Luis Godoy, sobreviviente de la tragedia de Claromecó: “Pidiendo ayuda, se puede salir adelante”
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Por Enrique Mendiberri
Hace 53 años en Claromecó ocurrió una tragedia similar a la que conmovió al país desde Tres Arroyos el último miércoles.
Una madre afectada por lo que la Justicia de aquel momento describió como “un rapto de enajenación mental” mató a tres de sus cuatro hijos y luego se suicidó.
Recordada como la “tragedia de Claromecó”, el 25 de octubre de 1971, Zulema, de 29 años, sufrió una crisis psiquiátrica, supuestamente a raíz de la pérdida de un embarazo reciente, y tomó la dramática decisión de acabar con la vida de sus hijos de 2 (una beba), 5, 6 y 7 años.
Luis Godoy tenía 5. Era el menor de los varones (Oscar -6- y Marcos -7-) y un reflejo de autodefensa hizo que el escopetazo no impacte directamente en su pecho. Así salvó su vida.
Cuando el miércoles llegó a sus oídos la historia de los Dellarciprete, el corazón de Luis se sacudió y decidió encerrarse en el taller desde las 22 de ese día. No podía creer lo que estaba viendo.
La historia es prácticamente la misma. “Ella (por su madre) estaba enferma, y tomó prácticamente la misma determinación (que Fernando Dellarciprete). Yo me salvé, y pasé un tiempo en el Hogar El Amanecer”, le dice hoy a LA VOZ DEL PUEBLO, momentos antes de compartir un encuentro con amigos.
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¿Pero por qué hablar de eso hoy? Hay detalles que quiere corregir, a pesar que a la sociedad le cueste entenderlo.
“Todo lo que la gente empezó a hablar, lo prejuzgaron (a Dellarciprete), sin saber cómo era esta persona. Una mala costumbre de hablar sin tener en cuenta que era un enfermo psiquiátrico. Vaya a saber dónde está la falla. No le prestaron atención, él justo se iba a internar el día después. Le agarró este brote psicótico y tomó esa decisión, donde no te das cuenta de las cosas que haces. Creo que cuando se dio cuenta de lo que hizo, tomó la determinación de tirarse abajo del camión”, explicó Luis, quien cuando le tocó vivir su día del horror tenía 4 años y faltaban dos meses para su quinto cumpleaños.
Después de esto estuvo más de un año en silla de ruedas a raíz de la herida sufrida en el abdomen, “tuve que aprender a caminar otra vez. Cuando lo logré, pude entrar al Hogar El Amanecer, ya que mi padre, un marino retirado que se dedicaba a la albañilería en Claromecó, no podía mantenerme y cuidarme”.
En aquel momento era el más pequeño del Hogar. Estando ahí, para poder ganarnos nuestra plata, “íbamos a trabajar al Tiro Federal, al Golf, al Club de Cazadores, nos alcanzaba con unos pesos para poder comprarnos alguna cosa y, a los 10 años, aprendí lo que es tapicería”, hoy su actividad y sostén de familia.
Tras eso, empezó a ir al Colegio Industrial, el que dejó poco después por sentirse autosuficiente. El trabajo le daba ánimo y, la juventud, energía. Así, también pasó por el Hotel Plaza y el Bazar El Mundial, entre otros.
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Desequilibrios
Su padre falleció hace 34 años, en 1991, dos años antes de casarse con Patricia Daniela Epaziano, su amor desde los 18 años, con quien formó una familia que supo ayudarlo en momentos de crisis difíciles en las que también llegó a temer el peor desenlace.
En ese sentido, Luis Godoy recuerda anécdotas movilizantes que, tal vez por razones científicas de carácter hereditario, también sacudieron su psiquis en distintos momentos difíciles de su vida, “me removió cuando se recordó el 50 aniversario de esto (la tragedia de Claromecó) y otras cositas, como la separación de mi hija más pequeña, quien la pasó mal cuando estaba por dar a luz y sufrió una separación y hasta el cuestionamiento de la paternidad del papá de nene. Tanta injusticia me hacía pensar cosas terribles. Entonces tuve que volver a pedir que me ayudaran y estoy nuevamente con tratamiento y psiquiatra. Pidiendo ayuda se puede salir adelante”, comentó.
