La fuerza del amor y la lucha de Milagros para salvar a su padre
Después de una primera etapa en Olavarría, Milagros Ibarra necesita ayuda para este nuevo desafío de su papá. La colaboración puede ser transferida al alias: ailindelavega
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La problemática del consumo de sustancias no solo consume a quien padece la adicción; arrasa con el entorno familiar, desgasta los vínculos y pone a prueba la resiliencia de quienes aman al paciente. En Tres Arroyos, la historia de Milagros Ibarra (28) se ha convertido en un símbolo de esa lucha silenciosa pero persistente. Su objetivo tiene nombre y apellido: Manuel Ibarra, su padre de 45 años, quien hoy pelea por recuperar una vida que la cocaína intentó arrebatarle.
Tras un paso reciente por una clínica en Olavarría, donde permaneció internado desde el 23 de febrero tras ser derivado desde el área de Salud Mental local, Manuel enfrenta ahora un nuevo y crucial desafío: el traslado a una comunidad terapéutica en Berazategui. Sin embargo, el camino hacia la rehabilitación no solo requiere voluntad, sino también recursos económicos que hoy exceden las posibilidades de una joven trabajadora que no baja los brazos.
El laberinto de la asistencia
La odisea de Milagros no es nueva. El primer gran quiebre ocurrió en 2020. En aquel entonces, la resistencia de Manuel a recibir tratamiento obligó a tomar medidas extremas. “Primero en 2020 lo interné yo. Lo tuve que judicializar, había pasado una situación familiar en la que yo me puse en contacto con mi tía. Obviamente fue un proceso, porque cuando una persona no se quiere atender es mucho más difícil”, recuerda Milagros sobre aquella primera internación en Tandil.
Manuel, quien se desempeñaba como empleado municipal en el área de Tránsito, logró una mejoría temporal. “Hizo un tratamiento de como mucho dos meses, y le dieron el alta, porque lo vieron bien y los médicos decían que no era una persona con un consumo profundo como para no poder salir. Él después salió, estuvo unos meses bien, y después, lamentablemente volvió a caer”, relata con la crudeza de quien conoce los altibajos de esta enfermedad.
La recaída se hizo evidente en enero de 2026. Los signos de alerta volvieron a encenderse: el aislamiento, el deterioro físico y el silencio. “Lo veía cada vez más flaquito y empecé a sospechar. Iba a la casa y no me atendía, se la pasaba todo el día durmiendo, y ahí empecé a sospechar, hasta que un viernes él mismo me pidió ayuda”.
Milagros Ibarra necesita ayuda para este nuevo desafío de su papá. La colaboración puede ser transferida al Alias: ailindelavega
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Un cambio real
Ese pedido de ayuda generó en Milagros una mezcla de esperanza y temor. “Ahí es como que dudé. Me dije ‘otra vez voy a pasar por lo mismo’. Entonces lo fui a buscar a su casa y le dije que, si realmente quería que lo ayude, iba a seguir el protocolo como te lo hacen hacer”, explica.
El sistema de salud local ofrece una contención inicial, pero a menudo resulta insuficiente para casos de consumo crónico. “Salió de él pedir ayuda en otro lado, porque en Salud Mental los tienen unos días y después les dan el alta. Entonces yo, desde afuera, me puse a averiguar mediante IOMA clínicas que se dediquen a trabajar con consumo problemático. Conseguí una cama en el Instituto Interdisciplinario de Olavarría y, desde acá lo derivamos hacia allá”, detalla Milagros, subrayando la importancia de buscar centros especializados.
Los resultados en Olavarría fueron alentadores. Manuel aumentó 8 kilos, se integró a talleres, comenzó a correr y abandonó el sedentarismo. Para Milagros, la comunicación fue estrictamente telefónica para proteger el proceso: “Siempre me comuniqué por teléfono, no quería tener redes sociales, que hoy se prestan para cualquier cosa, si vos no te desconectas del todo, es una tentación”.
Llamado a la solidaridad
Hoy, la mirada está puesta en Berazategui, donde Manuel podrá profundizar su tratamiento. Pero la logística y la medicación tienen un costo elevado. Milagros ya sabe lo que es la solidaridad de su comunidad; hace dos semanas, un video suyo se volvió viral y le permitió recaudar 400.000 pesos en tiempo récord para costear el traslado a Olavarría. “Fue increíble porque lo hice una tarde y, al otro día, ya lo tenía”, asegura con gratitud.
Sin embargo, el nuevo horizonte exige un esfuerzo mayor: se necesitan aproximadamente 500.000 pesos mensuales para cubrir medicación y gastos de internación durante los primeros tres meses, período en el que Manuel debe estar completamente aislado. “Si bien tengo trabajo, no gano un millón de pesos por mes para ocuparme de esto”, reconoce Milagros con honestidad.
Detrás de las cifras y los diagnósticos, reside el deseo más simple y humano de un hombre que quiere volver a casa. Según su hija, el motor de Manuel es claro: “Él quería recuperar su vida, el tiempo con sus hijos, tomar un mate con su familia. Todo lo que te quita la droga”.
La campaña sigue abierta. Todo aporte suma: dinero para el tratamiento, contactos de transporte para futuros viajes o alternativas para facilitar el traslado de familiares. La comunidad de Tres Arroyos tiene una vez más la oportunidad de ayudar a que un vecino recupere su lugar y que una hija, finalmente, pueda volver a compartir ese mate pendiente con su padre.

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