Rubén “Mono” Izarrualde: “La música popular me ganó el corazón”
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Rubén “Mono” Izarrualde, destacado flautista y también cantante, descasó durante algunos días en Claromecó. En Nuestra redacción, hizo referencia a su carrera, los tiempos de exilio musical en Europa, las experiencias con Chango Farías Gómez y Lito Vitale así como sus nuevos proyectos
A los 70 años, Rubén “Mono” Izaurralde tiene un amplio y muy valioso camino recorrido en la música. Se formó en flauta traversa en el Conservatorio Provincial “Gilardo Gilardi” de La Plata, pero luego -expresó- “la música popular me ganó el corazón”.
En la primera etapa de su carrera, fue convocado para integrar el grupo Anacrusa; tuvo un exilio musical en parte de la década del ’70 y hasta 1981, período en el que vivió en países de Europa; con Chango Farías Gómez trabajó durante muchos años; también tocó con Lito Vitale, en un trío que incluyó como miembro además a Lucho González; y formó parte de Cuartoelemento, grupo que en 2006 recibió el Premio Gardel por mejor álbum-artista Grupo de Tango Nuevas Formas.
Es solo un resumen muy comprimido de sus participaciones en la música. Actualmente está presentando con Mónica Papalia en piano, un espectáculo sobre obras de Astor Piazzolla, que quieren compartir con el público tresarroyense.
En el inicio del diálogo con La Voz del Pueblo, habló sobre Claromecó. “Vine a tocar la primera vez hace unos cuantos años con un trío que yo había formado, que se llamaba Monotributo. Cuando Cavallo puso el monotributo, se me ocurrió el nombre y funcionó -recordó sonriendo-. Mi hijo Jerónimo era el baterista, en ese momento tenía 14 o 15 años, ahora toca en La Bruja Salguero y tiene su propio grupo, Los Pájaros”. También integraba Monotributo Eduardo Pandolfo, en bajo.
Destacó que “es una playa que me gusta, tengo algunos amigos. Y he venido bastante a tocar a Tres Arroyos, con el Chango Farías y la orquesta en el teatro; y con Cuartoelemento. Siempre me resulta interesante presentarme en distintos lugares de la provincia, y en mi país”.
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“En Tres Arroyos hay gente muy musical que a esta presentación la va a apreciar bien”
“En realidad la música dice sola, eso es natural, no hay mucha vuelta que darle”
Sobre Piazzolla
Mónica Papalia es cordobesa, si bien reside hace muchos años en la ciudad de Buenos Aires. Su base es la música clásica y toca el piano en la propuesta que están brindando sobre Piazzolla.
“Salimos un poco de lo más difundido -explicó Izaurralde-. ‘Oblivion’, ya se conoce; ‘Libertango’ ni hablar, es un caballito de batalla para muchos música. También está incluida pero tratamos de no hacerla, salvo si te la piden; pero vamos por otro lado”.
En este sentido, hizo referencia a ‘Ausencias’, a la que definió como parte de “obras muy sentidas. Piazzolla tenía una raíz profunda de la milonga, atraviesa todas sus creaciones”.
Reiteró que la idea, en la que coincidieron con Mónica, es “hacer algo sobre lo que no está tan reconocido. Es bueno que la gente sepa que ese otro Piazzolla está”.
Le otorgó relevancia a que “hay que descifrar la música. Leer mucho y bien. La formación de María es ideal. Yo también provengo de la música clásica, pero con gran cantidad de tiempo de música popular y de trabajo con el Chango Farías Gómez”.
Las primeras presentaciones se llevaron a cabo “hace cuatro meses en pequeños lugares. En el verano nos fuimos a Córdoba”. Tiene la idea de venir a presentarlo en Tres Arroyos y en su memoria conserva un concierto con Cuartoelemento; “a la gente le gustó mucho, la pasamos muy bien con el público, ya hacíamos cosas de Piazzolla. En Tres Arroyos hay gente muy musical que a esta presentación la va a apreciar bien. También vamos a tocar en Bahía Blanca, hacia el sur de la provincia”.
Un quiebre
Al describir su origen, manifestó que “soy porteño, malcriado en La Plata”. Tras estudiar en el Conservatorio Provincial “Gilardo Gilardi’, decidió estar cerca de un maestro: “Luego seguí en La Lucila, fui buscando flautistas que podían pasarme cosas diferentes. Ahí estaba Ianelli, me especialicé en flauta traversa”.
Puntualizó que “yo tocaba flauta traversa, trompeta y flautín en el Teatro Argentino. Y luego la música popular me llevó para otro lado, me ganó el corazón. Esa cosa que es tan importante que te suceda. Uno puede hacer música popular desde lo clásico, se produce el quiebre de dejar esa cosa tan seria, estructurada y postural. Tenes que romper eso para poder entender lo otro, sobre todo el folclore y el tango”.
