Mayra dice que Dios hizo un milagro con su salud y sueña con jugar al fútbol
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Le practicaron una cirugía en el Hospital El Cruce el 28 de noviembre por una malformación cardíaca congénita. Cuenta qué sorprendió a los médicos y destaca “la misericordia de Dios”. Está de nuevo en su casa, con su marido y tres hijos. Recibe la ayuda de Cordic desde hace más de 8 años
Por Alejandro Vis
En la casa de Mayra Arance, ubicada en el barrio Olimpo, se percibe alegría y felicidad porque ella está bien, recibió el alta médica luego de una extensa intervención quirúrgica en el Hospital El Cruce e inició el proceso de recuperación. Otro es el horizonte, son tiempos de alivio. La familia está integrada por su esposo Elías Doufour y tres hijos: Esteban, de 14 años, Jesica de 12, y David de 7. El jueves 12 del presente mes dejó el centro de salud ubicado en Florencio Varela y nuevamente se encuentran todos juntos.
Mayra tiene una malformación cardíaca congénita que se llama Tetralogía de Fallot. Había sido operada con anterioridad cuando era muy pequeña, a los cinco años de vida, en el Hospital Garrahan. Recibió a La Voz del Pueblo junto a Mónica Ramos, presidenta de Cordic (Consejo de Recuperación del Incapacitado Cardíaco), entidad que desde hace años le brinda ayuda.
“Esta cirugía en El Cruce se iba a realizar hace algunos años, pero se suspendió por la pandemia de Covid”, sostiene en el inicio de la entrevista.
En este sentido, cuenta que “finalmente, fue posible programarla. Primero se iba a hacer el 6 de noviembre, estuvimos una semana con los pre-quirúrgicos y se suspendió, por una infección que tenía yo en el cuerpo y debido a que estaba afectada por anemia. La reprogramaron para el 28 de noviembre, fecha en que finalmente se pudo concretar”.
La tarea previa y luego la labor en el quirófano le requirió un total de diez horas al equipo de salud. Mayra dice que los médicos se sorprendieron y hace referencia a los motivos: “Me operaban de una válvula pulmonar, cuando abrieron, vieron que no estaba, no existía. Y había otra válvula rota. Me hicieron varios eco doppler en la etapa previa, pero nunca pensaron que iban a encontrarse ante esta situación, no lo podían creer. Finalmente, realizaron la cirugía en dos válvulas en vez de una”.
Por esta razón, expresa que “estoy de pie y firme por misericordia de Dios. Es como un auto sin motor, ni los cirujanos podían creer como yo estaba viva sin una válvula pulmonar”.
Cuando le dieron a conocer lo que había sucedido, “no podía parar de agradecer a Dios”. Al respecto, recuerda que “antes de que me ingresen al quirófano, lo único que dije ‘Dios dejo todo en tus manos, hace lo que vos quieras’. Entré re tranquila, con mucha paz. Después, antes de volver a Tres Arroyos, el cirujano me explicó todo lo que habían hecho”.
Con su marido, dan clases de fútbol en un predio del barrio, en forma gratuita, sobre lo cual relata que “un día antes de viajar para la operación, tuvimos un encuentro con los chicos y yo andaba bien, como si jamás hubiera tenido un problema cardíaco ¡Dios tuvo tanta misericordia conmigo y es tan increíble lo que hizo!”.
Persigue el sueño de jugar a la pelota y está más cerca de hacerlo realidad. “Necesitaba operarme, una vez que me recupere y me autoricen, podré entrar a una cancha. Así sea por unos pocos segundos, lo voy a hacer”, subraya.
Se siente feliz además debido a la evolución. Horas después de la cirugía, la madrugada siguiente, le retiraron el respirador. “Me operaron un jueves y el domingo ya estaba caminando. Lo único que demoró el alta médica fue la coagulación de la sangre, tuvieron que aguardar a que se normalizara”, señala. Dentro de un mes debe retornar a El Cruce para los controles y agradece nuevamente porque “¡pasó todo tan rápido! Y de manera muy positiva”.
Desde el nacimiento
La primera vez que entró a un quirófano fue con urgencia, a los cincos años de edad. Mayra indica que “nací con un soplo en el corazón, al mes esta dificultad parecía superada. Volví a tener problemas a los cuatro años y medio, empecé con vómitos, en el Hospital Pirovano decían que era un virus en el estómago, me hinchaba mucho, si lloraba me quedaba sin aire y me ponía morada”.
