Luciana Quiroga encontró un salvavidas en la música y superó “un montón de miedos”
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Sufría ataques de pánico y requirió la asistencia de profesionales de la salud en 2016. Halló en la música un ámbito en el que “está mi ser”. El año pasado, logró cantar un tema de The Beatles con Axel en Bahía Blanca. También estudia profesorado de educación primaria
Luciana Quiroga define con claridad el lugar que la música ocupa en su vida. “En su momento fue un salvavidas y ahora es un bálsamo, mi tranquilidad”, expresa. Cuando canta, tiene en claro que encuentra su mejor versión, porque “ahí está mi ser”.
En octubre de 2023 pudo interpretar una canción con Axel en el Teatro Don Bosco de Bahía Blanca. Unieron sus voces en “Oh! Darling”, de The Beatles. A través de la música, Luciana superó obstáculos, problemas de salud que la llevaron a situación difíciles.
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Tiene 33 años y nació en Tres Arroyos. Vio a Axel en un recital por primera vez en 2006 en nuestra ciudad; “venía escuchando sus canciones desde mucho antes. Me genera algo interiormente, traspasa la pantalla. Y desde 2006 trato de seguirlo lo más que puedo”, indica en una entrevista que tuvo lugar en La Voz del Pueblo.
Cuenta que asistió a aproximadamente 20 de sus conciertos en “Bahía Blanca, Mar del Plata, Necochea, Buenos Aires, entre otras ciudades. La última vez fue en noviembre, en el Luna Park”. En Tres Arroyos lo vio el mencionado año y en la Fiesta del Trigo en 2016.
La intervención en el Teatro Don Bosco se concretó de manera espontánea. “Las fans, mis amigas, gritaban ‘¡que suba Lucha!’. El me invitó a cantar, ya me conoce porque lo sigo y me identificó desde el escenario”, recuerda.
En tales circunstancias, Luciana le dijo a Axel “¿te animás a cantar algo de los Beatles? Me miraba y se reía. ‘Oh! Darling’ tiene un significado para ambos, los Beatles son tomados por él como uno de sus referentes y yo cuando comencé con la música mi primera canción fue justamente ‘Oh! Darling”.
Con satisfacción, señala que “salió espectacular. Axel incluso lo dijo ante el público y lo destacó en un portal. Hubo gente que preguntó si lo habíamos ensayado, salió así en el momento. Tuvo una repercusión muy linda, para mí fue una oportunidad única”.
Es la única en Tres Arroyos que lo ha seguido en numerosas presentaciones. “Antes había otra chica pero dejó de asistir, por ahí no se puede o elegís otros caminos. Pertenecí en su momento a un fans club de Axel de Bahía Blanca, pero se me complicó porque tenés que viajar a las reuniones seguido, por cuestiones laborales y de estudio no pude continuar”, afirma.
Las responsabilidades que ha ido asumiendo llevan a que “a veces se complica un poco movilizarse. Pero trato de estar cerca, en la medida de las posibilidades”.
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Los límites
Años atrás sufrió ataques de pánico y en 2016, “un episodio detonante” la llevó a asistir a un profesional médico. “Me evaluaron y dieron un diagnóstico”, menciona.
En este marco, dio sus pasos iniciales con la música. “Primero lo tuve como profe a Luis Pintos, empecé como musicoterapia para abordar esto de la salud mental que a veces es tan poco hablado. Los ataques de ansiedad, pánico o fobia social, hay un montón de tipos”, sostiene.
Cuando Pintos “se fue a Buenos Aires”, Luciana dio continuidad a las clases con “otro profe que vino, Nicolás David. Hasta el día de hoy sigo estudiando con él”.
Halló un espacio y un arte que le hace mucho bien. Subraya que “nunca pensé que me iba a atrapar tanto el mundo musical. Después uno empieza a atar cabos. Tengo mi mamá que es profesora de piano, creo que viene un poco por ese lado”.
En perspectiva, observando el camino recorrido, destaca que “pude superar un montón de miedos, en realidad los límites se los pone uno, muchas veces es la cabeza. Si uno abre la cabeza puede volar libremente”.
Hay muchas razones para sentir alegría. Dice que “gracias a Dios ando mucho mejor, trato desde mi lugar ayudar a otros que están atravesando lo mismo. Mi palabra puede ser positiva para que otro pueda contarlo”.
Luciana reflexiona que “va más allá de la intervención médica. El acompañamiento lo necesitas en algún punto siempre, pero después te tenés que amigar con ese fantasmita que te vino a decir algo, a advertir lo que no está bien en vos, que debes modificar determinadas conductas o lo que sea. Lo descubre cada uno con la terapia o lo que elija para transitar la ansiedad”.