En 1972 ingresó en Anacrusa, un grupo de proyección folclórica, cuando tenía 18 años (ver nota aparte). Con anterioridad, incursionó un poco en el rock.
“Yo tenía de compañero en el Conservatorio a Jorge Pinchevsky, él me invitó por primera vez a ver a La Cofradía de la Flor Solar. El rock en ese momento a mí mucho no me gustaba, un día fui, así conocí a Cantilo, Kubero Díaz, Alejandro Medina, Nito Mestre, Charly García, el flaco Spinetta, todo ese mundo. Con mis compañeros de 13, 14 o 15 años nos animamos a hacer algunos grupos”, relató.
Un referente
Chango Farías Gómez lo invitó a participar en Músicos Populares Argentinos con Jacinto Piedra, Peteco Carabajal y Verónica Condomí.
Se percibe el afecto, cuando habla de Chango. “Con él hicimos muchas cosas. La Manija, Los Amigos de Chango, por citar dos experiencias. Tomaba autores clásicos argentinos y le dábamos una vuelta de tuerca. Fue el último trabajo que hizo, después falleció” (el 24 de agosto de 2011).
Izaurralde intentó darle continuidad a la orquesta, si bien “en nuestro país es muy difícil sobrevivir con 15 o 16 músicos. Solamente si tenés un apoyo del Estado muy fuerte, no apareció y entonces llegó a su fin”.
Una situación habitual con Chango fue generar ciertos cambios: “La gente decía pero como, que hacen, para donde van, que nos quieren decir. Nos pasó bastante. Y en realidad la música dice sola, eso es natural, no hay mucha vuelta que darle. Después uno elige autores, intérpretes”.
Con Vitale
En 1997 se incorporó al trío que creó Lito Vitale y que contaba con Lucho González.
Señaló que “el primer trío que hizo Vitale fue con Jorge Cumbo y González. Después estuvo Bernardo Baraj y luego al retornar de Europa, se sumó por un corto lapso nuevamente Cumbo. Me llamaron a mí, me sumé en 1997 y 1998”.
En música instrumental, entiende que la formación en trío es muy conveniente. “Es lo que movió siempre la cosa. Las otras formaciones de Vitale, en quinteto, fueron importantes pero los tríos tienen algo particular, mucha potencia. En el rock también, como que el engranaje se acomoda”, observó.
En este marco, explicó que “a veces un cuarteto, quinteto, sexteto, se da más en lo vocal porque se precisa del racimo de uvas para que las voces aparezcan y haya un trabajo. Pero en lo instrumental tres funciona muy bien”.
El Tano y su padre
Astor Piazzolla generó una transformación, fue un innovador. Izarrualde subrayó que “el Tano se abrió un camino a los golpes de algún modo, porque discutía con todos, peleaba con todos. Algunos le hacían la gamba y otros no”.
Los recuerdos lo llevan a su casa. “A mi padre, Lindolfo, un tipo de campo de Carlos Casares, no le gustaba Piazzolla. Y estaba con un músico en su casa, porque yo ya estudiaba, cantaba tangos y él tocaba un poco el bandoneón. Mi madre se llamaba Ramona y era de Guaminí”, rememoró.
Por supuesto, con Mónica Papalia va a llevar la nueva propuesta a Carlos Casares, porque “hablé con mis amigos, les dije ‘che estoy haciendo esto, les voy a mandar algo para que escuchen’. Me respondieron ‘no entendemos nada, pero está buenísimo’. Allí estaremos, mostrando lo que hacemos”. Un puente con la historia familiar.
Es un concierto instrumental, con una sola excepción porque Izarrualde canta “Jacinto Chiclana”. Consiste en aproximadamente 14 o 15 temas, sobre un total de 24 que han preparado. “Los vamos mechando, para que no se extienda más de una hora. Es lo que el público puede sostener, hay que tenerlo en cuenta y respetarlo”, argumentó.
Izarrualde presenta en cada encuentro las canciones y menciona el lugar de la milonga en Piazzolla, “lo que me parece muy llamativo e importante. Que la gente lo tome para poder escuchar también. Mónica igualmente dice algunas palabras. En una especie de intermedio que hacemos, ella hace algo sola y luego yo hago también un tema, siempre vinculado a Piazzolla, tras lo cual interpretamos ‘Jacinto Chiclana’, ella toca el piano y yo lo canto”. La letra es de Jorge Luis Borges: “como ha escrito, me parece que es una de las personalidades que tuvo y a través de la literatura tiene nuestro país. Hay mucha gente que no le gusta, pero hay muchísima gente que entiende a Borges y lo lee”, concluyó.
