Ads
  • Necrológicas
  • Policiales
  • La Ciudad
  • Deportes
  • Farmacias de turno
  • Convocatorias
  • Edictos
  • Empleos pedidos
  • Profesionales
  • Inmobiliaria
  • Sociedad
  • logo-lvpCampo
  • logo-lvp
La Voz del Pueblo

SECCIONES

  • Últimas noticias
  • Policiales
  • La Ciudad
  • Deportes
  • Sociedad
  • Claromecó / Reta / Orense
  • A. Gonzales Chaves
  • Coronel Dorrego / Oriente
  • Benito Juarez
  • San Cayetano
  • El Campo
  • Opinion
  • Nacional
  • Internacional
  • La Región
  • Interés General
  • Convocatorias
  • Edictos
  • Necrológicas
  • Empleos pedidos
  • Profesionales
  • Inmobiliaria
  • Farmacias de turno
  • Clima
  • Edición impresa
    • Claromecó / Reta / OrenseAñadir como fuente en

      Lo cotidiano se vuelve mágico

      Por Paula Marconato (*)

      31 de enero de 2026 | 22:14
      Foto de Daniel Tesone-Pinterest
      Foto de Daniel Tesone-Pinterest
      Ads

      En este verano de días y días de manejar hacia la playa si el clima nos acompaña, veo una escena que se reitera y no por ello tildaría de aburrida y tediosa.

      Ads

               Claromecó tiene la característica privilegiada de recibir el amanecer o el atardecer sobre su costa. Ver la salida del sol puede resultar un desafío, especialmente para quienes ya no acostumbran quedarse despiertos hasta esas horas de la madrugada. Sin embargo, la puesta del sol suele ser un espectáculo altamente concurrido.

               Cuando los bordes de ese fuego están a punto de besar el horizonte, comienza el ritual: de a poco, una, dos, tres personas caminan hacia el mar, casi como cumpliendo un deber laboral que excede cualquier conversación, por más interesante que sea, o cualquier mate perfectamente cebado. En una coreografía simétrica, cuatro, cinco, diez personas se levantan de sus reposeras. Un hilo invisible parece tirar de sus narices hasta ubicarlas de frente al fenómeno. Decenas de teléfonos de todos los tamaños y cámaras fotográficas con lentes enormes se preparan para capturar el mejor retrato.

               Es un momento en el que todos se convierten en fotógrafos profesionales: cómo ubican el cuerpo, cómo cambian la posición de los brazos, cómo se agachan hasta obtener la que para cada uno será la mejor imagen, la mejor obra de arte. Incluso, algunas personas se quedan quietas mientras graban el sol descendiendo hasta desaparecer, como si ese fuese el último recuerdo que tendrán del mismo.

               Están también quienes no registran más que con sus propios ojos ese acontecimiento, pero lo disfrutan con placer, algo que puede notarse en la curva de sus labios.

      Ads

               Y están, por otro lado quienes, desafiantes, continúan sus quehaceres de verano -el mate, la conversación-, ya sea porque tienen el privilegio de volver a vivirlo al día siguiente o porque consideran que aquello no marca más que el fin de una nueva jornada, pero saben que ese ocaso permanece allí como una música de fondo.

               Sea cual sea nuestra actitud frente al hecho, es innegable reconocer que todos esos instantes hasta poder ver la línea aún radiante sobre un mar que se arrastra en cámara lenta, merecen la atención digna de un espectáculo.

               Una vez finalizado, puede escucharse un tímido aplauso de alguien que quiere replicar la costumbre uruguaya. Los fugaces fotógrafos profesionales se alejan de la orilla preguntándose, tal vez, cuál de todas será la mejor imagen.

      Ads

               Para algunos, el día de playa se da por terminado, como si lo que acaban de ver fuese un mensaje de despedida. Otros, regresan a la ronda de reposeras, con mate o cerveza en mano para seguir disfrutando, ahora, de una playa cada vez más nocturna.

               Lo que queda claro es que este acontecimiento sucede cada día en una rutinaria melodía. Sin embargo, es la mirada la que des-automatiza. Es la sensibilidad de cada quien la que convierte en poético un hecho cotidiano, digno de una fotografía, una pintura o algunas palabras sobre el papel.

               Entonces, cuando los días hayan avanzado, cuando las bajas temperaturas nos alejen de las olas para volver a las responsabilidades urbanas, recordaré ese consejo sabio que me deja cada atardecer y me animaré a ver las calles, las veredas y los rostros como si fuese la primera vez, como si éstos fueran dignos de un registro artístico cada vez que los mire, y hallaré, tras el asombro, los detalles de un entorno desconocido.

       

      (*) La autora es docente en áreas humanísticas e investigadora

      Temas
      • claromecó
      AUTOR
      Foto de LaVozDelPueblo LaVozDelPueblo
      Comentarios

      Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión

      INGRESA
      Ads
      Ads
      Ads
    La Voz del Pueblo
    Añadir como fuente en
    Contactos
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    • [email protected]
    Secciones
    • Policiales
    • La Ciudad
    • Deportes
    • Sociedad
    • Claromecó / Reta / Orense
    • A. Gonzales Chaves
    • Coronel Dorrego / Oriente
    • Benito Juarez
    • San Cayetano
    • El Campo
    • Opinion
    • Nacional
    • Internacional
    • La Región
    • Interés General
    • Necrológicas
    • Farmacias de turno
    • Empleos pedidos
    • Convocatorias
    • Edictos
    • Clima
    • Edición impresa
    • ADEPA
    • ADIRA
    • DIB
    2026 | La Voz del Pueblo | Todos los derechos reservados: www.lavozdelpueblo.com.ar | +54 (02983) 430680 | +54 (2983) 522898Registro de Propiedad Intelectual (DNDA) 112580646 · Edición Nº 7134 - Directora: María Ramona Maciel - Propietario: Maciel Hermanos S.A - Av. San Martín 991 – Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, Argentina.
    Términos y condicionesPrivacidadCentro de ayuda
    Powered by
    artic logo