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A Trump le gusta atacar los sábados (el 3 de enero lo hizo en Venezuela). El 28 de febrero las fuerzas armadas de Estados Unidos y de Israel empezaron a completar lo iniciado en junio pasado. El objetivo principal es destruir (esta vez definitivamente) las instalaciones para desarrollar armas nucleares en Irán.
Pero eso resuelve una parte del problema. Si solo eliminan la posibilidad de que hagan bombas atómicas, el gobierno iraní seguirá financiando a grupos terroristas (Hezbollah, Hamás y los Huties yemeníes) y de fronteras para adentro continuará oprimiendo salvajemente a su pueblo. En especial a las mujeres, que son sometidas a todo tipo de vejámenes.
En general puede que no se tenga un entendimiento acabado de lo que es este régimen teocrático. Son la representación del Mal en la Tierra. En el bombardeo murió su líder supremo, Alí Jamenei (Khamenei). Quién haya quedado a cargo, la Guardia Revolucionaria y todos los integrantes de esta tiranía terrorista deben ser capturados y puestos a disposición de la justicia para ser enjuiciados por crímenes contra la humanidad. Mientras se reconstituye la iraní (en forma democrática y no ideologizada) debería intervenir la Corte Penal Internacional. Y también la Argentina, porque debe juzgarse acá a los involucrados en los dos atentados perpetrados en Buenos Aires durante los años 90´.
La justicia de nuestro país probó que el gobierno de Irán fue el autor intelectual (ejecutado por Hezbollah) de las voladuras de la embajada de Israel (1992) y la sede de la AMIA (1994), causando entre ambos atentados 107 muertos y más de 500 heridos (muchos de ellos con secuelas físicas permanentes).
También hay sospechas de su implicancia en el asesinato del fiscal Nisman en enero de 2015, la jornada anterior a exponer ante el Congreso y días después de denunciar en el Juzgado Federal Nº 4 de CABA (también lo hizo mediáticamente en un programa de televisión) que “el Memorándum de Entendimiento con Irán ocultaba un plan para encubrir a los prófugos iraníes imputados por el atentado a la AMIA”. Nisman acusó al entonces gobierno kirchnerista de “pactar su impunidad buscando levantar las alertas rojas de Interpol a cambio de relaciones comerciales con Irán”.
A comienzos de 2025, la Fiscalía en lo Criminal y Correccional Federal Nº 3 de CABA, -a cargo del fiscal Taiano-, publicó un informe en el que afirma que “el fiscal Nisman fue asesinado por su investigación del caso AMIA y su denuncia sobre el Memorándum con Irán”. La pericia de 28 especialistas de Gendarmería Nacional determinó que “las evidencias muestran que a Nisman lo mataron sicarios profesionales, quienes tras el crimen limpiaron y acomodaron todo para que se creyera que se suicidó”. Es de esperar que algún día se esclarezca el asesinato del fiscal especial de la causa AMIA y se condene a los autores. Con respecto a su acusación, el 5 de diciembre de 2024 la Corte Suprema de Justicia de la Nación resolvió que Cristina Fernández viuda de Kirchner debe enfrentar un juicio oral por la denuncia del fiscal Nisman. El proceso estará a cargo del Tribunal Oral Federal Nº 8, con fecha de inicio a determinar.
Para el mundo, el siniestro régimen iraní es un peligro: promotor del terrorismo, sospechoso de crímenes internacionales y asociado a gobiernos corruptos. Si con bombas convencionales vuelan edificios, disponiendo de armas nucleares destruirán ciudades. Por eso la prioridad es eliminar su producción, pero eso solo no alcanza para los que padecen a diario la impiadosa autocracia religiosa gobernante. Los iraníes sufren la violación de sus derechos en diversas formas (algunas increíbles para el siglo en el que estamos).
La pesadilla para el pueblo de Irán comenzó en febrero de 1979. Desde ese momento rigió el régimen teocrático islamista chií que aplicó el control popular total a través de un sometimiento general y en extremo misógino en lo particular.
El primer líder de estos trogloditas fue Ruholla Jomeini (Khomeini). Al tomar el poder creó una fuerza represiva, ideologizó los sistemas educativo y judicial y descargó toda su ira contra las mujeres restableciendo el arcaísmo de obligarlas a cubrirse completamente. Hasta el rostro tapado con un velo que solo permite ver sus ojos.
