Nora Rodríguez, regente en Formación Laboral: “Siento una gratitud enorme”
Se formó en la Universidad del Sur como Química y licenciada en Bioquímica. Trabajó en microbiología, en la parte clínica y por concurso, fue bioquímica en el municipio, donde llegó a ser directora. En 2009, comenzó en la docencia y nunca dejó. Este año asumió un nuevo desafío
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Por Alejandro Vis
La vocación se percibe en el entusiasmo con que Nora Rodríguez describe su profesión y las distintas etapas laborales. Mantiene intacto el interés cada vez que ingresa en un laboratorio y en 2009 además descubrió un mundo nuevo para ella: “la docencia me atrapó”, señala.
La entrevista se concreta en la sede central del Centro de Formación Laboral Nº401, donde Nora Rodríguez fue designada, en forma reciente, como regente. “Estoy agradecida a la vida”, subraya.
Cursó el nivel Secundario en “el viejo Colegio Nacional”, en calle Chacabuco, y después se radicó en Bahía Blanca para estudiar en la Universidad Nacional del Sur. Explica que “tengo dos títulos, en ese momento era así la disposición de la carrera; primero intermedio el título de química y luego la licenciatura en bioquímica”.
En la etapa final de la formación universitaria, tenían “materias optativas”, ella eligió “química industrial y bromatología. Sin saber que era a lo que posteriormente me iba a dedicar”.
Define como “un lujo” la posibilidad de haber trabajado en su trayectoria “en las dos áreas: química clínica, en atención de pacientes, y en la parte más industrial de alimentos”.
Cuando se recibió, decidió quedarse en Bahía Blanca porque accedió a “una concurrencia en el Hospital Penna. Ahí estuve haciendo microbiología específicamente, que después me ayudó mucho en todas las tareas”.
El regreso a Tres Arroyos se produjo ya con un trabajo “en el laboratorio que tenía el doctor Carlos Gauna, en calle Roca, en la parte clínica. Me desempeñé con él muchísimos años, me formé al lado del doctor Gauna, me quedó un hermoso recuerdo”.
Mientras estaba en el mencionado laboratorio, “al año aproximadamente, se realizó un concurso provincial para cubrir el cargo de bioquímico municipal. Lo gané, estuve 33 años, desde 1983 hasta 2016. Los últimos años, entre 2013 y 2016, fui directora de Bromatología”.
La designación en la función pública, con un trabajo de décadas en el municipio, tuvo un valor especial: “Por mi manera de pensar, siempre me pareció importante que haya sido el reconocimiento a una trayectoria profesional”.
Ante los alumnos
En medio de sus actividades, tuvo lugar el ingreso a la docencia. “Surgió sin pensarlo. Me llamaron para el curso de manipulación de alimentos en un momento en que la persona que lo estaba dando, una colega y amiga, me pidió que la reemplace”, recuerda.
En este sentido, Nora cuenta que “en un principio pensé, ponerse frente a los alumnos cuando uno nunca lo ha hecho no es fácil. Además, por respeto a los alumnos. Mi colega me dijo ‘vas a poder’ y aquí estoy”.
Por entonces, el nombre de la institución era Centro de Formación Profesional, tenía anexos en San Cayetano y Adolfo Gonzales Chaves. “La manipulación de alimentos es lo mío, pero no lo era dar clases. Empecé en Chaves en 2009 y al año siguiente también en Tres Arroyos. Sigo hasta hoy y también abarqué otros temas, como cursos relacionados con salud”, señala.
Nunca interrumpió su actividad docente en Chaves, porque “hay una relación más allá de lo laboral. Es una amistad. Comencé ahí y no me olvido, siempre estoy agradecida por esa razón”.
Este año le plantearon un desafío. “Le tengo que agradecer muchísimo al titular de la CGT Regional Tres Arroyos, Rubén Carabajal, entidad con la que el Centro tiene un convenio para su funcionamiento. Y a nuestro director, Horacio Pili, por tener confianza de que yo podía ocupar el cargo de regente”, expresa Nora.
Aceptó, eso sí luego de pedir que le permitan pensarlo. Argumenta que “es mucho personal, muchos cursos que se dictan a la vez, un plantel muy importante de instructores”.
Al respecto, agrega que “en el comienzo de este nuevo cargo, es importantísimo el apoyo de los que ya están. El secretario, las preceptoras, todo el equipo de trabajo. Uno empieza desconociendo un montón de cosas, esto es un área administrativa, de contralor, de apoyo y acompañamiento continuo a los preceptores. Siento un agradecimiento enorme”.
