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“Hay que escribir historia con coraje moral”. La frase corresponde a Enrique Mariano Barba, nacido en 1909, historiador argentino y oportunamente presidente de la Academia de la Historia. Falleció en 1988.
No es el caso de avanzar sobre esta destacada personalidad platense, sino que el concepto me pareció apropiado para abordar al menos dos de los temas que sistemáticamente han sido ignorados o minimizados por el periodismo.
Ellos son la prostitución y cuestiones funerarias de distinta indole, como partes de la historia social lugareña.
Sobre la primera fui un pionero en sacar a la luz pública detalles de una actividad sórdida en el programa de radio que conduje durante 7 años y en la página web por mi desarrollada.
Paradójicamente, después de ello el tema despertó interés en personas dedicadas al relato de la historia de nuestro medio, lo mismo que desde otros lugares del país.
Pero es un tema que merecerá oportunamente algún comentario en este espacio.
Hoy quiero plantear el tema funerario, cuya importancia lo da la simple estadística que indica que en Tres Arroyos hay más muertos que vivos. Prueba de ello es la gran ampliación que se observa en la necrópolis municipal.
Seguro el tema no lo podré agotar en una sola entrega, pero invito a los lectores a desgranar aspectos históricos de la muerte considerada como algo natural.
Nace Tres Arroyos
La fecha de creación de Tres Arroyos se ubica en 1884, pero antes de esa fecha ya había pobladores asentados.
La ocupación de los espacios se hizo sin un orden determinado y casi siempre sin títulos respaldatorios. La regularización llevó bastante tiempo y no pocos esfuerzos.
Todavía no existía el cementerio. Entonces: ¿qué se hacía con los muertos? Al parecer los enterraban en los terrenos aledaños cuando no en los campos de la zona.
Obsérvese que en julio de 1885 se realizaba una reunión de la Comisión Municipal que funcionaba por entonces, ocasión en que Pedro N. Carrera proponía dictar una ordenanza disponiendo que todos los vecinos que tenían restos enterrados en el campo, los trasladaran al cementerio en un plazo de 3 meses.
Se establecía una multa de 40 pesos a quienes no lo hicieran.
Quiere decir que ya se había avanzado sobre la necesidad de una necrópolis y se había hecho una colecta de pobladores que juntaron 2115 pesos, con el compromiso de una devolución posterior por parte de la Municipalidad.
Según el relato de Eiras y Pérez Vassolo en su historia del partido de Tres Arroyos, se convocó a un concurso presentándose 3 propuestas para la construcción con valores que oscilaban entre 3248 y 4000 pesos.
También se asignaban 182 pesos para la ejecución de una pared perimetral.
Aquella devolución del dinero no se había cumplido, de modo que los acreedores presionaron en 1886 obligando a la Comisión Municipal a retirar dinero disponible en la sucursal Benito Juárez del Banco de la Provincia. Todavía no existía sucursal en Tres Arroyos.
Quiero dejar señalado que he solicitado en más de una ocasión a autoridades municipales, detalles referidos al cementerio, su creación, construcción, número de panteones, etc, sin lograr respuesta alguna.
Lo cierto es que en el álbum del centenario de Bahía Blanca realizado por La Nueva Provincia y que incluyó datos de toda la provincia, se consigna que hacia fines de 1926 se había concluido la construcción de la necrópolis local, faltando solamente algunas obras de arte.
Afirma que se había proyectado una inversión de 130.000 pesos y a fines del ejercicio 1926 ya se habían pagado 90 mil.
Algo natural
Fue el surgimiento de funebreros y empresas de pompas fúnebres, una actividad imprescindible para el funcionamiento comunitario.
¿Quién o quienes fueron primeros? Todo parece indicar que fue Martín Sarasola, quien llegó en 1891 procedente de la Vasconia.
Fue una persona que tuvo participación en iniciativas como el Banco Comercial, La Perseverancia del Sur y la compañía telefónica de Bahía Blanca.
