La Cocinería, fruto de una búsqueda de tranquilidad
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Henky y Leo, huyendo de una cotidianeidad estresante en CABA, encontraron su hogar en Claromecó y construyeron una propuesta imperdible para la gastronomía de la localidad
Por Juan Falcone
Hicieron de la calma un hogar, y de su hogar un punto de encuentro. Así se ve desde afuera como trabajan Henky Zwaal y Leo Bulla en La Cocinería. Una propuesta que nació desde la renovación. Cambiaron su vida por completo, con la búsqueda de la desconexión, algo natural para todo vecino de nuestro distrito, acostumbrado a que quien esté a su lado sea conocido y no solo un transeúnte, fue justamente lo que estaba buscando esta pareja.
Pero comencemos por el principio. El trabajo en la ciudad de la furia era fructífero, pero después de décadas ese ritmo se vuelve hartante. “Nosotros vivíamos en Buenos Aires, en Ingeniero Maschwitz. Él trabajaba en capital, yo trabajaba en San Isidro. Estábamos medio cansados de tanto trajín y de hacer 50 kilómetros por la Panamericana en hora pico. Tardaba dos horas para ir a trabajar y dos horas para volver, era una locura”, explicó Leo.
Previo a la pandemia, allá por el 2018, empezaron a venir para Tres Arroyos. Tierra natal de Henky, y como ya estaba dando vueltas por su cabeza, alejarse de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “Empezamos a venir por un tema de la madre de él (Zwaal). Y empezamos a buscar opciones para irnos de Buenos Aires. Entonces, una de las opciones era vivir en Tres Arroyos. Buscábamos desconectar un poco de la vorágine de Buenos Aires, y ahí surge qué hacemos en Tres Arroyos, barajamos desde poner una zapatería hasta poner un McDonald’s. Pasamos por todos los rubros”.
En estos viajes a Tres Arroyos, siempre alguna pasada por la costa hacían, en ese momento es donde nació un gran cariño por las playas de Claromecó: “Mientras veníamos los fines de semana a Tres Arroyos, nos dábamos una vueltita por Claromecó. Entonces él un día me dijo de comprarnos una casa acá, para pasar los fines de semana. Yo le dije a ver, hacemos 50 km por la Panamericana en hora pico. Vivamos en Claromecó y hagamos algo en Tres Arroyos. Entonces empezamos a buscar casa acá y no había nada que me guste, como nos gustaba Dunamar, empezamos a construir una casa acá”.
Claromecó
Su primera oportunidad trabajando en la costa fue, en su momento, en el parador Borneo: “Nos tiramos de cabeza, sin saber muy bien como era. En Borneo nos fue bien, a pesar de que no sabíamos mucho. Si bien era un parador y el trabajo es distinto, es de todo el día y hay que tener más servicio de playa. Nosotros a la noche dábamos un servicio más de restaurante, con alguna vueltita un poquito más nuestra”.
A partir de ese momento, vieron una oportunidad. Al no tener la oportunidad de ser concesionarios del parador, comenzaron a cranear una propuesta propia: “Teníamos gente que nos decía a ver cuando íbamos a estar, y ahí surgió poner algo acá. Como esto es nuestro, le pusimos todo lo que pudimos con una propuesta distinta, traer algo que no esté impuesto. Eso lo decimos siempre, no hago milanesas, no hago rabas, no hago papas fritas, porque eso ya se ofrece y lo hacen bien donde están. Entonces buscamos dar una opción diferente”.
La adaptación a Claromecó fue empujada también por la pandemia, donde encontraron un lugar donde el encierro no era asfixiante como en Capital: “lo que nos ayudó mucho a adaptarnos fue la pandemia, porque nos fuimos de Buenos Aires, en vez de estar encerrados, estábamos acá, que teníamos libertad, mucho verde, tenemos el mar”.