Recuerdo la entrevista que en 1979 (meses después de asumir) en la ciudad (santa) de Qom la célebre Oriana Fallaci le hizo a Jomeini. Ella tuvo que vestirse a la usanza dictada por la misoginia teocrática porque era lo que le exigía el ayatollah para darle la nota. El reportaje terminó a la mitad de lo que debería haber durado cuando la periodista italiana se hartó y se quitó el “chador” afirmando “me saco este estúpido trapo medieval”.
Brillante lo de Oriana. Humilló al líder supremo ante los ojos del mundo, demostrando que no era un Dios sino otro mortal a quien podía enfrentarse incluso en su ámbito de poder totalitario.
La política contra la mujer en Irán es aberrante. Se permite el casamiento de niñas con adultos. En 2019 se supo algo que impactó. A una nena de 11 años su padre la entregó en matrimonio a un hombre de 50. Ese caso trascendió por la prensa mundial porque era excepcional, pero niñas de 13 años obligadas a casarse con adultos es algo frecuente. Es la legalización, -bajo un “encuadre marital”-, de la sistemática violación de nenas. Explotación filial de menores, trata sexual infantil y pederastia. Un horror.
Hay un caso emblemático ocurrido en 2004, cuando varios hombres secuestraron y violaron a una adolescente de 16 años. La justicia “machista” iraní puesta por y para el régimen teocrático no solo no actuó contra los violadores, sino que condenó a muerte a la víctima por “serle infiel a su esposo” (la habían entregado en matrimonio a los 13 años). La ahorcaron.
¿Hasta cuándo el mundo defensor de los Derechos Humanos va a seguir sin intervenir ante estos abusos infantiles sistémicos y la violación en general de los de la población de todas las edades? Ojalá lo del sábado sea el inicio del fin del suplicio sexual para las niñas iraníes (y de los nenes sometidos a la esclavitud laboral), y el comienzo de la libertad para la sufriente población de ese país en su conjunto.
El exceso del criminal régimen iraní que hizo que el mundo libre tomara conciencia de la tragedia humana que ocurre ahí, se produjo en 2022 cuando la Policía Moral (cínico nombre de una fuerza que responde a un gobierno que viola los Derechos Humanos y promueve el terrorismo) detuvo a Masha Amini, de 22 años, por llevar mal puesto el velo. La mataron en la comisaría y la indignación popular se colmó. La respuesta estatal a los reclamos en la vía pública fue una masacre. Igual a la de enero pasado, donde la fuerza represiva del régimen de Jamenei asesinó a miles de ciudadanos que salieron a las calles pidiendo libertad y una vida mejor. Porque, -como todo gobierno autócrata y corrupto-, el pueblo pasa hambre mientras los gobernantes viven como reyes.
Irán tiene una premio Nobel de la Paz (2023), -Narges Mohammadi-, a quien la justicia iraní que responde al gobierno fundamentalista condenó por defender los Derechos Humanos a casi 13 años de cárcel y “154 latigazos”.
Las mujeres de Irán son ejemplo de heroísmo. Hay que enfrentarse a un régimen que a quienes protestan los aniquila. La secta que gobierna Irán las veja desde niñas, las muele a palos y tortura de adultas, las mata a balazos o las cuelga, y, -pese a eso-, ellas día tras día siguen enfrentándose al criminal opresor. Y lo hacen desde hace 47 años, porque la primera movilización contra las medidas del ayatollah Jomeini (en marzo de 1979) la protagonizaron las mujeres. Si la Democracia vuelve a Irán, -algo que todo ser humano normal anhela por empatía con quienes sufren atrocidades-, el gran mérito de eso lo tendrán sus mujeres. Qué justo sería que en alguno de los actos que se realicen por el 8 de marzo se recuerde a las heroínas de Irán que a diario se juegan la vida al reclamar por sus derechos.
Es hora de librar a la población iraní de este régimen inhumano. Lamentablemente, -como ya se vio en Venezuela-, la incapacidad de las Naciones Unidas lleva a que solo haya un método para lograrlo: el poder militar estadounidense. Pero en este caso la intervención no debe quedar a medias. No alcanza con impedir que fabriquen armas nucleares. Hay que sacar totalmente del poder a los gobernantes teocráticos iraníes y juzgarlos por los crímenes de lesa humanidad que cometieron con su gente y contra la población de otros países, como los atentados en Argentina.
Salvar al pueblo de Irán es el pedido de la gente de bien en todo el mundo. Que al respecto, no se pierda esta oportunidad.

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