Los Talibanes del Food siguen creciendo
Un sueño que comenzó en una pieza, se popularizó en un food truck y ahora tiene un salón donde más de 80 personas pueden sentarse a disfrutar de la comida. Ezequiel Perrone, propietario de Los Talibanes del Food, narró la historia de su local gastronómico
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Los Talibanes del Food, ubicado en Chacabuco 745, presentó una estética renovada, con un flamante maxikiosco, dos mesas de pool, una de ping-pong, metegol, videojuegos, mesas en salón y en patio, barra y muchas novedades para brindar un servicio completo que parte desde las 11:00 hasta la medianoche.
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Pero toda historia tiene un inicio, y Ezequiel Perrone se encontró con la gastronomía cuando terminaba su etapa como jugador de básquet, y aunque su padre siempre estuvo vinculado a la cocina, el aprendió gracias a dos amigos: “mi papá es gastronómico hace 25 años, está en la Fuente de Oro de Mar del Plata. Y yo me crié adentro. Yo jugaba al básquet y no tenía idea de lo que era la harina. Nunca había cocinado más que en mi casa. Quería dejar de jugar y le decía a un amigo ¿de qué trabajo? Y me dijo ‘ponete a panificar’. Entonces ahí fue donde empiezo con los panificados en la última pieza de mi casa. Él y otro amigo más me enseñaron, se turnaban para enseñarme”.
Con lo que aprendió comenzó a hacer primero panificados, y luego pasó a las pizzas para hornear. No erán hamburguesas, pero Ezequiel encontró su pasión dentro del servicio gastronómico: “Las pizzas para hornear las vendíamos en almacenes de la ciudad. Empezaron a tener éxito, me empezaron a pedir horneadas y pusimos una pizzería. Pero llegó un momento en el que dije tengo que hacer algo para seguir creciendo. Para abrir un local creía que no tenía la experiencia suficiente, entonces se me ocurrió hacer un food truck”.
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Food Truck
Ahora son un modelo conocido, pero en aquel momento un carro de comida que no sea de panchos no se solía ver, por lo que Perrone tuvo que luchar para establecer su carro gastronómico: “No había manera, no había ordenanza. En esa época lo máximo que había era un carro de panchos. Empecé en las playas, porque ahí sí había ordenanzas. La primera temporada la hice en Reta y después estuve cuatro temporadas más en Claromecó. Me lo hice yo al carro, y después terminábamos la temporada y volvíamos a Tres Arroyos, que tenía de carro afuera de mi casa, en el barrio Los Aromos. Así estuvimos más o menos cuatro años, y en el 2019 decidimos irnos a recorrer festivales por el país”.
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Desde cero
La resiliencia es fundamental en la vida de los emprendedores, porque los imprevistos aparecen, y muchas veces son golpes que te dejan cerca del nocaut, pero es importante no claudicar, porque después de la tormenta termina saliendo el sol.
En el 2020 la pandemia del Covid-19 provocó que toda la inversión que estaba realizando para su emprendimiento gastronómico no la pueda utilizar: “Había comprado cinco inflables, un carro americano de siete metros, más el que había hecho yo, y no podía trabajar. Vendí todo y me compré una camioneta para hacer comisiones y para vender descartables. Estuve más o menos cinco o seis meses haciendo eso, pero no era lo mío estar arriba de un asiento en la ruta, extrañaba cocinar”.
Hasta que decidió volver a dedicarse a su gran pasión, aunque tuvo que hacer un sacrificio muy grande: “Vendí la camioneta otra vez y me compré un carro de cuatro metros, que fue el carro que pusimos acá. Cuando lo compré el carro, obviamente me quedé sin plata, ahí la familia te ayuda, porque no hay otra manera, me compré otra vez una plancha, un horno, dos freidoras chiquitas y otra vez a cocinar. Ahí nos fuimos a Claromecó, a un patio de comidas en la avenida 13, volví a empezar con el carro y cuando termina la temporada volví a Tres Arroyos a buscar un lugar para poner el carro”.
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Fue en ese momento donde llegó a Chacabuco 745, donde se ubicaron mediante un comodato en un predio del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) -ya que está cerca de las vías- y comenzó el local que conocemos como Los Talibanes del Food.
Primero fue con un food truck, y fue evolucionando hasta convertirse en el salón que es hoy en día: “Para que nosotros crezcamos, seamos mejores y le brindemos un mejor servicio y un mejor lugar a la gente, a cada obra que hacíamos para mejorar algo nos aparecían talones de Aquiles. Hicimos el piso y se nos llenaba de agua, cuando cerramos había humo y olor, después hacía frío, pero todo se fue solucionando y hubo gente que entendió el proceso y nos acompañó”.
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Novedades
En este nuevo avance de Los Talibanes del Food, Perrone detalló todas las novedades que se pueden ver dentro de su local gastronómico: “Quisimos hacer algo para la familia y brindar servicio a la comunidad, porque sentíamos que acá a la redonda no hay tanto kiosco, y es otra manera de que la gente entre y conozca el lugar. Tenemos una mesa de pool grande y una chica, mesa de ping pong, metegol, consola de videojuegos, tenemos cama elástica en el patio de afuera, todos los juegos son gratuitos y para comer, adentro se pueden sentar 56 personas más o menos, y con la vereda y el patio afuera, tenemos para sentar más o menos 85 personas en total”.
Para finalizar, invitó a la comunidad a que se acerque a Los Talibanes del Food, para disfrutar de la experiencia, de un lugar donde Perrone remarcó que “hicimos que la gente vuelva a comer hamburguesas, un producto que llevamos a su máxima expresión y que hizo que sucediera todo esto. Los horarios de la cocina son de las 11 hasta la medianoche. Se puede venir a comer a cualquier hora, no se cierra la cocina, brindamos hamburguesas, lomitos, papas, rabas, bastones de muzarella, milanesas al plato y en sándwich. Con la consumición todos los juegos son todos gratis. Este es un lugar de familia, descontracturado y les puedo garantizar que, si vienen, van a comer rico y se van a llenar, que es fundamental para el argentino”.

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