Se llevó a cabo su traslado al Hospital Garrahan, donde advirtieron que padecía Tetralogía de Fallot y debía ser operada de inmediato. “Salió todo muy bien y la recuperación fue rapidísima”, puntualiza.
A los 30 años de edad, transita un nuevo comienzo. “Mi hijo más chiquito, de 7 años, es el más ‘mamero’. Cuando me vio estuvo llorando todo el día”, observa con emoción. Durante la estadía por la operación en El Cruce, “mi mamá se quedó seis días y mi marido estuvo siempre, me han acompañado”.
Los próximos tres meses serán de recuperación, con cuidado y paciencia. Comenta que “lo único que puedo hacer ahora es estirar un poco los brazos. Después me tienen que ayudar a todo; me irán diciendo con el paso de las semanas qué más estoy en condiciones de hacer. Lo bueno es que una vez que me recupere, podré desarrollar una vida normal”.
Habla con admiración del Hospital El Cruce y lo define como “una maravilla. Te sacas el sombrero. Cómo te atienden los médicos y todo el personal, están constantemente. Poder operarme gratis, si tuviera que pagar semejante cirugía sería imposible”.
Sobre la atención médica en Tres Arroyos, manifiesta que “hace años que hace un seguimiento el doctor Guillermo Federico Lopez Soutric. Ya no está en el Hospital, pero igual me atiende en la Clínica Hispano y jamás me cobró nada. Siempre se hizo cargo de ayudarme para que me den una medicación o para organizar un traslado, estoy muy agradecida con él porque me atiende desde los 16 años, cuando tuve el primer bebé. Se preocupa, envía mensajes, pregunta cómo estoy”.
En el Hospital Pirovano, esta tarea es realizada “por la doctora Claudia Mortati. Hay un vínculo con El Cruce, se ponen en contacto médicos y profesionales de los dos lugares”. En este marco, añade que “no tengo mutual”, por lo cual valora muchísimo todas las prestaciones que le brindan y la actitud de Lopez Soutric de no cobrarle.
Una buena decisión
Mayra había escuchado comentarios acerca de la existencia de Cordic: “En un primer momento, no necesitaba ayuda, pensaba ‘quizás hay gente que le hace falta más que a mí’. Pero una vez mi marido se quedó sin trabajo y no podíamos sostenernos, entonces me acerqué. Dijimos ‘vamos a ver qué pasa’”.
Sonríe, al describir el primer contacto con la institución, hace más de 8 años. “Fita Oldano me recibió en ese momento. Enseguida me dijo ‘¿Por qué no viniste antes?’ Ese mismo día, a la noche, vino a mi casa con una caja de mercadería. Después, a partir de ahí, siguieron dándonos apoyo”.
Al respecto, destaca que “Cordic me ayudó a terminar mi casa, con la cocina y la pieza. Mónica (Ramos) me dice que no hace falta que agradezca tanto, pero ¡cómo no agradecer! Siempre fueron atentos, me vienen acompañando con su colaboración desde el primer contacto”.
En el cierre del diálogo, vuelve a dar testimonio de su fe. “Agradezco a todas las personas que oraron por mí. Oró gente que ni siquiera me conocía. La gloria es para Dios en todo lo que ocurrió, solo él pudo hacer este milagro”, concluye.
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30 La cantidad de años que tiene Mayra. Con la cirugía, volvió a nacer
5 Su edad cuando la operaron por primera vez en el Hospital Garrahan
10 Las horas, incluyendo todo el proceso, que requirió la última cirugía
Desde el primer día, Cordic está presente
Cuando Mayra se acercó a la institución, empezó a recibir ayuda de inmediato. Su presidenta, Mónica Ramos, indica que “lo hacemos con mucho cariño y ganas”
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Cuando Mayra Arance comenzó a concurrir a la sede de Cordic, ubicada en Betolaza 351, la actual presidenta Mónica Ramos era colaboradora. “Estaba la señora Fita Oldano de presidenta -recuerda-. Mayra llegó un día de lluvia, mojadita, a Fita le dio tanta pena verla así, se tenía que cuidar. Alguien le había dicho de Cordic, un día se decidió y fue a realizar una consulta, hace más de ocho años”.
