Le robaron la plata que guardaba en la camioneta y lo dejan en la calle
Hacía meses que llevaba la plata a todos lados porque le habían robado en su casa. Ni su hija sabía. Pero asegura que sólo pudo ser visto manipulando dólares a través de un domo de las cámaras de seguridad
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Enrique Pelleboer es un jubilado y quintero de 70 años de edad, vive desde su infancia en la casa familiar de Lisandro de la Torre al 3000. Es un hombre amable y solitario que desde el 14 de agosto atraviesa una pesadilla porque después de vender la quinta en octubre de 2025 para trasladarse a la ciudad, sufrió el robo de la plata que tenía destinada al pago de una casa donde pensaba pasar el resto de su vida.
Por estos días pasa las horas en la propiedad que vendió, pero ya no tiene con qué pagar la vivienda que había acordado comprar en calle San Lorenzo entre el 900 y el 1.000.
La plata de aquella venta, los ahorros de su vida, se los robaron del interior de su camioneta. Eran más de 37 mil dólares, su parte después de acordar una sucesión. El negocio se tramitaba en una reconocida escribanía, y hasta ya había acordado compartir las refacciones con el vendedor de su futuro nuevo hogar.
Pero con el trámite avanzado, Enrique tomó una decisión desesperada y polémica. Ocultar el dinero en su camioneta. Durante siete u ocho meses los dólares permanecieron en el portaobjetos ubicado entre los asientos, mientras se definía la operación.
Explicó que tomó esa medida por desconfianza. Pelleboer ya había sufrido tres robos –que denunció- en su domicilio y para evitar ser blanco de la delincuencia de nuevo en su casa, donde no dejaba entrar a nadie, consideró que el vehículo era un escondite seguro. “No iba a ser tan estúpido de dejar la plata en la casa sabiendo que entraron tres veces”, dijo a este diario para justificarse. Tampoco quiso comprometer a su hija, para evitarle un problema.
Fue así que trasladó la plata en la camioneta todo este tiempo, confiado en que nadie sospecharía. Porque -afirmó- que nadie más que él lo sabía.
El robo
La tarde del viernes 14, Enrique estacionó en Brown al 50, cerca del portón de un reconocido comercio, al no encontrar lugar en sus sitios habituales.
Caminó unas cuadras hacia lo de ‘Antonio’, el vendedor de la casa de calle San Lorenzo, para definir las reformas. En ese encuentro le comentó que el boleto de compraventa estaba listo para la firma en la escribanía.
Después de conversar, Enrique se retiró a las 19, llamó a su hija y caminó por Reconquista y San Martín antes de regresar a su camioneta, una Ford Ranger roja.
Al subir, un sonido inusual al lado del asiento le anunció el robo. El dinero ya no estaba. Lo desconcertante fue la ‘pulcritud’ del hecho porque las puertas no estaban forzadas y otros objetos de valor, como una batería de moto y un soplador en la guantera trasera, estaban intactos.
No habían revuelto el interior de la Ranger; fue directo al escondite del dinero. Tras el hallazgo, Enrique llamó a su hija y al vendedor de la casa, y fue derecho a la de comisaría para radicar la denuncia.
“Desorientado” por el robo, comenzó a analizar la precisión del robo. Convencido de que “nadie” de su entorno conocía el escondite -ni su hija estaba al tanto-, regresó días después a los lugares donde estacionó la camioneta esa jornada.
Al observar el entorno, observó un domo municipal de seguridad frente a donde había estacionado, a metros de la esquina de avenida Rivadavia y Chacabuco. Allí surgió su única sospecha; que alguien lo haya observado manipular el dinero y filtrara los datos precisos de su ubicación.
Contó Enrique que llevó su reclamo –por teléfono- al intendente Pablo Garate, quien lo puso en contacto con el secretario de Seguridad, Juan Apolonio.
Pelleboer se reunió con él, le planteó su duda y el funcionario le negó cualquier filtración del centro de monitoreo.
Un menor
La investigación arrojó pruebas sobre la mecánica del robo. La víctima le confió a este diario que le exhibieron videos de cámaras de seguridad privadas que muestran a un menor en bicicleta circulando a contramano por calle Alsina e ingresando a Brown.
Se trataría de un menor conocido por las fuerzas de seguridad y la justicias de Menores.
La grabación también registró el destello de luces de la camioneta, confirmando que la puerta fue abierta sin ser forzada. El delincuente menor habría sido identificado, pero dijo que las autoridades desvincularon su hipótesis respecto al domo, una postura que Enrique rechaza.
Al día de hoy Pelleboer no tiene novedades del dinero que le robaron, ni de la investigación policial, ni de la fiscalía de Menores.
El robo lo dejó en la ruina. Desechó la compra en calle San Lorenzo y no tiene un lugar dónde ir a vivir a esta altura de su vida porque debe dejar la quinta donde vivió desde chico. “Estoy en la calle, en la quiebra total”, expresó en un tono de total desolación.
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