“Maquiavelinas”: En hecatombe estatal, Tres Arroyos avanza
Por Marcelo Mouhapé Furné
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Los municipios siempre fueron el Estado de cercanía. Al que los vecinos le van a golpear la puerta cuando tienen problemas. En las crisis son la asistencia directa. Pero enfrentan un problema que viene del centralismo. Las comunas son las que menos posibilidad de generar recursos propios tienen pero las que más gasto per cápita deben hacer. Por eso, para juzgar correctamente la gestión de un intendente, se debe tener en cuenta el contexto en el que le toca administrar.
En cuanto a lo estatal, el anarco capitalismo de Javier Milei es un oxímoron fáctico. Mientras lo destruye, -reduciendo a la mínima expresión al gobierno prestador de servicios-, crea el Estado ideal. El nacional, que recibe el grueso del dinero de los contribuyentes del país, va dejando de gastar en todo (incluso en lo determinado por ley) y le sobra liquidez para comprar apoyos legislativos y así avanzar en sus políticas. El sueño de todo gobernante argentino lo disfruta Milei. ¿Lo logró o lo encontró?
Creer que el problema es el actual presidente sin reparar que él es una consecuencia de lo precedente, es un error. El desastre del gobierno anterior le dio la posibilidad a Javier Milei de llegar a la Casa Rosada, pero fueron todas las gestiones presidenciales desde 1983 las que moldearon el sistema de poder omnímodo (basado en la caja) para que lo aprovechara al máximo alguien como el libertario.
Milei aplica sus políticas y está en su derecho de hacerlo porque fue electo para administrar al país. Con promesas de lograr equilibrio fiscal ajustando a la clase política ganó la segunda vuelta presidencial con el 56 % de los votos. Pero el año pasado, -ya con su proceder de gestión visible (siendo los afectados los que menos tienen y con ningún privilegio recortado a la “casta”)-, volvió a ganar con casi el 41 %. De los que votaron, la mayoría aprueba las políticas de Javier Milei. Fin (por ahora).
El anti Estado que lleva al Estado centralista perfecto, es fabuloso para el presidente, muy problemático para los gobiernos de las provincias (en especial a los sancionados políticamente) y extremadamente crítico para las comunas.
Las municipalidades son huérfanas del gobierno nacional. Lo que pagamos por IVA, impuesto a los combustibles, el campo con sus retenciones y otros muchos tributos, son un viaje de ida. Hay un tema musical que dice: “mientras 10 ventanillas cobran una sola es la que paga”. Hoy, ni eso. La gestión Milei la absorbe toda y no devuelve nada a los lugares donde se genera esa riqueza.
A tal punto es así, que para evitar accidentes el intendente Pablo Garate decidió hacer una obra que no le corresponde al municipio porque se trata de una ruta nacional: “arreglar el tramo de la 228 por donde pasan las vías”. Su estado es desastroso (foto) y un peligro para quienes por allí transitan. Nuestra Municipalidad invertirá 240 millones de pesos propios para evitar tragedias en una carretera sobre la que tiene jurisdicción Vialidad Nacional.
La vía Apia (Appia Antica), -una de las maravillas de la ingeniería romana (tras dos mil años de uso está más transitable que gran parte de los corredores viales de nuestro país)-, tiene tramos de tumbas. Se hizo por salubridad, porque la legislación de aquel tiempo prohibía las inhumaciones dentro de las ciudades. En las rutas argentinas no hay tumbas pero si abundan los cenotafios. Estrellas amarillas, cruces, imágenes de vírgenes son mojones que recuerdan que ahí se produjo el final existencial de miles de individuos o familias completas que murieron en accidentes evitables si esas carreteras tuvieran mantenimiento.
Este es el peor momento para ser intendente. El mejor fue entre los años 2004 (Plan Nacional de Obras Municipales, -disposición Nº 7 del 14 de agosto de 2003, aplicable en plenitud desde el año siguiente-) y 2015. El dinero desde la Nación volvía en “cascada” (usando un término de moda) para financiar obras públicas en las comunas. El Movimiento Vecinal le sacó un rédito político inmejorable a eso. Fue su base electoral para seguir gobernando.