Motivación y aliento
A partir de los 17 años, se puede realizar un curso en el Centro de Formación Laboral Nº401. “Hay mucha gente joven, los atrae la informática, la venta online, entre otras propuestas. Tenemos una amplia gama de edades”, observa.
Cita el caso de “docentes que se jubilaron y dicen siempre quise hacer esto, pero no tenía tiempo. Lo hacen ahora, se enriquecen con más conocimientos. Muchos otros alumnos buscan una salida laboral, ciertos cursos por esta razón tienen mucha demanda”.
Menciona como un aspecto esencial “brindar herramientas para que se sienta más seguro quien quiere emprender lo que le gusta”.
Tiene en claro que “los conocimientos encerrados en nosotros no sirven para nada. Me gusta actualizarme, perfeccionarme, transmitir. Hay que buscar, investigar un poco más que lo que nos dan. Siempre les digo a mis alumnos, el primer día, que me interpelen. Ya la figura del profesor lejos allá arriba y el alumno escuchando quedó atrás”.
Le otorga relevancia a que “los cursos nuestros tienen la certificación del Ministerio de Educación. Sin desmerecer a nadie, no es un curso privado, se recibe un título formal”.
La motivación y el respaldo puede ser de gran ayuda, sobre todo al dar los primeros pasos: “Alentamos a los alumnos para que sigan, ver qué podemos hacer con lo que aprendieron. Darles una visión integral, no sólo generar un producto, sino la manera de venderlo, presentarlo”.
Piensan en ofrecer algo más y así avanzan. “Hicimos un grupo con una licenciada en Enfermería y una licenciada en Seguridad e Higiene. Vamos por los cursos dando charlas de RCP, primeros auxilios, cuidado en el lavado de manos. Hace algunos años el director nos dijo que no había problemas, al contrario, es otro aporte para los estudiantes”, indica Nora.
Un camino
Menciona los establecimientos educativos con los que articula el Centro de Formación Laboral y como una novedad muy positiva, afirma que “este año, articulamos por primera vez con la Escuela Primaria de Adultos”.
Es un momento único “ver a un adulto mayor dibujar las letras y decir ‘ahora puedo hacerlo’. Eso sí que emociona, cuando aprenden a escribir su nombre. Yo doy una parte de alimentos y mi compañero instructor los está ingresando en el mundo de la informática”.
La entidad ofrece cursos en todas las localidades del distrito, así como en Tandil, Benito Juárez, Adolfo Gonzales Chaves y Coronel Pringles.
“Ha crecido un montón -exclama-. No es la institución que crece como una planta, se nutre del trabajo diario de todo el personal. Remamos todos en este barco”.
Con satisfacción, sostiene que “tenemos un plantel muy preparado, un poco mi función es acompañarlos. Primero hay que mantenerse, para después crecer, voy a dar todo lo que pueda desde mi experiencia. El Centro de Formación Laboral fue logrando un reconocimiento paso a paso, es un camino que se va haciendo”.
Cuando estudiaba en la universidad, no se imaginaba ser docente. “Vuelvo a decir que estoy agradecida a la vida porque pude desarrollarme en el área clínica, en la parte más industrial como es la bromatología y los alimentos, sumando posteriormente a la educación”, concluye.
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Los padres y el orgullo por la familia
Con énfasis, Nora Rodríguez señala que “estoy acá por mis padres, por el esfuerzo que ellos hicieron. Tuve una vida como estudiante de lujo, me mantuvieron, yo me dediqué a estudiar”.
Su padre era Héctor Rodríguez, quien tenía la imprenta Gutenberg, y su madre Layly Gerónimo. “Tengo un hermano, Horacio, quien ya enviudó; y mi sobrina María Pilar, quien se recibió de abogada a los 21 años, pero decidió cambiar de actividad y a fines del año pasado terminó la carrera de licenciada en nutrición con medalla de oro. Está en Bahía Blanca estudiando para un examen de residencias y la eligieron para trabajar en un programa de investigación en la universidad”.
Muestra “un orgullo absoluto” por María Pilar: “Detrás de su crianza y formación estuvo mí hermano, es una estudiante brillante, muy responsable. Veremos que le depara su elección profesional”.
Al respecto, reflexiona que “si uno tiene la opción, porque a veces no la hay, debe elegir una profesión u oficio que le guste. No hay nada más gratificante, ella lo puede ver en mi caso, amo lo que hago, entro a un laboratorio con las mismas ganas que el primer día. Es un sentimiento que no tiene precio. A veces requiere mucha dedicación, no importa porque uno lo hace con vocación, como me sucede desde 2009 también con la docencia”.

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