“La docencia nunca se jubila, se ejerce todos los días”
Jorgelina Schumacher se jubiló y contó su historia después de tres décadas enseñando en las escuelas. Cómo optó por el camino de la educación, la experiencia en las escuelas rurales y la función social que cumplen
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Por Nicolás Besimenko
Las primeras sensaciones para una persona que dedicó toda su vida a la docencia no son fáciles de describir. “Me jubilo porque no voy más a la escuela, igual me parece que se continúa. Por ahí es un poco raro, 30 años trabajando en el turno mañana y tarde, de golpe estoy sin hacer nada aunque sigo trabajando en el Instituto Superior de Formación Docente Nº 167, pero lo más fuerte es dejar la Escuela 16, que tiene un lugar muy especial en mi corazón, ya que ahí trabajé 22 años”.
Jorgelina Schumacher se jubiló esta semana después de un extenso recorrido por las aulas de la ciudad, de la zona y del campo. Como maestra de primaria ejerció su labor en las escuelas 4, 7, 29, 14, Colegio Holandés y dos escuelas rurales, la 13 y la 51. En las que más tiempo permaneció fueron en la 1 y en la 16, donde transitó la enseñanza 22 años. Actualmente sigue dando clases en turno noche, donde dicta la materia Ciencias Sociales del profesorado de Educación Primaria en el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica Nº 167.
Detrás de cada maestra, hay una historia que merece ser contada. Jorgelina, nacida en Oriente, desde chica supo que iba a ser docente por eso recuerda que su espejo fue “la seño Mónica. Siempre quise ser como ella, y sabe que yo soy docente gracias a ella”, dice con nostalgia.
Uno de los pasos que más huella le dejó fue “trabajar en escuelas rurales, la ruralidad es una forma distinta de dar clases, de acercarse a la gente. En mis inicios estuve en la 13 y en la 51 del Paraje La Constancia, ahí me tocó ser todo. Directora, maestra, auxiliar, mamá, amiga, transporte, todo. Una experiencia enriquecedora y muy distinta a lo que es trabajar en una escuela en la ciudad. Te están esperando en una parte del camino, sos la seño que los alza, que los lleva hasta la escuela, que lleva cosas. En aquel momento nos daban cajas de alimentos para repartir en las familias, organizábamos huertas para poder hacer algún viaje y salir de la escuela, fue otra experiencia. Mis primeros años estuve en el campo y fue enriquecedor”.
Su pasión trasciende el ámbito educativo porque “me encanta enseñar en la escuela, también me gusta tejer y me dedico a compartir ese conocimiento, me gusta enseñar, estar con chicos, brindar lo que sé, escucharlos”.
El día de después se llena de recuerdos, de momentos, de risas, de repasar todo lo vivido hasta jubilarse, aunque siguió en movimiento porque la jornada posterior al cese “me tocó ir a ver a las chicas del Instituto porque están haciendo la residencia, así que seguí trabajando”.
Para Schumacher “todo eso se va a extrañar, compartir con otras personas experiencias, charlar de nuestra vida. Uno en el recreo, si le está pasando algo, charla con la compañera, no solo charlamos de la escuela, de los chicos, en lo que estamos trabajando, sino que se conversa de lo que nos pasa. Eso me parece que se va a extrañar, la docencia no se jubila. Me parece que uno hace docencia todos los días de su vida, en su casa, en la calle, en donde sea. Tengo la sensación que de ser docente no me voy a jubilar”.
Para quienes están dando los primeros pasos en este oficio, les aconseja que “esto se hace con amor o no se puede hacer. Ser docente, si uno no tiene amor por los niños no es posible. Es difícil no ponerle amor a esta profesión. Hoy en día hay muchas situaciones conflictivas, problemáticas, en la familia y si uno no está atento, no escucha a los chicos, las familias que vienen con requerimientos, solamente `decir voy a trabajar` no alcanza”.
Al respecto, expresa que “en la escuela tenemos otra función, la función social, que no es solo ir 4 horas. Las familias que nos conocen van hasta nuestra casa, uno está las 24 horas haciendo docencia”.
Tener grupos de chicos muy pequeños a cargo le generó algo especial, por eso expresa su ternura por ellos al sostener que “cuanto más chiquitos, más cariñosos, es otro trato con los nenes de primer grado, es hermoso. Y ahora estoy dando clases a los hijos de mis alumnos, son nuevas generaciones”.
Jorgelina supo hacer de su profesión una herramienta para dar contención, escuchar, entender y enseñar desde la paciencia, la constancia y la amistad que se termina forjando entre docentes y alumnos.
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