Considera que para avanzar es muy importante “rodearte de personas que te sumen, sean positivas y cooperen, que hagan que esa mochila que uno lleva quede un poco más liviana. Que el transitar sea más fácil para mí o para el que le esté pasando, al igual para para los seres queridos, porque la familia sufre y los amigos la pasan mal porque no saben, no tienen herramientas. Está bueno contar la experiencia, visibilizarlo y hablarlo. Yo me animé en su momento”.
Hacia adelante
El cambio le otorgó más seguridad y le permitió animarse a “llevar composiciones propias al estudio, letras. Antes no lo hubiera hecho. Estamos trabajando en una en particular que escribí sobre una tía mía que falleció. Lo que trato es dejar un mensaje a quien te está escuchando, si le pasó o está atravesando lo mismo, que se sienta acompañado. Más allá de que esa persona no esté físicamente, se encuentra presente en algún lado o de cierta manera”.
Busca con las letras “tender una mano, escuchar y dar una palabra”. Cantó en pubs, “en bares chiquitos, algunos siguen abiertos y otros cerraron”, y en 2018 estuvo en el escenario del Teatro Municipal con Nicolás David. Comenta que “tratamos de hacer dos presentaciones al año para mostrar lo que fuimos aprendiendo”.
Otra de sus iniciativas ha sido anotarse en ediciones anteriores de la Fiesta del Trigo. “El año pasado fue la primera vez que me animé, no canté en el escenario mayor pero fui al Patio Cervecero, donde armaron un escenario. Estuvo lleno y me sirvió para crecer porque estoy acostumbrado a cantar en lugares cerrados”.
Entre otras actuaciones, cantó además el Día del Maestro en la Escuela 8 y en el Instituto Superior de Formación Docente Nº167.
Al hablar de su formación, dice que en los inicios realizó una introducción a la guitarra y al ukelele, pero “necesité decir lo que me pasaba a través del canto, expresarme de esa forma”.
Luciana relata que en algunas ocasiones, en el marco de los recitales, cuando pudo conversar con Axel, el músico le dijo “’tenés que tratar de buscar esa sanación mediante tu voz. Ya sea escribiendo, contándoselo a alguien’. Cuando le dije que había empezado canto se puso re contento”.
Además de la valoración como artista, le otorga relevancia a que “siempre tuvo una palabra positiva para conmigo y me dijo no hay nada que no pase, todo en la vida es temporal. Me dio un impulso hacia adelante”.
Lo logró. En los primeros ensayos “miraba hacia el suelo, entonces la voz no sale igual, la respiración cambia. De a poco fui mejorando con técnica y con el profe en su momento Luis Pintos acompañando. Con él arranqué, me fue apuntalando”.
Es consciente de que “tenés que relajarte. Va a salir como tenga que ser, pero siempre relajado. Después se aplica, por supuesto, la técnica musical que uno pueda aprender”.
Describe cómo incide la postura, la respiración. Y que “nunca se debe perder de vista al público. Uno interactúa desde la palabra, desde la letra, pero con la gente. Todo eso se ensaya y se incorpora con la experiencia misma”.
Los estudios y el hogar
Además de las clases de canto, Luciana realiza una carrera docente. Si no surgen contratiempos, va a finalizar este año el profesorado de educación primaria en el Instituto 167.
“He pasado por otras carreras, pero no era realmente lo que me gustaba, por un motivo u otro no las terminé -sostiene-. Y tengo generaciones de docentes, mi abuela, mi tía y mi mamá. Viene por ahí, la que seguí la actividad fui yo”.
Le gusta mucho cursar y según expresa, “me ayudó a desinhibirme y poder expresarme. Porque la fobia te hacer ser más introvertido”.
Sintió el respaldo de su familia. “Es clave. La que más me contenía y conocía era mi hermana melliza, tenemos una cierta conexión, y mi tía. Todos en realidad, pero ellas dos eran las que más me sabían llevar”, dice con gratitud.
Vuelve a plantear lo esencial que es “rodearse de gente que te haga bien” y entiende que “Axel es un ejemplo en muchas cosas”. Se trata en definitiva, de aprender a “crecer y ver más allá, en mi caso a través de la música”.
La familia Los padres de Luciana son Claudio y Rosana. Tiene una hermana melliza, Juliana; y un hermano mayor, Martín. La abuela es Josefa. Además integran la familia sus primos Delfina y Bautista; y el tío Daniel. La tía Silvina falleció y Luciana le escribió una canción, que llevó al estudio para componer con la ayuda de Nicolás David. Ella los menciona y destaca que constituyen un pilar, la base sobre la cual se afirma, con la convicción de saber que siempre que los necesite van a estar.