En esos años Tres Arroyos pudo concretar muchas mejoras de infraestructura. La remodelación de la plaza San Martín es la más visible a diario. Lamentablemente, esa época única (nunca más se repetirá) no se aprovechó para concretar una obra que no se ve pero es indispensable: “cambiar toda la vetusta cañería de agua”. Si se hubiera hecho íntegramente, hoy la ciudad no tendría ningún problema de abastecimiento y las pérdidas por caños reventados serían la excepción, no una habitualidad.
Cuando se dio, el retorno de fondos nacionales a los municipios para obras no fue un regalo. Devolver parte de lo mucho que cada rincón del país aporta al Estado central es un acto de justicia federal. Hubo una yapa a partir de 2019 que sirvió para completar construcciones que a fines de 2015 se paralizaron. La Secundaria del Barrio Obrero, entre otras.
Al hecho de que desde el gobierno nacional no viene ni un peso (literal), se suma la baja en los envíos del gobierno bonaerense (unos $3.200 millones el año pasado) a consecuencia de la retención de fondos que la Nación hace de dinero que le corresponde a las provincias, ya sea por coparticipación federal o los ATN (días atrás se aplicó una poda del 70 % en estos fondos de envío discrecional).
Pero ahí no termina la historia de la coyuntura crítica para las municipalidades. El desastre social por la destrucción del empleo y de la caída en la calidad de vida por la baja del poder adquisitivo se traduce en legiones de personas y grupos familiares que van a los hospitales públicos para ser atendidos y recibir medicamentos tras perder la obra social o ya no poder pagar una prepaga. A los que se suman los jubilados. Por eso, -al igual que otros-, el Pirovano de Tres Arroyos está desbordando. Su gasto se disparó en números increíbles porque la demanda social actual, -que en lo sanitario tiene un componente enorme-, es impresionante. Nunca vista. El intendente tuvo que destinar miles de millones de pesos al Centro de Salud para afrontar esta emergencia.
La Comisión Amigos del Hospital pasó de ser importante a indispensable ante la sobre demanda en el nosocomio oficial. Al igual que el de todo el personal hospitalario, su trabajo emociona. Como reflejo de solidaridad se han creado comisiones similares en localidades.
Sobre todo en tiempos de catástrofe social (como este), Tres Arroyos tiene un soporte especial: “cuenta con numerosas entidades de servicio que apoyan a instituciones que dan contención a los que quedaron fuera del sistema o están en vías de ello”.
La realidad es una sola. Si es un afectado o beneficiado, o según la ideología, se la puede ver negativa o positiva. Pero para el Estado municipal no hay posturas analíticas sobre lo que ocurre que valgan. Está obligado a paliar las consecuencias. Al de contra prestar los servicios por los que la población paga a través de tasas, esta situación social calamitosa le agrega una carga de asistencia descomunal. También Acción Social afronta un aluvión de pedidos de gente que antes le alcanzaba para vivir, quienes se agregaron a las muchas familias que ya venían ayudando.
Pese al contexto en extremo crítico detallado, la Municipalidad de Tres Arroyos lleva a cabo un vasto programa de obras públicas. Con financiamiento provincial y apoyatura logística local el recambio de la red de agua corriente (que incluye complementos como la cisterna y la construcción de pozos). Y con fondos propios la obra de pluviales en el barrio Olimpo; reformas en el Pirovano, en los CAPS barriales y en los mini hospitales y salas de las localidades; la pavimentación de 120 cuadras y un plan de bacheos, entre otras realizaciones.
Recientemente, -gracias a la gestión de la Cámara Económica de Tres Arroyos-, nuestro distrito recuperó la conectividad aérea con la ciudad de Buenos Aires (servicio extensivo a residentes en ciudades de la región). Antes hubo un acondicionamiento de la pista y una puesta en valor de su infraestructura para dejar al “Aeródromo Primer Teniente Héctor Ricardo Volponi” en condiciones operativas. La inversión de la Municipalidad fue importante por las condiciones en las que estaba. El intendente Pablo Garate lo graficó así: “recibimos un aeródromo en estado de abandono total. Ni gas había”.
Las mejoras también abarcan a las localidades. En Claromecó se inició una obra reclamada por décadas: “los desagües para mejorar el escurrimiento del agua”. Que se agrega a la ampliación de las plantas de gas en Orense, San Francisco de Bellocq, Cascallares, Copetonas y Claromecó.
“En tiempos de bonanza todos pueden administrar y hacer. Pocos pueden lograrlo en los de carencia extrema”.

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