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Trump se equivocó. El ataque a Irán debía hacerse en agosto, no seis meses antes.
Tomar el control de Venezuela fue un paseo y eso impidió que el presidente estadounidense pudiera alardear con su pose de “Rambo”. Necesitaba otra puesta en escena bélica con más acción.
Conociéndolo, sus asesores militares le sugirieron postergar “ir por Irán” hasta después del Mundial de fútbol, y calmar su frenesí invasor atacando ahora a Cuba. En la situación que está, resistiría poco. Y, -al igual que con Venezuela-, apoderarse del país insular caribeño no desestabilizaría al mundo. Pero ignoró a su entorno profesional y le hizo caso al líder israelí (Netanyahu): “por eso atacaron ambos a Irán el 28 de febrero”.
Trump debía crear una amenaza externa para frenar el malhumor interno con sus políticas, sobre todo las redadas migratorias en las que el ICE asesinó a dos estadounidenses en Minneapolis. Para llegar con posibilidades a la elección de medio término de noviembre tenía que cambiar la crítica por el apoyo. Hay una sola forma de lograrlo inmediatamente: “la guerra”. Ese “click social” lo vimos acá hace 44 años.
En 1982 el gobierno de facto estaba a cargo del general Galtieri. En un tiempo donde los argentinos exigían volver a la Democracia, -y pese a que se prohibió formar confederaciones gremiales (Ley Nº 22.105 del 15/11/79)-, igual actuaban dos grupos sindicales. La CGT Brasil (por la calle donde estaba su sede) era la “combativa”. Los “dialoguistas” estaban en la Intersectorial CNT-20, que en mayo del 82’ pasó a ser la CGT Azopardo.
El 30 de marzo de 1982 la CGT Brasil hizo una gran movilización a Plaza de Mayo contra la dictadura, personalizando el cuestionamiento en Galtieri. La represión causó un muerto, varios heridos y numerosos detenidos. Solo tres días después, -el 2 de abril-, la plaza se llenó otra vez pero para ovacionar a Galtieri tras la recuperación de las Islas Malvinas.
Al respecto, lo característico de la “historia circular de Argentina”. En aquellos años oscuros, mientras (a riesgo de vida) un sector gremial enfrentaba al sangriento proceso militar en defensa de los derechos de los trabajadores, otra parte del sindicalismo pactaba con el poder de turno para preservar sus privilegios. ¿Solo en la dictadura pasó eso?
El cambio de actitud popular que genera la guerra es un recurso que el “gobernante en problemas” aplica desde siempre. Trump lo usaría con Irán. Pero se apuró provocando un caos mundial en el peor momento.
Irán no es Venezuela. Pelearán hasta el último aliento. Eso ya le plantea un problema a Trump, porque un conflicto prolongado puede transformarse en un boomerang (Vietnam, el ejemplo). Pero el país de origen persa tiene otra particularidad: “son mucho más peligrosos de fronteras para afuera que en la defensa de su territorio”.
Hoy, los misiles y drones iraníes impactan en países de la región, pero las células de los grupos terroristas que los apoyan por financiamiento pueden provocar atentados en todo el mundo. Y esa amenaza de “guerra de guerrillas” no terminará en el caso de que caiga el régimen teocrático. Al contrario, a partir de ahí puede globalizarse. Por lógica, los objetivos de esa “yihad” vengadora estarían en sedes de Estados Unidos, Israel y los países alineados con ellos.
Eso ya ocurrió en Argentina cuando por el apoyo de Menem a la coalición militar internacional liderada por Estados Unidos en la primera guerra del Golfo, Hezbollah (milicia pro iraní) voló la Embajada de Israel (1992) y la sede de la AMIA (1994).
Ahora, -al ser Irán el atacado-, ese peligro potencial es mucho peor. En este contexto estamos en una situación complicada, porque el gobierno nacional manifiesta abiertamente el apoyo total a EE.UU. y a Israel, al tiempo que el presidente afirma en público: “le ganaremos la guerra a Irán”. La sobreactuación ideológica de Milei nos pone a todos ante un toro furioso (y dándole la espalda).
Patear el hormiguero de un país capaz de replicar con grupos terroristas a meses del encuentro más importante del planeta en tu propio país, es una locura total. Una irresponsabilidad atentatoria para la seguridad de su pueblo, de los participantes y de los turistas que lleguen a ver los partidos, que solo a Donald Trump se le puede ocurrir hacer.
En el marco del Mundial de fútbol, también puede haber ataques en otra de las sedes, -Canadá-, porque su primer ministro cometió la imprudencia de apoyar públicamente el ataque a Irán. También lo hizo la presidenta de la Unión Europea, -Úrsula von der Leyen-, quien tuvo que cambiar de opinión rápidamente tras las duras críticas de otros altos dirigentes del bloque europeo por lo que eso podría provocar (en alusión al atentado de Atocha, en Madrid el 11 de marzo de 2004).