Falleció en febrero de 1910, y su actividad funeraria me fue confirmada por un descendiente del mismo nombre, periodista él, actualmente radicado en la ciudad correntina de Mercedes.
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Recordó que las caballerizas de la empresa se ubicaban en Sáenz Peña 55.
Aquel vasco pionero formó familia y tuvo descendientes. Uno de sus hijos, también llamado Martín, trabajó en la Cooperativa Eléctrica. Un hijo de este último y padre del colega periodista, Héctor Mario, fue un puntal importante para LU 24 ocupando la jefatura del área comercial.
Había formado hogar con Carmen Krogh que fue propietaria durante muchos años de la histórica mercería “Casa Dana”.
Héctor Mario murió en funciones en la emisora, de manera inesperada.
¿Y después?
Según se me dijo, era empleado de la funeraria de Sarasola el señor Benito Cereijo, quien la compraría e iniciaría un prolongado período de prestaciones.
Aquí se produce alguna colisión de datos, pues en un aviso publicitario aparecido en 1934 y que se reproduce aquí, se dice que Benito Cereijo fue “fundador” de la cochería La Nacional lo que no condice con lo señalado en el párrafo anterior.
Además contradice lo señalado en el aviso publicado en 1902 por el señor Sarasola, que se reproduce aquí.
Intentando dilucidar la cuestión requerí documentación a la señora Celia Cereijo, depositaria de la misma tras el cierre de la empresa, quien me indicó que todo había sido destruido.
Lo cierto es que Benito, nacido en La Coruña, llegó a Tres Arroyos en 1884, en tiempos en que se producía la distribución de las tierras de la naciente localidad.
Luego de comprar a Sarasola la empresa La Nacional de cajonería y pompas fúnebres formó una sociedad con sus hijos Avelino Manuel, Ramiro y José María, comenzando a funcionar como Cereijo Hnos.
En 1952 se transformó en una SRL, incorporando a otros integrantes de la familia y funcionando en el tradicional emplazamiento de Quintana 265. En aquellos tiempos su teléfono era el número 62.
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La competencia
No fue la única funeraria de Tres Arroyos. Desarrollaron la misma actividad las familias Vega y Llera, con emplazamientos que se fueron modificando con el tiempo.
Consideradas empresas separadas, sin embargo se observa que al fin había alguna relación, según surge claramente de una placa que se reproduce aquí, que está colocada en el monumento funerario emplazado sobre el callejón central de la necrópolis.
Como dato curioso aportado por un veterano periodista que oportunamente estuvo a cargo de la sección de sociales en el diario local, se observaba que la Casa Llera era elegida de manera casi excluyente por la comunidad danesa.
La competencia en una ciudad en crecimiento y las exigencias de los nuevos rituales funerarios hizo que estas empresas fueran quedando en el camino a pesar de la extensa historia marcada en el rubro.
El golpe de gracia se produjo cuando quedó en funcionamiento el servicio de sepelios de la Cooperativa Eléctrica de Tres Arroyos durante la gestión de Raúl Correa.
El sistema de exequias prepagas eliminó la competencia y también catapultó a Correa hacia la conducción municipal.
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De eso no se habla
El subtítulo remite a una recordada película protagonizada por Luisina Brando y Marcelo Mastroiani, pero bien podría aplicarse a todas estas cuestiones vinculadas con la muerte y el destino final de todas las personas.
En el cementerio local está depositada buena parte de la historia. La conocida y la desconocida u ocultada.
Los panteones eran lugares dedicados a todos los dioses, según la mitología. No se admitían otros ocupantes legítimos que los dioses inmortales o los mortales divinizados por sus conciudadanos en mérito a su huella en la historia, conmemoración, tributo, homenaje, vivos en el reino de la memoria.
De todas maneras Alberdi ironizaba al señalar que “al fin y al cabo, los muertos son siempre mejores que los vivos… a juzgar por los epitafios.”
Décadas atrás, el morir se volvió motivo de esplendor, y velatorios, responsos, entierros y bóvedas multiplicaron la ostentación.
