Pesca Artesanal de mero: hay recurso pero lo afecta una crisis de precios
La temporada del mero en Claromecó se mueve –por estos momentos- entre la disponibilidad de la especie y la dificultad ante los valores. La Voz del Pueblo habló con Lucas Mulder, un experimentado trabajador del sector, que también contó cómo es la modalidad de captura que aplica
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Mientras con "un sol hermoso" de fondo en la tarde de este lunes, el pescador artesanal claromequense Lucas Mulder, preparaba los equipos para estén listos y volver a entrar al mar cuando sea el momento, le hizo unos minutos de tiempo a La Voz del Pueblo para hablar sobre la actualidad del sector.
Aunque la temporada de pesca está rindiendo en cuanto al recurso, el pescador que se dedica especialmente a la captura de una especie que se vende fuera del país, el mero, enfrenta una dura realidad económica con los precios que están deprimidos por el mercado internacional.
Temporada alta
La temporada fuerte del mero, que es el trabajo principal para Lucas en esta época, se extiende desde finales de agosto hasta fines de octubre. Si bien la actividad comenzó a mediados de agosto, es ahora cuando "se pone fuerte la temporada" y empieza a entrar más volumen de pescado lo cual termina produciendo una "buena cosecha".
Para la captura del mero, Mulder utiliza las nasas, el arte de pesca que más le gusta personalmente. La ventaja de la nasa es que es un método "activo", porque "siempre está pescando" mientras tenga carnada. Además el pescado se mantiene vivo; y en una jornada la producción puede variar significativamente, trayendo entre 40 o 150 cajones de mero hacia la costa.
Lucas, que hace años se desempeña como patrón de la lancha, remarcó que la navegación es como cualquier otro trabajo al sostener que "cuanto más lo haces, mejor te sale".
A diferencia de los tiempos de su abuelo y su padre, la tecnología moderna como el GPS, las sondas y el radar, actúan como "ayudas a la navegación que te hacen todo más fácil", lo que permite trabajar con mayor seguridad, ya que el mar es "franco", dijo al compararlo con los oleajes de una laguna o un río.
La incertidumbre
La pesca como actividad económica no solo depende del clima y de los peces, sino también de que les paguen bien por su captura.
Es por eso que Lucas Mulder lamentó que este año están vendiendo la mercadería "mucho más barato que el año pasado, un 30 por ciento menos", e incluso están trabajando a "un 35 por ciento menos" porque no consiguen un comprador que pague mejor. Este panorama se agrava con el aumento de los costos operativos, como la nafta, la carnada y los insumos para las nasas.
La raíz del problema es que el mero se exporta, lo que lo diferencia del gatuso, que se destina al mercado interno argentino. Explicó que la problemática es de oferta y demanda a nivel mundial, y lo resumió planteando que "si a nivel mundial nadie consume", no hay pedidos de mero.
Entiende que la situación se traduce en "especulaciones empresariales" y para explicar cómo impacta la volatilidad del mercado en el sector, contó que un comprador que inicialmente ofrecía 900 pesos, días después ofreció 1800 pesos.
No obstante, Mulder priorizó la seriedad comercial y mantuvo su compromiso con el comprador con el que pudo cerrar un mejor precio, en un ámbito donde el pago por las grandes cargas de pescado se recibe recién a los 15 o 20 días. "Tenés que trabajar con gente seria", sostuvo para explicar también que las relaciones comerciales se forjan para “trabajar tranquilos”.
Recurso abundante
Pese a la depresión del mercado, en términos de recurso la pesca rinde bien. Lucas señaló que durante los últimos 15 días vieron la entrada de pescado "como hacía años que no se veía". A fines de septiembre la pesca fue buena.
Esta abundancia se produjo muy cerca de la costa, en parte gracias a los días de viento norte que trajeron comida a la zona, según explicó. Esta situación inusual incluso permitió pescas destacadas de costa, y hasta por ejemplo se produjo el hallazgo de langostinos en el arroyo, "algo que no se había visto nunca".
El ciclo anual
Una vez que la pesca del mero termina, a fines de octubre, Lucas cambia de técnica y especie. En ese momento "enganchas con trasmallos para cazones" y utiliza redes para armar el stock de pescado para su pescadería comercial durante el verano en Claromecó.
Aclaró que la pesca de cazón (una especie de tiburón) está permitida si se cuenta con el permiso de pesca correspondiente. Sin embargo, existen otras especies de tiburón cuya captura está prohibida como el escalandrún, el gatopardo o el pinta.
En cuanto a las condiciones climáticas, explicó que la primavera es generalmente buena, aunque noviembre puede ser más ventoso. El peor desafío es el viento norte fuerte que "no te deja volver a tierra" y puede convertir un viaje de dos horas en "cuatro o cinco", contó a modo de ejemplo.
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