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      Plan Bonex: los años en los que quien necesitaba, perdía

      11 de abril de 2024 | 07:49
      Plan Bonex: los años en los que quien necesitaba, perdía
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      Su nombre siempre surge como alternativa extrema (y dolorosa) contra la inflación. El recuerdo de Mario Pola, subgerente del entonces Banco Comercial en aquellos convulsionados años ’90 y un análisis ante la situación actual

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      Por Enrique Mendiberri

       

      Soplan nuevos vientos en la Argentina, pero el fantasma del pasado siempre está presente en la economía del ahorrista.

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      Entre esas pesadillas existió una que, cuando se la nombra, todavía le produce acidez a más de uno, incluso a aquellos que no la vivieron, pero escucharon hablar de ella: el Plan Bonex. Una medida del Gobierno de Carlos Menem, tomada por el entonces Ministro de Economía, Erman González.

       

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      A grandes rasgos, el plan consistía en la entrega de un bono en dólares y a 10 años a cambio de todos los depósitos que los ahorristas tenían colocados en plazo fijo en aquellos convulsionados años 90’s, cuando llegaron a recibir tasas del 138% mensual para tratar de ganarle a la desatada hiperinflación.

       

      El resultado fue una crisis destructiva para ahorristas y empresas, ya que, para recuperar el depósito en lo inmediato, el Gobierno ofrecía  el 30 por ciento del depósito tras los primeros tres años y, luego, siete cuotas anuales por el saldo. Una locura, sólo equiparable con el corralito que llegaría 10 años más tarde, durante la presidencia de Fernando De La Rúa.

       

      El impacto de la medida fue tal que, antes de las elecciones de diciembre pasado, su posible implementación en caso de ser derrotado, fue usada como arma de campaña por Sergio Massa. Y, por estos días, a pesar de las medidas que muestran una baja en la tendencia de aumentar el circulante, la necesidad de reducir la masa monetaria para contrarrestar la inflación, genera lógico temor entre quienes lo conocieron. A veces, representado a través de un vuelco radical de la plata de los ahorristas en plazo fijo a las calles. Posiblemente hacia el dólar.

       

      En aquellos años, Mario Pola era subgerente del Banco Comercial de Tres Arroyos, posteriormente continuó como funcionario del Lloyds Bank y  hasta del Banco Patagonia, antes de volver a su primer especialidad: los seguros.

       

      Por eso, su experiencia y la capacidad de revivir aquellos momentos a sus vigentes y activos 70 años, hacen de su testimonio una herramienta fundamental para entender cómo se pasaron aquellos años turbulentos en Tres Arroyos y las chances de que se repitan en la actualidad.

       

      Mario Pola. El ex funcionario bancario vivió la crisis financiera desde adentro en el entonces Banco Comercial

       

      Una quita inolvidable

       

      Corrían los primeros días de 1990 cuando, en un escenario hiperinflacionario, el gobierno de Carlos Menem debió confiscar los fondos de los ahorristas y anunciarles que, para mantener su valor, deberían esperar 10 años. De lo contrario, recién podrían acceder al primer 30 por ciento (sobre la cifra nominal de rescate) a partir de los tres años de aplicada la medida.

       

      “Fue el primer ‘gran saque’ que le hicieron a los plazos fijos en muchísimo tiempo. No había tanta experiencia, pero había gente desesperada, porque la pérdida que tenían de entrada era fenomenal. Casi una novedad , mucho más leve que el Corralito, que fue la gota que rebalsó el vaso”, recordó Pola, apelando a la comparación con la inolvidable medida que derivó en el helicóptero de De La Rúa.

       

      La medida tuvo un alto costo desde antes de nacer. Ya que primero hubo que soportar una fuerte devaluación, “después (a los depósitos) le aplicaron un valor del dólar que habían aumentado y, de hecho, hacía que se achicara el valor del plazo fijo. Licuaron una parte, pero era en dólares. Pasaron de la creencia de saber que el depositante tenía dólares, en lugar de pesos, pero a larguísimo plazo”, recordó.

       

      Todo un shock, sobre todo para la gente que no vivía permanentemente informada como hoy y, para combatir la inflación, sólo existía el camino del plazo fijo, “los plazo fijo se hacían a siete días de plazo. La gran mayoría de la gente los hacía así porque muchas veces, con ese dinero, cancelaba deudas. De repente, se encontró con que esa plata no la disponía más”.

