Ramón Carrillo, el gran sanitarista argentino
Un mes oportuno para recordarlo, porque nació el 7 de marzo de 1906, hace 120 años
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Américo Lohin, vecino de nuestra ciudad, compartió con La Voz del Pueblo información sobre Ramón Carrillo, el gran sanitarista argentino. Es un mes oportuno para recordarlo, porque nació el 7 de marzo de 1906, hace 120 años.
La fuente del material es la publicación “Todo es historia”, número 117, de febrero de 1977, página 17. El fallecimiento de Carillo tuvo lugar el 20 de diciembre de 1956 en Belem do Pará, Brasil.
Fue un neurocirujano, neurobiólogo y médico sanitarista de Argentina, que alcanzó la capacidad político-administrativa de ministro de la nación. Integró la tradición científica conocida como escuela neurobiológica argentino-germana y produjo asimismo trabajos de antropología filosófica, dejando esbozada una "Teoría general del hombre".
“Los problemas de la Medicina como rama del Estado, no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede haber una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría”.
“Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles al pueblo”.
Estas fueron algunas de las frases que pintan de cuerpo entero a este hombre capaz de abandonar su admirable carrera científica, reconocida a nivel internacional, para entregarse de lleno a las necesidades concretas de su Patria. Este hombre originalmente formado en el pensamiento científico individualista y biologicista renunció al prestigio y la tranquilidad que le podía brindar su carrera para dedicarse al desarrollo de la medicina social, lugar desde donde podía realizar y concretar sus ideas sobre salud pública.
Su obra
El doctor Ramón Carrillo desarrolló una obra destacada por René Favaloro, que los peronistas -indica el texto- no recuerdan, pues como católico debió renunciar, dirigiéndose a Brasil donde falleció.
Difícil es enumerar la prolífera tarea de Carrillo frente a esta cartera. Llevó a cabo acciones que no tienen parangón hasta nuestros días. Durante su gestión se inauguraron casi quinientos nuevos establecimientos sanitarios y hospitales (lista incompleta, cubriendo sólo el periodo 1946-1952 como el Hospital de Roque Sáenz Peña, Chaco, Hospital de Jobson-Vera, Santa Fe, Hospital de Pinto, Santiago del Estero; Hospital de Chos Malal, Hospital de Valcheta, Río Negro, el Hospital de Cruz del Eje y el Instituto de Gastroenterología, Hemoterapia y de Dermatología de Capital Federal).
Las estructuras de varios hospitales que comenzó a construir durante su gestión fueron abandonadas tras su alejamiento del Ministerio y nunca recibieron la habilitación, muchas fueron derribadas o abandonadas. Como ejemplo de ello, el Elefante Blanco tenía como objetivo ser el hospital más grande de toda Latinoamérica, pero nunca se llegó a cumplir, ya que, luego de que Carrillo dejara el Ministerio el edificio quedó abandonado.
Similar fue el destino de la ampliación del Hospital Borda, que se dejó sin uso hasta 2004, año en que se la derribó. En 2005 su hermano Arturo Carrillo, logró terminar de producir un libro que exponía la magnitud de sus logros y sacrificios.
Aumentó el número de camas existentes en el país, de 66.300 en 1946 a 132.000 en 1954.
Llevó adelante una campaña para erradicar el paludismo, dirigida por los doctores Carlos Alberto Alvarado y Héctor Argentino Coll; la enfermedad se consideró erradicada en sólo dos años. Hizo desaparecer prácticamente la sífilis y las enfermedades venéreas. Disminuyó el índice de mortalidad por tuberculosis de 130 por 100.000 a 36 por 100.000. Terminó con epidemias como el tifus y la brucelosis. En tanto que la mortalidad infantil bajó del 90 por mil en 1943 al 56 por mil en 1955.

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