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Cuando era chico, la señora mayor que vivía al lado de casa nunca me devolvió la pelota cuando caía en su patio. Manuel Adorni levanta una baldosa y brotan jubiladas ofreciéndole 100 mil dólares a devolver sin intereses. Lo mismo le pasó con una policía y su madre. Hay gente con suerte.
Hace casi cuatro meses que hablamos de la novela del “por ahora” jefe de Gabinete nacional (y ex vocero gubernamental), cuya trama consiste en no poder explicar su exponencial crecimiento patrimonial.
Según lo afirmado por Adorni, a lo aportado por “las financistas de clase media baja” se sumó lo recibido en herencia por la muerte de su padre. Primero dijo que sobre esa propiedad tuvo que levantar una hipoteca. Ahora, que ahí encontró 200 mil dólares. Los invirtió en criptomonedas ganando 300 mil dólares. Que eso estaba en un pendrive que extravió y halló justo antes de asumir como funcionario. Lo que justificaría con que pagó sus compras inmobiliarias, viajes y gastos suntuosos.
Quienes están en las operaciones cripto descreen de esa versión. En el ámbito político consideran que lo del pendrive terminó de hundir al jefe de Gabinete. Y desde la justicia que lo investiga surge que tampoco con lo de la ganancia cripto las cuentas dan. ¿La próxima explicación para que cierren será que la cascada fue construida con piedra filosofal convirtiendo el agua en oro?
Lo irónico es esto. En agosto de 2024 el entonces vocero presidencial anunció el decreto Nº 712, que regula el uso de la flota aérea oficial. Lo hizo afirmando: “Las aeronaves públicas no podrán ser utilizadas en viajes particulares. De esta forma no se van a poder usar más aviones públicos para traer diarios de una provincia del sur (por Cristina) o para viajes de familiares. FIN”. La medida que Adorni dio a conocer con entusiasmo, fue la que lo condenó cuando su esposa (quien no es funcionaria) viajó en el avión presidencial.
El jefe de Gabinete está siendo investigado por presunto enriquecimiento ilícito. Será la Justicia quien determine si cometió o no delito. Manuel Adorni admitió que incurrió en evasión impositiva al no declarar 513 mil dólares.
Por supuesto que esto no es nuevo en la política argentina. Hay más de treinta ex funcionarios de gobiernos K condenados (algunos detenidos) o procesados. Pero Milei llegó al poder con la promesa de desterrar todo tipo de corrupción. No para avalar la variante propia.
En junio de 1972, en la capital de EE.UU se sorprendió a cinco hombres dentro de la sede del Partido Demócrata (edificio del complejo Watergate) donde colocaron micrófonos. Dos periodistas del “The Washington Post” (Carl Bernstein y Bob Woodward) intuyeron que detrás de ese hecho había algo importante. Tuvieron razón. Su investigación demostró que fue el propio presidente Richard Nixon quien ordenó espiar a la oposición. Él lo negó, pero la evidencia fue irrefutable. Cuando advirtió que el Congreso lo destituiría, Nixon renunció. Del “caso Watergate” lo que más enojó al pueblo estadounidense fue que su presidente les mintió.
“Independientemente de lo que determine la Justicia, quedó expuesto que Manuel Adorni mintió (al Congreso y al pueblo). Por eso no puede seguir siendo jefe de Gabinete nacional.”
El caso Adorni le impide al presidente Milei capitalizar sus éxitos: “la inflación en baja; el riesgo país en descenso; el Banco Mundial garantizando vencimientos; récord histórico de superávit comercial por exportación energética y una lluvia de inversiones mineras”. También traba la gestión, porque para evitar la votación senatorial que podría aprobar la interpelación de Adorni, el Gobierno tuvo que suspender la sesión que el oficialismo había convocado para sancionar el proyecto de Propiedad Privada. Que Milei considera vital.
Pero la permanencia en el cargo del jefe de Gabinete al presidente le puede generar algo mucho peor que el desgaste mediático diario, invisibilizar sus logros o trabar su Gobierno.
Con el “asunto Adorni”, el kirchnerismo ve posible volver a su mejor momento: “el del año pasado cuando logró aprobar leyes que desestabilizaban el equilibrio fiscal”. Ahora el bloque K busca hacerlo con la interpelación del jefe de Gabinete. Y,-sobre todo-, intentar removerlo a través de una moción de censura. La que deben aprobar ambas cámaras con mayoría absoluta. En el Senado 37 votos y en diputados 129, según el artículo 101 de la Constitución Nacional (reforma de 1994).
Si a Manuel Adorni lo echa la Legislatura, eso implicaría volver a mostrarle al mundo inversor que “la continuidad del cambio ya no depende de Javier Milei”. Pero esa acción pondría al presidente en una situación aún más peligrosa: “ante la posibilidad de su destitución”.
Desde el año pasado el jefe de senadores del bloque K, -Mayans-, insiste en sacar del cargo a Javier Milei a través de un juicio político. El 10 de abril reclamó a la Cámara de Diputados que inicie el proceso. Hasta ahora, los aliados del Gobierno lo impedían. ¿Eso puede cambiar si Milei no despide a Adorni?
El PRO intenta volver a ser gobierno. En ese objetivo por ahora Macri acompaña a Milei porque necesita que el libertario haga el trabajo sucio del ajuste social y que el costo electoral que pague por eso le despeje el camino hacia la Casa Rosada. Ahora, ¿y si el jefe del PRO considera que la cosa está encausada y ya no es necesario tener a Milei como presidente? ¿Y si entiende que la mejor transición hacia “una segunda gestión nacional amarilla” es con Victoria Villarruel en la presidencia? En ese hipotético escenario, ¿el PRO apoyaría una iniciativa kirchnerista para destituir al presidente?
Todo puede ocurrir en una Argentina donde lo imposible pasa a cada rato. Si el Congreso logra lo inédito: “sacar a un jefe de Gabinete” (cuya función es la de ejercer la administración general del país), sería un hecho de base procedimental que convertiría en factible ir por el cargo de Javier Milei.
¿Es necesario que el presidente se exponga a semejante riesgo por sostener en funciones a Manuel Adorni?
En el ballotage de 2023, el 56 % que votó a Milei fue para que lidere un proceso que cambie al país. No para que se empantane al no sacarse de encima a un funcionario indefendible.
"Si quien gobierna no reconoce los males hasta que los tiene encima, no es realmente sabio". (Maquiavelo).

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