Quizás la sede mundialista más segura sea México, porque su inteligente presidenta, -Claudia Scheinbaum-, habló solo para instar a frenar la escalada a través del diálogo vía Naciones Unidas. El único país asimétrico que lo frenó a Trump (en presión arancelaria y en proyección expansionista) fue México; y lo logró por la calidad de la jefa de estado que tiene. Scheinbaum habla pausado y nunca agrede (jamás insulta), pero tiene una firmeza inquebrantable al defender la soberanía de su país.
Los atentados seriales son una amenaza global en potencia pero ya en todo el mundo se sufre las consecuencias de la guerra en Medio Oriente. El cierre por parte de Irán del estrecho de Ormuz (solo permite que pasen los barcos de China y de India) disparó el precio del petróleo, con todo lo que ello implica para una civilización cuya matriz funcional aún se basa en él. También el de los fertilizantes, lo que afectaría el costo de la producción de alimentos con precios que podrían irse a las nubes provocando una hambruna a corto plazo. “La economía mundial es un tembladeral”.
Aunque nadie lo declaró, los mejores analistas internacionales coinciden en que la Tercera Guerra Mundial ya empezó. “La hora tan temida, llegó”.
La caja de Pandora es un mito griego sobre el origen de nuestros males. Cuenta que: “curiosa, Pandora abrió el recipiente enviado por Zeus y así salió la oscuridad que envolvió a la humanidad. Solo la esperanza quedó en su interior”. La caja de Pandora real la abrieron Trump y Netanyahu el 28 de febrero. ¿Habrá esperanza?
El brillante editorialista Thomas Friedman fue contundente en su columna del New York Times al afirmar: “Trump no tiene ni idea de cómo terminar la guerra con Irán”. En ese marco surgen situaciones aún más preocupantes que los conflictos que genera la incontinencia bélica del presidente estadounidense: “lo que se utiliza (y puede usarse) en esta guerra”.
El 26 de septiembre de 1983 se produjo un hecho en la entonces Unión Soviética que se conoció recién cuando la URSS se disolvió. Hoy hay múltiples sistemas de chequeo, pero en esa época los encargados de las bases de misiles nucleares tenían el poder de decidir el futuro del planeta. Si había una alerta, comunicaban al Ejecutivo para que el presidente (sin tiempo para dudar) ordenara el contraataque nuclear.
Ese día, en la base que comandaba Stanislav Petrov se encendió la alarma avisando que Estados Unidos había lanzado un ataque nuclear contra el territorio soviético. Petrov debía notificarlo. Sin embargo, en él primó la lógica y antes de usar el “teléfono rojo” (el verdadero), evaluó la situación. Se dio cuenta de que si el enemigo los atacaba lo haría con 100 misiles no con los 5 que mostraba la pantalla. Pensó que era un error del sistema y no reportó lo del ataque (si el fallo sistémico). Si Petrov hubiera actuado como un robot, -avisando en forma automática sin analizar la emergencia-, habría provocado el inicio de la Tercera Guerra Mundial. Su “humano razonamiento”, nos salvó.
Como era ruso, Petrov nunca tuvo el enorme reconocimiento que merecía. El premio más significativo que le dieron consistió en mil dólares. “Si el que lo hace no es de occidente, que barato sale salvar al mundo”. Murió casi en la pobreza. De haber sido estadounidense le habrían dado el premio Nobel de la Paz, sobre él se hubieran filmado películas y escrito libros; terminando sus días tras gozar una vida de millonario.
Lo anterior es importante por algo que ocurre en esta guerra, en la que la inteligencia artificial (IA) es aún más decisiva que en la de Rusia y Ucrania. Cuando se es atacado la utilizan para seleccionar las armas de mayor peligro a interceptar, y cuando se ataca para impactar en blancos militares y no civiles. A veces falla. Quedó demostrado en el primer día del bombardeo a Teherán cuando destruyeron un colegio matando a 175 niñas. “Crimen masivo de lesa humanidad que nunca será juzgado como tal porque el misil que las asesinó lo lanzó Estados Unidos.”
Pero en el uso de la tecnología piensan ir más allá. Trascendió que el Pentágono evaluó darle a la IA la opción de decidir sin intervención humana. Simularon ataques convencionales para ver cómo el sistema robótico respondía. En el 95 % de los ensayos, la inteligencia artificial ordenó contraatacar no con misiles equivalentes a los del agresor, sino con armas nucleares.
“En nombre de la humanidad, clonen a Petrov.”

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