“Maquiavelinas”: La cosmopolítica ayudará a recuperar Malvinas
Por Marcelo Mouhapé Furné
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"Todo lo que un hombre puede imaginar, otros hombres podrán hacerlo realidad." (Julio Verne)
Ronald Reagan fue presidente de Estados Unidos entre 1981 y 1989. Aunque en la Casa Blanca pudo haber estado solo dos meses. Lo balearon en marzo del 81´. Se recuperó rápido y fue un protagonista determinante en la política mundial de los 80´.
En 1983, por televisión Reagan anunció la “Iniciativa de Defensa Estratégica”. Un sistema de control defensivo y de ataque militar con dispositivos láser orbitando en el espacio exterior cercano al planeta. La prensa lo bautizó “Star Wars (Guerra de las Galaxias)”, por la exitosa película de unos años antes.
Científicos aseguraron que eso era ciencia ficción porque no había tecnología ni para acercarse a lo que Reagan presentó. Una observación sobre ese negacionismo. Hace 10 años aseguraban que era ciencia ficción la inteligencia artificial (IA). Hoy es una realidad, y, -en lo básico de esa tecnología-, de consumo masivo. Sus propios desarrolladores exigen que la regulen porque pasaron de tener la duda sobre si sustituiría al 60 % o al 75 % de los empleos, a la casi certeza de que si se sale de control aniquilará a toda la Humanidad.
Oficialmente, al “Star Wars” de Reagan lo canceló en 1993 el presidente Bill Clinton. Sin embargo, al respecto la semana pasada hubo una novedad. “Por primera vez, EE.UU admitió tener armas de control espacial en órbita”. ¿Pero cómo, a ese proyecto no lo cerraron hace 33 años? No. En Estados Unidos hay un enorme presupuesto negro (sin control legislativo) que financia experimentaciones ultra secretas. De esos “ámbitos oscuros” surgieron múltiples invenciones, entre ellas los aviones furtivos y la propia IA.
El anuncio de Reagan sobre la “Iniciativa de Defensa Estratégica” a futuro, en realidad estaba en marcha desde comienzos de los 60’. Usaron al programa espacial para ir a la Luna como la pantalla perfecta para ocultarlo. El objetivo de viajar a nuestro satélite lo anunció el presidente Kennedy (asumió en 1961). Su antecesor fue Eisenhower, quien en su discurso de despedida hizo una advertencia. Dio a entender que el poder de la industria militar (ahora sumada la tecnológica) terminaría mandando al gobierno estadounidense.
El plan militar extraterreno de EE.UU (oculto por el espacial), continuó. En abril pasado, el programa “Artemis” hizo el vuelo tripulado que sirvió de preparación para el que alunizará en 2028. En “la conquista espacial actual” todo lo tecnológico lo aportan corporaciones privadas. Las que, a diferencia de las agencias estatales, no están obligadas a rendir cuentas sobre sus creaciones. ! Cuánta razón tenía Eisenhower !
El 20 de diciembre de 2019, Trump (en su primer mandato) anunció la creación de la Fuerza Espacial de Estados Unidos. Pensaron que era otra excentricidad de Donald y mucha atención el periodismo no le dio (como en el 83´ a Reagan). Después vino la pandemia y el tema se olvidó por completo.
Al espacio exterior inmediato que rodea al planeta lo dominan tres países: EE.UU, China y Rusia. Hay otros actores, pero, por ahora, minoritarios. La delimitación territorial ahí arriba se llama “cosmopolítica”, y es fundamental para el Nuevo Orden Mundial, que en lo militar pasa de lo hemisférico (OTAN) a lo continental. Los puntos clave son bases militares que suman el uso operativo espacial. Algunas serán híbridas de bandera, -con la del país donde se instale pero controladas por el líder del continente. En nuestro caso Estados Unidos-. La base naval integrada a terminarse en Tierra del Fuego es esencial en este esquema, porque es la puerta de entrada a la Antártida.
El Cambio Climático convirtió a las regiones polares en fundamentales para el comercio global. Al elevarse la temperatura del planeta el deshielo abrió rutas marítimas (sobre todo en el Ártico). En la Antártida abarata enormemente los procesos extractivos al eliminarse la capa de hielo. Y surge algo perturbador. El desastre ecológico fue provocado por los gases invernadero al no regularse con criterios ambientalistas los procesos industriales que los generan. Al ver las posibilidades que abre en lo mercantil, pregunto: “¿es la consecuencia de una industrialización irresponsable, o el Cambio Climático fue provocado?
¿Por qué para la cosmopolítica los polos son tan importantes? La explicación técnica “al alcance de todos” es porque las órbitas polares son las trayectorias perfectas para los misiles intercontinentales. Y es la posición ideal para que los sistemas de detección abarquen todo el planeta. Obviamente, hay razones mucho más importantes que nunca se harán públicas.
Por lo que se sabe y lo que no, Trump quiere el control del Ártico y del Antártico. En el norte propuso comprar (y amenazó con tomar) Groenlandia. El viernes, Donald anunció: “acordé con el gobierno de Dinamarca (país con jurisdicción sobre la gigantesca isla) que nuestros militares se instalen en Groenlandia para dar seguridad a esa región”. EE.UU ya tiene una base ahí desde 1941. Está en Thule. Sobre ella hay un dato interesante. En 2023 la jerarquizaron a “Base Espacial”. Lo hizo el presidente Biden (de signo político contrario al de Trump). Lo que demuestra que el programa “Star Wars” (que anunció Reagan, pero que comenzó Kennedy y que Clinton dijo haber cancelado) siempre estuvo vigente.
Con respecto a la Antártida, Trump inició la movida a fines del mes pasado cuando dijo: “revisaré la postura estadounidense sobre Malvinas”. Ese mensaje a Gran Bretaña, en realidad es para todos los países que integran la OTAN, y quiere decir: “este mundo terminó y muevo las fichas hacia el nuevo”.
En ese contexto llega la gran oportunidad para que Argentina recupere las Islas Malvinas. Se combinan dos factores. El primero la necesidad militar estadounidense. El otro es que colapsa el Reino Unido. Escocia, Irlanda del Norte y Gales pidieron (en conjunto) a Londres realizar referendos de independencia.
Buscando recuperar las islas, la estrategia planteada por el gobierno argentino es la correcta. Sólidos argumentos para discutir en la ONU y firme posición sobre nuestros recursos (usurpados). Con la amenaza de sanciones se logró que petroleras desistan de operar allí. Un mensaje de autoridad hacia el poder inversor. En el Congreso, el presidente Milei puso a la oposición contra la pared. ¿Cómo rechazar un proyecto sobre la soberanía en Malvinas? Hacerlo sería un suicidio político.
Para cerrar, interrogantes inquietantes. “¿Qué ocurrió para que Trump acelere su intención de controlar los polos? ¿Qué evento se hizo más probable (y cercano), que lo obligó a pisar el acelerador en la reconfiguración militar de la geo y cosmopolítica?”


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