Casado hace 40 años con Patricia, tuvo tres hijos: Leo, de 32 años, Florencia, de 26, y Victoria, la de 21 años que los hizo abuelos hace tres “y nos cambió la vida”.
Sin embargo, en la previa, sintió la presencia de un desequilibrio emocional producto del sufrimiento que estaba atravesando su hija, “llegué a pensar en cometer una locura. Llevó mucho tiempo asumir el uso del control definitivo, pero lo logré. La juntada de todo eso hizo que se maneje”, sostuvo.
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Señales
Pero ¿hay señales que avisan si algo terrible puede ocurrir?
“Los primeros síntomas indican que no manejas la situación”, desliza antes de responder si su madre dio señales antes hacer lo que hizo.
“Éramos una familia humilde que vivía en Claromecó. Mi padre tomaba mucho, pero gracias a Dios, nosotros éramos una familia normal. Vivíamos bien, no había peleas, no había discusiones. Pero mi madre había perdido un embarazo y se veía muy mal. Entonces, a traves del tiempo pienso que ella tomó la determinación”, analiza antes de subrayar que, “yo tengo gratos recuerdos, de todos, pero vaya a saber lo que (su madre) pensó. A mí también me ha pasado que tuve situaciones así, pero gracias a Dios pude salir adelante y estoy bien”.
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Lo que dice la calle
La tragedia de los Dellarciprete conmovió a toda la sociedad. Generó al mismo tiempo una necesidad de herramientas comunicacionales que, tal vez por lo inédito de la situación, hoy son de difícil acceso a una opinión pública ávida de alternativas para abordar el tema frente a sus pequeños hijos.
Por eso, es en el testimonio de Luis Godoy donde podemos encontrar una observación útil después de preguntarle qué le diría a la gente que hoy tiene que enfrentar a sus hijos y darle una respuesta cuando se preguntan qué pasó el miércoles en Tres Arroyos.
“Lo primero de todo es no hablar, no comentar. Ahora la gente enseguida comenta todo ‘¿cómo puede ser que un padre mate a su hijo?’ ‘¿cómo puede ser que se den estas cosas sin tener en cuenta cómo pasó todo?’ Eso fue lo que más me molestó a mí”, dijo y recordó parte de su tragedia, “yo después leí las cosas que dijeron de nosotros. Lo que dijeron de mi padre mientras estuvo preso y a quien, calculo, que uno de los que lo salvó fui yo. Pero lo detuvieron a pesar de que yo les decía todo el tiempo (a la policía) ‘la que hizo todo esto fue mi mamá. No fue mi papá, fue mamá’”.
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“Cuando ocurrió esto, mi padre estaba trabajando. Él llegó a casa y me encuentra a mí saliendo y me caí. Porque la gente estaba afuera y no se animaba a entrar. Ahí fue cuando mi padre y un amigo me cargaron en una ambulancia y me llevaron al Hospital. A todo esto, cuando llegó al Hospital, también llegó la policía y me dijeron ‘que ya fue detenido’. Estuvo detenido, la policía lo c…. a palos, porque no era como ahora. Eran bravos”, recordó.
Como habían escuchado unos disparos que había efectuado su padre para ahuyentar unos perros la noche anterior, la asociación directa de los hecho empujó a las autoridades a realizar el arresto, que terminó durando más de un mes.
El tiempo fue sellando las heridas. Y el amor de su familia tapó las carencias. De todas maneras, el fantasma no deja de amenazar su mente. La sensibilidad y la honestidad consigo mismo le dan seguridad para no temer a nada. Pero no todos lo logran.
