La NASA fotografió una laguna rosa con forma de corazón que está cerca de Bahía, en Villarino
La imagen tomada desde la Estación Espacial Internacional muestra a Salinas Las Barrancas
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A poco más de 50 kilómetros de Bahía Blanca, en el partido de Villarino, un paisaje que muchos pasan por alto se convirtió en protagonista mundial. La NASA difundió una imagen captada desde el espacio que muestra a Salinas Las Barrancas, una laguna salada de la provincia de Buenos Aires cuya forma recuerda a un corazón teñido de rosa. Vista desde la Tierra ya sorprende; desde la órbita, directamente hipnotiza.
La fotografía fue tomada por astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional y publicada por el Observatorio de la Tierra de la NASA. Desde cientos de kilómetros de altura, la cuenca se distingue con claridad: un contorno casi perfecto y una tonalidad que varía según la concentración de sal. El espejo de agua tiene un ancho máximo de unos 10 kilómetros y es poco profundo. Tras lluvias intensas se llena, pero el fuerte sol de la región acelera la evaporación y deja al descubierto extensas planicies blancas de cristales.
Esa dinámica —lluvia, evaporación, sal— no es sólo un espectáculo visual. También sostiene una actividad económica tradicional. Según detalla el propio observatorio, dos veces al año se extraen hasta 300.000 toneladas métricas de sal, un proceso que depende del delicado equilibrio entre estaciones húmedas y secas. Cuando el ciclo se altera, todo cambia: la producción, el color y hasta la textura del paisaje.
Salinas Las Barrancas. Foto: GBA.
¿Y el rosa? Ahí entra en escena la biología. El característico tono se debe, en gran medida, a la presencia del alga Dunaliella salina, un organismo que prospera en ambientes con altísima salinidad. Durante la temporada húmeda, cuando el agua diluye la concentración de sal, el color puede virar hacia rojizos o pardos. Pero a medida que el sol hace su trabajo y la salinidad se dispara, las algas disminuyen y el ecosistema queda dominado por bacterias y arqueas que intensifican ese rosa tan llamativo.
Lejos de ser un desierto blanco, la zona alberga vida adaptada a condiciones extremas. En sus bordes crece vegetación halófila y es posible observar aves como el cardenal amarillo y el flamenco chileno, cuyos tonos también dependen de los carotenoides presentes en su dieta, compuesta por microorganismos y pequeños crustáceos. Todo está conectado, aunque desde arriba parezca un simple manchón de color.
La imagen difundida por la NASA no sólo deslumbra por su belleza. También funciona como un registro científico de cómo el clima, la salinidad y los microorganismos interactúan para modelar paisajes únicos en el planeta.
Con información de La Brújula 24

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