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Puede que no guste como lo diga, o que su arrebatada e intimidante diplomacia paralela bilateral agrave el problema, pero en el fondo de la cuestión el presidente de Estados Unidos tiene razón al criticar por ineficaces a la ONU y a la OMS.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) empezó mal. Su carta constitutiva se firmó el 26 de junio de 1945 con el propósito de “mantener la paz y la seguridad en el planeta”. Para esa fecha ya no había Segunda Guerra Mundial en Europa, pero sí en el Pacífico donde aún combatía Japón. Recién fue el 24 de octubre de ese año cuando, -al ratificarse la carta de creación-, se constituyó "oficialmente" la ONU. Una casualidad (¿causalidad?) conveniente, porque fue mes y medio después de que se aniquilara a las ciudades de Hiroshima y Nagasaki con bombas atómicas (6 y 9 de agosto de 1945).
O sea, -leyendo a distancia en el tiempo-, es obvio que todos los gobiernos de mayor peso sabían que EE.UU pensaba incinerar a dos poblaciones civiles, pero en vez de tratar de convencerlo de no hacerlo atrasaron crear oficialmente el "ente pacificador mundial" y así evitar un problema de protocolo, porque de ya funcionar Naciones Unidas les hubiera sido “incómodo” condenar semejante masacre doble. Con varios objetivos para el bienestar de la Humanidad, la ONU inició su camino en busca de la paz mirando para otro lado porque las bombas nucleares que mataron 130 mil personas las arrojó un país occidental del “mundo libre”. Planeta Hipocresía.
Luego de 80 años de existencia son escasos los logros de la Organización de las Naciones Unidas. Más allá de que pueda tener agencias que den respuestas, en lo estrictamente geopolítico la ONU no resolvió nada.
Desde 1945 guerras focalizadas en regiones hubo montones (Vietnam la más icónica) y hoy los genocidios se transmiten vía satélite en tiempo real. Imaginen lo que hubiera dicho Ben Ferencz (fiscal de los juicios subsidiarios de Núremberg e impulsor de la Corte Penal Internacional) viendo por televisión como Gaza parecía Auschwitz.
Entre sus objetivos, la ONU debió buscar crear una especie de plan Marshall para desarrollar los países tercermundistas y evitar (o minimizar) las migraciones masivas. Nunca trascendió que lo hayan esbozado.
Pasaron décadas dando diagnósticos sobre los efectos devastadores del cambio climático provocado por la contaminación industrial en cumbres harto publicitadas, pero no consiguieron evitar nada. Hoy, solo nos queda rezar para que las tormentas de 300 milímetros en pocas horas o los temporales de viento extremo no descarguen donde vivimos.
Tampoco diseñaron un programa para el control poblacional y evitar que un lugar con límites en el espacio habitable y en la producción alimentaria llegue a una demografía insostenible. Y de hambre, -y de frío, por estar a la intemperie-, cada año mueren más.
Naciones Unidas suma fracasos y ya no es funcional. Debe reformularse y con un criterio de igualdad real. Su Consejo de Seguridad tiene cinco miembros permanentes con poder de veto. Son EE.UU, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia. En el pequeño grupo que decide por la guerra o la paz, están: Rusia, que invadió y provocó la guerra de Ucrania. Estados Unidos, que este año bombardeó dos países (Irán y Yemen) y China que amenaza con atacar e invadir a Taiwán. En los tres casos violando los "principios para resolver controversias" de la propia ONU. “Haz lo que digo, pero no lo que hago”.
La Humanidad necesita una institución donde estén todas las naciones y en la que cada voto valga lo mismo. Lo lógico en un mundo globalizado. Un ejemplo: la próxima guerra mundial será con bombas atómicas y los efectos de la radiación afectarán a toda la vida aún en aquellos países más alejados de los hongos nucleares. Por ende, sobre su uso o no la decisión no puede pasar solo por aquellos que tienen esas armas de destrucción masiva.
Otro aspecto que la ONU debió estructurar es una forma diplomática de intervenir contra dictaduras, -cómo la de Maduro en Venezuela (que además es un narco estado)-, o ante autocracias que apoyan a organizaciones terroristas, como Irán.
La otra institución global en tela de juicio es la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hace poco, con la pandemia de Covid -19, mostró no solo ser incapaz de prevenirla, también durante la emergencia fue confusa en el mensaje y lenta y deficiente en la asistencia, porque no funcionó el operativo de vacunación (plan Covax) en los países más pobres.
¿Qué fue el coronavirus? ¿Se originó naturalmente o por accidente? Surgió en China; pero ¿eso implica que el virus fue de origen autóctono o pudo ser plantado por otro país para culparlos ante el mundo? Está la guerra militar, la comercial y la tecnológica. ¿Puede descartarse que el Covid -19 fuese una acción de guerra biológica?
Como suele ocurrir en los hechos impactantes de la historia (aún se discute si Hitler se suicidó en el búnker de Berlín en 1945 o siguió viviendo en Argentina hasta morir en Paraguay en 1971) oficialmente nada se pudo probar fehacientemente sobre cómo surgió el Covid -19, por lo que todas las hipótesis pueden ser verosímiles. Incluso esta: y si ¿la pandemia fue una prueba para ver cómo reaccionaba la Humanidad conectada globalmente ante una amenaza mundial? Y en ese marco, comprobar ¿qué porcentaje de la población desesperada acepta recibir vacunas hechas de apuro y sin el tiempo de prueba recomendado? Si ocurrió lo referido a los dos últimos interrogantes, surge algo intrigante: ¿para después hacer qué, necesitaban esos datos?
Pero, más allá de elucubraciones que agrego para amenizar la lectura en un domingo donde de política nacional no se puede hablar por la veda electoral, hay un hecho que enoja. A la Organización Mundial de la Salud la sigue dirigiendo el mismo que estaba antes de la pandemia: el doctor etíope Tedros Adanhom. Por el coronavirus murieron 15 millones de personas en todo el mundo. Al menos, el director general de la OMS debería haber renunciado.
La Organización Mundial de la Salud es la otra gran institución global que debe actualizarse a fin de que preste un servicio eficaz. Y en este caso, hacerlo es mucho más urgente que el de la ONU. ¿O será hasta la próxima pandemia? (Otra "gripe española", quizá…).

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