La Tigra: confianza traicionada y un asalto que casi termina en tragedia
La doctora Natalia Dello Russo orientó una investigación que comenzó a resolverse a los pocos días de cometido el hecho
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Uno de los sospechosos detenidos había trabajado para Adrián Di Francesco durante cinco años. Ahora, la Fiscalía busca a un cuarto acusado de partícipe primario por acudir en ayuda de los ladrones puestos en fuga por la víctima
Con la detención de los últimos dos sospechosos trascendida el pasado lunes, la Unidad Funcional de Instrucción N°13 considera esclarecida la investigación iniciada tras el violento asalto sufrido por un productor agropecuario de La Tigra el pasado 10 de diciembre y, por ahora, sólo se analiza la identificación de un cuarto implicado, aunque cómo partícipe primario del hecho.
Después de haber logrado la detención de Gabriel Orozco (24) y Juan Antonio Sosa (44), la instructora judicial de la UFI N°13 que depende del fiscal Facundo Lemble, la doctora Natalia Dello Russo, aceptó compartir con este diario detalles del trabajo realizado junto al personal policial de distintas áreas de seguridad locales y su coordinación con miembros de la fuerzas municipales, acción mediante la cual se lograron las imágenes que resultaron clave en la carga probatoria con la que se llegó a conseguir las órdenes de detención emanadas por la Justicia de Garantías.
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En ese sentido, y antes de meterse de lleno en el cuerpo de una historia cargada de violencia, destacó “la inmediata intervención de las fuerzas de la Secretaría de Seguridad con el Centro de Monitoreo, porque fue prácticamente en el momento”.
Aquella mañana del miércoles 10 de diciembre, después del mensaje que le envió el personal de la SubDDI para informarle la comisión de un asalto en la zona rural con un herido de bala, la urgencia de datos precisos crecía a cada minuto, “no había exactas precisiones acerca del horario. Pudimos tomar contacto con el hijo (de Adrián Di Francesco, la víctima), que fue quien lo auxilió en un primer momento, porque fue a quién llamó (el herido). Entre los elementos con los que contábamos, también estaba la referencia del llamado al 911 realizado por Di Francesco, menos el testimonio de él, ya que estaba siendo atendido en el hospital porque tenía dos disparos en el cuerpo”.
Precisamente, en ese punto, es donde descansa el primer aspecto que la instructora coincide en marcar con el más llamativo por su grado de violencia, “cuando la víctima nos pudo relatar lo que le ocurrió, nos llamó poderosamente la atención, ya que el señor ni se resistió y le dispararon a quemarropa. Le mataron a su perro cuando el animal intentó defenderlo y después le volvieron a disparar en el tórax arriba del corazón”, un detalle que agrava la carátula por las características del ataque.
Los fueron a buscar
Según la hipótesis que se está desarrollando en el expediente que maneja la Fiscalía del doctor Lemble, en este caso hay dos coautores y, al menos, un partícipe primario porque prestó “una colaboración indispensable después del hecho”.
Una ayuda que habría consistido en ir a buscarlos después que la situación se salió de control. Cuando Di Francesco logró hacerse de un arma y empezó a tirotearse en el living de su casa, poniendo en fuga a los dos sospechosos considerados co autores del caso.
Esa inesperada resistencia de la víctima cambió los planes. La hipótesis indica que tenían la idea de irse en la camioneta de la víctima, pero ante la violencia del episodio, no lo pudieron concretar y tuvieron que escapar corriendo a campo traviesa, “en un primer momento, cuando llega la policía y se inician los rastrillajes, fueron encontrando ropa en dirección a Cascallares, entre ellas, un pantalón con manchas que podrían ser hemáticas, pero eso está sujeto a pericias”, explicó Dello Russo.
¿Pero por qué en el campo de Di Francesco? La respuesta a esa pregunta indigna. Uno de los detenidos había trabajado durante cinco años como empleado de un alambrador que, a su vez, le prestaba su servicio a Di Francesco. Así, se habría generado una idea sobre la posible existencia de dinero en la casa de ese patrón que vivía muy diferente a él, aunque nunca existió un indicio certero sobre la existencia de dinero. En el consumo de drogas se encontrarían varias respuestas a los interrogantes que surgen a medida que la mirada se acerca a los detalles del caso.
“Durante el primer allanamiento se encontraron las zapatillas con granos y ropas del acusado de su traslado en moto. Luego se hicieron otros cuatro allanamientos en simultáneo, donde se incautaron teléfonos de familias y personas vinculada a los sospechosos, donde se pudo determinar la supuesta participación de cada uno. Elementos con los que Garantías otorgó el pedido de detención de Orozco y Sosa, con sus respectivas responsabilidades”, añadió la investigadora acerca del momento en que se produjo el hallazgo de los primeros rastros en el entorno de los imputados. Tres días después sería el turno del primer detenido, Luis Alberto Mendoza, quien había sido identificado tanto por las imágenes de las cámaras de seguridad “públicas y privadas”, como así también por los testigos que lo vieron como acompañante sin casco colocado en una de las motos con la que fueron a buscarlos. El restante “chofer” es la pieza que falta encontrar para tener a todos los sospechosos entre rejas, “estábamos intentando profundizar la investigación para buscar al otro partícipe”, comentó al respecto Dello Russo, quien además señaló que, durante los allanamientos realizados para esclarecer el asalto a Di Francesco, fueron hallados distintos elementos vinculados a otros hechos,
“encontramos faltantes de otros hechos en campos”, pruebas que serán trasladadas a las otras Fiscalías que los investigan.
Justicia
Si bien Di Francesco no tomó contacto con los medios, desde la Fiscalía aseguran que “él y el hijo quieren que se haga Justicia a toda costa”, sobre todo después de la temeraria reacción del hombre que casi le cuesta la vida.
Ahora, sólo resta esperar las pericias de antenas de celulares entre otras medidas previas a la elevación a juicio de una causa caratulada “robo triplemente agravado por despoblado, por su comisión con arma de fuego y por causar lesiones graves (artículos 166 incisos 1 y 2 -2do párrafo- y 167 inciso 1 del Código Penal)”, una carátula a la que se le van a agregar las imputaciones previstas para imputar, entre otras cosas, “las portaciones y las tenencias de armas de fuego”, tanto la utilizada en el hecho, como las halladas en los allanamientos.
Así, con el tablero de sospechosos prácticamente completo y las pruebas recolectadas en el terreno integrando un expediente, la causa entra ahora en su etapa de definiciones técnicas. Mientras el Ministerio Público espera los resultados pendientes de peritajes, el caso Di Francesco marca un precedente sobre la importancia de la coordinación tecnológica y humana en la seguridad rural, acercando finalmente el alivio de las respuestas a una familia que, aquel 10 de diciembre, estuvo a solo centímetros de la tragedia definitiva.

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