Las heladas llegan más tarde y se van más temprano
Así surge del análisis de registros meteorológicos de la Chacra de Barrow de los últimos 10 años. La duración promedio del período con heladas en la experimental se redujo en más de un mes respecto de la serie histórica
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Un análisis de registros meteorológicos históricos de la Chacra Experimental Integrada Barrow identificó un acortamiento del período de heladas en la última década en la zona. El dato surge como parte del relevamiento de los especialistas, que abarcó registros diarios de temperatura correspondientes al período 1938 – 2025, y tuvo como objetivo “caracterizar la dinámica de las heladas en la región y profundizar en aquellas situaciones atmosféricas que favorecen episodios de mayor severidad”.
Ese repaso de la serie histórica permitió observar cambios en el comportamiento reciente del período de heladas. “En los últimos diez años, la fecha promedio de inicio se retrasó desde el 12 de abril al 5 de mayo, mientras que el final del período frío se adelantó del 6 de noviembre al 27 de octubre”, se explica en el trabajo realizado por Andrea Scavone, Jimena Berriolo y Stéfano Giaccio, investigadores de la Chacra, y que fue publicado en Visión Rural, el sitio de difusión del INTA Balcarce.
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Como resultado de ese cambio de fechas, la duración promedio del período con heladas se redujo en más de un mes respecto de la serie histórica. Para los investigadores, esta reconfiguración del calendario térmico regional plantea nuevos escenarios para la planificación agrícola y la evaluación del riesgo climático.
Julio, el más helador
En tanto, el análisis de la serie histórica permitió identificar que las heladas agronómicas se concentran principalmente durante julio, el mes con mayor frecuencia de eventos registrados en la estación meteorológica manual de Barrow.
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A partir de estos datos, el equipo también caracterizó episodios de mayor intensidad, definidos como rachas de al menos cuatro días consecutivos con temperaturas mínimas iguales o inferiores a -2 °C.
En total, la serie histórica registró 329 eventos considerados graves, con una duración media de 5,7 días y temperaturas mínimas promedio de -6,2 °C. La racha más extensa alcanzó 15 días consecutivos y la temperatura extrema llegó a -13,6 °C.
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“Si bien en los últimos diez años continuaron registrándose este tipo de eventos, el estudio no detectó tendencias estadísticamente significativas respecto de su frecuencia o intensidad”, aclara el trabajo.
Más heladas a nivel del cultivo
El estudio llevado adelante se basó en temperaturas mínimas registradas a 5 centímetros del suelo y en el abrigo meteorológico convencional ubicado a 1,5 metros de altura. Según explicaron los investigadores, las mediciones cercanas al suelo permiten representar con mayor precisión las condiciones térmicas que afectan directamente a los cultivos.
Los resultados muestran una diferencia marcada entre ambos registros. Mientras las heladas meteorológicas totalizaron 4.105 eventos en la serie histórica, las heladas agronómicas medidas a 5 centímetros alcanzaron 5.672 episodios.
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“Esta diferencia evidencia que los cultivos enfrentan situaciones de riesgo térmico con mayor frecuencia de la que reflejan los registros meteorológicos tradicionales”, se indica.
Septiembre negro
Aunque muchas veces pasan inadvertidas por la ausencia de escarcha visible, las heladas negras pueden provocar daños severos en la vegetación. A diferencia de las heladas tradicionales, las heladas negras no dependen únicamente de temperaturas extremas. “Su aparición está asociada a una combinación particular de variables atmosféricas, entre ellas amplitudes térmicas elevadas, ausencia de precipitaciones, aire seco y baja humedad relativa”, explica el informe.
A partir de estos parámetros, los especialistas identificaron en la serie histórica los episodios favorables para este tipo de fenómenos, considerados especialmente peligrosos por su capacidad de generar daños severos sin manifestaciones visuales evidentes.
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El estudio determinó que septiembre es el mes con mayor concentración de condiciones propicias para heladas negras en el sudeste bonaerense. “Este aspecto adquiere relevancia productiva porque coincide con etapas de elevada sensibilidad fenológica, especialmente en cultivos de invierno y pasturas que atraviesan fases críticas del desarrollo”.
Los investigadores también observaron que la mayoría de estos episodios tiene una duración de un día. Los eventos de dos días consecutivos fueron escasos y aquellos de tres días resultaron excepcionales dentro de toda la serie analizada.
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Anticipar riesgos
Los resultados del trabajo publicado en Visión Rural del INTA Balcarce destacan la importancia de incorporar múltiples variables climáticas al análisis del riesgo térmico y no limitarse únicamente a los registros convencionales de temperatura.
En este sentido, las mediciones a 5 centímetros del suelo y la identificación de condiciones atmosféricas favorables para heladas negras aportan herramientas de utilidad para anticipar escenarios de daño y mejorar la toma de decisiones en los sistemas productivos regionales.
“En un contexto de creciente variabilidad climática, el monitoreo de estos eventos puede transformarse en un componente estratégico para reducir pérdidas y planificar prácticas de manejo más ajustadas a las condiciones ambientales del sudeste bonaerense”, se indica en el cierre a modo de conclusión-recomendación.

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