Observar con detenimiento y curiosidad las construcciones existentes en nuestra necrópolis permite descubrir verdaderas obras de arte, incluyendo simbolismos de distinta naturaleza y materiales de calidad superlativa, muchos de ellos originarios de otros países.
Son considerados propiedad privada, impidiendo la intervención municipal. Muchos de ellos se encuentran abandonados y con un fuerte deterioro progresivo, lo cual es lamentable.
Como cierre de esta crónica, me atrevo a sugerir modificaciones en las ordenanzas vigentes de modo de exigir un adecuado mantenimiento de dichas estructuras, muchas de ellas maravillas arquitectónicas, lo que significará también resguardar nuestro patrimonio histórico.
“Chichí”![]() No era tresarroyense pero se integró definitivamente al movimiento cultural de nuestro medio, especialmente a la música. Todos la conocían como “Chichí” Fiorda, pero en realidad se llamaba Adela Rongo. La familia había residido en la zona de Ramos Mejía y posteriormente en Palermo. Sus padres eran empleados del Estado nacional y ella misma tuvo su paso por el Tribunal de Cuentas. Hacia 1964 conoció a Miguel Angel Fiorda, vivían en la misma cuadra y ambos se encontraron en la casa de un amigo común donde jugaban a la canasta. Ella tenía 17 años y Fiorda estudiaba en la universidad y había ya cumplido 23 meses de servicio militar. Noviaron 8 años. Se casaron y se radicó en Tres Arroyos, donde rápidamente se insertó socialmente desarrollando una actitud natural en ese sentido. Le gustaba cantar y fue así que la invitaron a integrar el coro del Club Español. Comenzaba de tal manera una etapa que la vincularía definitivamente con la música y con un grupo de aficionados que desarrollaron múltiples actividades de carácter solidario.
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Formó parte del cuarteto “Voces y melodías” y de la mano de Néstor “Lilo” Bianculli integró el grupo que generó presentaciones diversas en Tres Arroyos y la zona.
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En entrevista que le hiciera por radio el 15 de noviembre de 2014, “Chichí” evocaba el rol de Bianculli en la organización de las presentaciones, siempre acompañando con su piano. También recordaba a Juan Carlos Di Luca “Catacho”, en sus interpretaciones de tango; a José Dardo Zanini, y sus interpretaciones líricas y otros integrantes del grupo, como Vicario, Lejárraga y otros. La década del 70 fue especialmente intensa en la actividad pero ya disgregado el grupo, Adela se integró a los talleres de adultos mayores de CRESTA, participando activamente en la edición de la revista “Abriendo Caminos”, que editó varios números. Adela y Miguel Angel Fiorda, profesional y docente este muy reconocido en Tres Arroyos, tuvieron dos hijos y al momento de la entrevista mencionada, ya contaba con nietos a quienes atender. |
Tresarroyenses destacados: Uderico VolpeUlderico Oscar Volpe, nativo de Tres Arroyos, fue un médico que alcanzó notoriedad con una trayectoria trascendente en Suecia, donde se radicó en 1956. Además de ser músico, fue cardiólogo y fisiólogo llegando a ser jefe del servicio de cardiología en el Hospital Danderyd de la ciudad de Estocolmo. Fue el autor de escritos memorables sobre arritmias y pruebas de esfuerzo, además de artículos de memoria cultural e histórica que se publicaban en revistas médicas suecas. Su padre participó en la fundación de algunas instituciones locales como así también de algún emprendimiento comercial. Es uno de los tantos tresarroyenses que emigraron en busca de otros horizontes, muchos de los cuales triunfaron en distintos rubros y ámbitos. Volpe cursó sus estudios primarios en el Gran Buenos Aires e integró la promoción de bachilleres locales en el año 1944. |
Semanal |
| La publicación de “Esto es Historia” se concreta todos los días miércoles, en nuestra edición impresa. Además se puede leer la sección, con todos sus contenidos, en el sitio digital de La Voz del Pueblo. |
Próximamente escribiré, entre otras cosas, sobre usos y costumbres del pasado.
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