando, cada uno a su tiempo y para cumplir un rol determinado, a la empresa familiar. Y él no escondía la felicidad que le generaba que los tres hayan decidido seguir sus pasos, aunque aclaraba que no le había impuesto nada a ninguno.
“Somos una familia de campo, es un modo de vida. No me imagino un día sin el campo”, aseguraba.
Con su sencillez y humildad, celebró en marzo de 2022 la distinción de Agricultor Pionero, reconocimiento que se entrega en cada edición de la Fiesta Provincial del Trigo. Un merecido homenaje a un productor que antes que nada era buen tipo.
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“Ir a la cooperativa siempre era un punto de encuentro para nosotros. Yo extraño el café y las charlas que tenía con los asociados a diario. Me da un poco de nostalgia pero sé que son cosas de la vida, del avance de la tecnología y del progreso. Pero siempre voy a todas las reuniones y las fiestas que organiza la cooperativa, porque es una oportunidad para vernos, para compartir. La vida es reunirse, es disfrutar de los afectos", explicaba.
Ingresó al Consejo de Administración de la cooperativa en 1992, ocupó más tarde el cargo de tesorero y en 2011 se retiró siendo secretario. Esa participación activa en la entidad formaba parte del legado recibido. “Es un orgullo enorme saber lo que representa nuestro apellido en la entidad, tengo un afecto especial por la cooperativa, ella forma parte de mi familia”, decía.
Cali será recordado como un buen tipo y que siempre tenía un chiste a mano. Y también como alguien que hizo su aporte para que la Cooperativa de Cascallares tenga este buen presente que tanto orgullo le generaba.

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