Ya llevan algunos años como residentes de Claromecó, y su vida cambió por completo: “Esto es otra cosa. No tiene comparación. En invierno, salir y comprar algo, y por ejemplo no tenés la billetera, no importa, volvés después. Dejas la camioneta con la llave puesta, o dejas el celular en la mesa de afuera, vas a tomar un café y sabes que está ahí al volver. Eso en Buenos Aires no lo podés hacer. Otra confianza en la gente, vos acá necesitás algo y tenés un millón de personas que te vienen a ayudar, siempre hay alguien que te da una mano. Hay una conexión de persona a persona que existe, y allá no sabes ni quién vive en el departamento de al lado”.
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La Cocinería
Los colores, las sillas, las luces. Todo es único cuando entrás, y no es por casualidad, sino que es parte de esta búsqueda de reflejarse en un lugar que no es solo su restaurant, sino que también es su segunda casa: “Tenemos un público de gente grande, que le gusta salir, y queríamos lograr un lugar tranquilo, que tengan buena acústica, donde las sillas sean cómodas. Se nos fue un poco más grande de lo que pensábamos, pusimos la terraza y se fue dando la estética, volcamos también un poco lo que es nuestra casa al lugar”.
Desde aquella inauguración en 2023 todo fue crecimiento para La Cocinería. El motivo para sus dueños está claro: le pusieron corazón. “Cuando uno hace las cosas con corazón, es muy difícil que no salgan bien. Nos volcamos a la tecnología, a tener una cocina moderna, con lo máximo a lo que podíamos alcanzar y eso también es importante. Todo el esfuerzo dio su fruto porque hubo una gran respuesta de la gente”.
Sobre la temporada que pasó, se llevaron una grata experiencia, con mucho trabajo y superando las expectativas: “Realmente se trabajó muy bien. Tuvimos mucho público y a comparación del año pasado, que estábamos recién abiertos, la gente que vino el año pasado, volvió este año. Enero fue un mes brillante, febrero parecía que venía flojo, pero sorprendió y seguimos trabajando mucho hasta ahora. Lo concreto es que para mucha gente el año pasado éramos novedad, esa gente volvió y vino gente nueva, porque se corrió la voz”.
Este éxito no solo provocó miradas locales, sino que amplió la llegada de su restaurant a portales nacionales como La Nación, marcándolos como sitio de interés en la Revista Lugares. Este tipo de reconocimiento, al igual que las menciones dentro del turismo regional y provincial, los tomó por sorpresa: “Nos sorprendió gratamente, uno pone todo, pero siempre está la posibilidad de que algo pueda salir mal, y la verdad que a nosotros nos sorprendieron muchísimo las repercusiones. De la Revista Lugares nos sorprendió que les interese la historia de nosotros, cómo llegamos acá y a lo que llegamos”.
Con tantas miradas sobre ellos, se le consultó cuál creen que es el punto que la gente más ha destacado de su trabajo. “Es un todo. El lugar, la comida, la atención. Laburamos todo el día, nos dedicamos muchísimo, buscamos la materia prima que sea de calidad, estamos detrás de todo y creo que eso la gente lo valora. La gente nos conoce en cierta medida, estamos presentes en la atención. Henky los recibe y los despide, yo estoy más en la parte de la cocina, pero hay un feedback con la gente, mano a mano. Es una cosa más familiar”.
Para finalizar, aconsejaron a todo soñador que tiene en mente hacer algo propio. Sea del rubro que sea, que tenga la intención que tuvieron ellos de aventurarse a algo nuevo: “si lo haces con todo lo que tenés, con todas las ganas y toda la fuerza. Si sos auténtico, es muy raro que te vaya mal. Hay que ponerle onda y ponerle pecho, obviamente. Si uno piensa que viene a hacer temporada acá y que con eso vivís todo el año, no existe. Nadie se hace rico en una temporada. Hay que tener constancia y ser auténtico y hacer lo que a uno le gusta. En cualquier lado y en cualquier rubro”.