       

      La política económica de aquel momento había definido dos clases de ahorristas. Los que querían hacerse del valor del dinero inmediatamente, podían acceder al 30 por ciento, pero si querías todo, tenías que esperar 10 años,  “el que podía esperar, pasaba a tener en cierta medida un ahorro en dólares porque después, la amortización que se iba a hacer de esos bonos, iba a ser en dólares. El que los pudo tener, prácticamente no se perjudicó, pero la gran mayoría, los cambiaba. Era una porción muy chiquita de depositantes la que podía aguantarla para poder utilizarla. Había otra porción de depositantes que lo tenía permanentemente y no para utilizarlo en otra cosa. Unos inmediatamente, otros en un mes, pero a la larga todos necesitaban hacerse de esa plata, que le habían congelado por 10 años”.

       

      La consecuencia fue triste y dolorosa. La industria y el comercio fueron los primeros en acusar el impacto, “desde ese momento (el nacimiento del Plan Bonex) y la implementación de la convertibilidad fue muy duro. Se reflejó en caída de ventas, en una etapa de recesión y, encima, no se podía parar el valor de la divisa, al punto que en ese momento, se decidió hacer la convertibilidad”.

       

      En el camino, las posibilidades de hacerse de Bonex al 30 por ciento del valor de lo depositado, se transformó en un gran negocio para los que tenían espalda para aguantar los bonos por 10 años (o el tiempo que falte para el vencimiento) y luego cobrar la actualización en dólares. Por eso, el que más necesitaba era el que terminaba perdiendo.

       

      ¿El riesgo del inversor? como siempre que se invierte en bonos, descansaba en la responsabilidad del Tesoro del Estado.

       

      Fantasma de hoy

       

      ¿Pero entonces vale asustarse hoy cuando vemos que bajan las tasas y el plazo fijo amenaza con dejar de ser un refugio para el ahorrista?

       

      “Yo lo veía más peligroso cuando recién se inició este gobierno, porque la gran masa de plazo fijo que hoy tiene la gente estaba invertida en Leliq, que son título que tiene el Banco Central. Cuando el gobierno actual dijo que las iba a liquidar, se pensaba cómo iba a hacer. Porque estaban contra plazos fijos. Ahora hay una licuación muy grande con la baja de las tasas de interés y, en términos reales, esa masa de Leliqs se está licuando. Siempre en la Argentina hay un proceso de incertidumbre que no podemos saber cómo va a terminar”, interpretó el experimentado ex funcionario local de las principales entidades financieras que tuvo la ciudad, quien luego de la reacción del mercado tras la última baja de tasas dispuesta por el Ministerio de Economía, sintió que se alejaba la posibilidad de apelar a un nuevo plan Bonex, “lo que se temía era que el tenedor de plazos fijos empiece a quitar los depósitos, pero eso no está sucediendo, así que los peligros de un posible plan Bonex se están diluyendo”, observó, antes de aceptar la propuesta de comparar ambos períodos, “creo que, a raíz de la ‘híper recesión’ que estamos pasando, los peligros de una inflación desbocada se están diluyendo también. El grave problema hoy, no son los índices de inflación, que aparentemente estamos en un proceso de disminución también, sino cuánto se va a aguantar con una ‘híper recesión’ como la que se está dando, cuestionada incluso por el Fondo (FMI), ya puede hacer peligrar el plan económico”.

       

      Así como la espalda política de Menem en los  90’s con el Bonex, la debilidad de De La Rúa con el Corralito, como factores clave en sus respectivos desenlaces, en la actualidad, Pola ve un hecho sin precedentes, “nunca ví una cosa igual ¿Qué es lo que va a pasar? Yo veo a la gente medio resignada. En otro momento, habría habido un levantamiento social. Pero creo que el gobierno anterior  y la clase política dejaron tanto desprestigio, que cualquier cosa es ‘buena’. Yo tengo mis serias dudas. Pueden ocurrir dos cosas: o que el plan tenga éxito, y que más o menos se pueda aguantar de acá a cinco o seis meses, o directamente que explote”, concluyó.

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