Mónica afirma que “la ayudamos con la caja de mercadería todos los meses, la beca escolar para los niños, con ropa cuando ella necesita. Y por supuesto, los viajes para su salud”.
Al explicar los distintos pasos hasta la intervención quirúrgica, explica que “la operación estaba programada antes de la pandemia. Con la situación que generó el Covid, tuvo que postergarse. Ella se tenía que cuidar un poco más, a veces no andaba con mucha fuerza”.
Menciona la cirugía que le practicaron a Mayra en su infancia, en el Hospital Garrahan, y en esta segunda oportunidad, en El Cruce, cuando “los gastos corrieron por nuestra cuenta. Seguirá siendo así en lo que necesite”.
El apoyo de la entidad está destinado “a ella y la familia, con tres hijos menores de edad. Su esposo tiene trabajo, pero hoy es complicado. Lo hacemos con mucho cariño y ganas, es gente trabajadora, buena y muy agradecida”.
Confiesa lo que sintió los días de internación y operación de Mayra: “Puedo contar ahora que yo no dormía, pensaba en ella, en sus niños, porque nos había dejado el cuidado de su familia”.
Son preocupaciones naturales, “es el pensamiento que uno a veces tiene como madre. Pero yo le decía ‘aguantá porque llega Navidad. La vas a pasar con tu familia, estarás bien’. Gracias a Dios, se cumplió”.
Ante las palabras de gratitud de Mayra, Mónica observa que “yo le digo ‘no nos agradezcas tanto’. Es la labor nuestra. Que esté bien, con su familia, para nosotros es importantísimo. Una vez que se termine de recuperar, el año próximo, la vamos a llevar para que la vean los restantes integrantes de Cordic. Mientras se encontraba en El Cruce, hablaba yo y después les pasaba las noticias a los demás miembros. Están esperando, con ansiedad, poder verla”.
En su análisis, Mónica elogia el servicio del Hospital El Cruce. “El médico hablaba con ella por videollamada, una vez se contactó con nosotros, algunos doctores son muy jovencitos, todos tienen pasión por su trabajo ¡Cómo la cuidaron y la contuvieron!, Le repetían ‘quedate tranquila que todo va a estar bien’”, destaca.
En los barrios
Pudo apreciar el trabajo que llevan a cabo Mayra y su esposo, en forma totalmente gratuita y desinteresada. “Los he visto en la canchita atrás de la salita de salud de Olimpo -cuenta Mónica-. Están los chicos jugando, hay una pausa y ella va con un bidón de leche o chocolate en invierno, y tortas, para darles una merienda”. También consiguieron camisetas y han competido en encuentros deportivos con clubes.
Conoce estas experiencias de ayuda social porque “ando mucho por los barrios, me gusta recorrerlos. Voy por la ciudad con las rifas de la Vidriera Mágica que Cordic realiza hace mucho tiempo, lo que se recauda es para los enfermos y sus familias. Hay que andar, mirar y ver”.
La finalidad
Cordic abre sus puertas los lunes, miércoles y viernes, en el horario de 9 a 11. “Si un vecino o vecina tiene un problema cardíaco, carece de la posibilidad de cubrir los costos, estamos para ayudar. Queremos acompañar a la gente que no tiene recursos”, puntualiza.
Quienes se encuentren ante una dificultad, por la razón mencionada, pueden dirigirse a Betolaza 351, donde “hacemos una evaluación, hablamos con el médico que atiende cada caso”. A modo de ejemplo, agrega que “hemos realizado trámites de jubilaciones a gente que nosotros atendíamos y nunca había aportado. Gracias a Dios se ha jubilado. Hay personas que no pueden o no saben cómo hacerlo, en la Secretaría de Cordic nos ocupamos”.
La entidad entrega una caja de mercadería semanalmente, “en invierno colaboramos con la calefacción, el enfermo del corazón tiene que estar calentito. Con las becas, hasta el nivel secundario, si hay niños o adolescentes en edad escolar”.
Además hace referencia a que “hay una chica que ahora está trabajando en Europa, le pagamos la carrera terciaria. Su mamá, de Copetonas, era quien padecía una enfermedad. Está muy agradecida también, siempre se contacta con nosotros en las Fiestas”.
Cuenta sobre vecinos de Tres Arroyos y otros lugares del distrito que fueron operados y dados de alta. Mónica señala que “nos han dicho, ya no necesito. Si el día de mañana llega a hacer falta, estamos a disposición”.
