Kiko de la Cal y su esposa se retiran: “Hay clientes que al enterarse nos abrazaron”
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El trabajó durante sesenta años. Mónica Nápoli ha sido su compañera en el negocio, el taller y la vida. Solo van a conservar la distribución de Vigía. El sucesor es Braian Rodríguez, de Adolfo Gonzales Chaves
Francisco de la Cal finalizó este mes su labor luego de “sesenta años de trabajo”. Junto a su esposa Mónica Nápoli, dialogó con este diario en el local ubicado en Olivero Duggan 675, donde además se encuentra ubicado el taller.
Es conocido como Kiko y casi siempre se desempeñó en actividades vinculadas con la mecánica. “Una o dos veces fui a probar suerte a Buenos Aires en una fábrica de relojes con gente amiga, pero después se pinchó todo y volví otra vez acá, que es donde nací y me crié”, recordó.
Tras finalizar los estudios primarios en la Escuela 16, se incorporó al taller que su padre Ernesto tenía en Brandsen 586. “Como estudiar no me gustaba mucho, seguí los pasos de mi viejo. Ahí arranqué”, puntualizó.
Era un taller familiar en el que también se desempeñaba su hermano José Luis. Contó que “después nos fuimos independizando, mi hermano se casó y abrió su taller. Yo cuando me casé también trabajé por mi cuenta, pero siempre en el rubro”.
El casamiento de Kiko y Mónica tuvo lugar en 1976. Un año antes, ella había finalizado el Bachillerato. “Me hubiera gustado irme a estudiar -señaló-. En ese momento no había otra opción, me encantaba farmacia, pero mis padres no podían cubrir los costos de cursar una carrera”.
Tuvieron tres hijas. Victoria, quien se encuentra en Buenos Aires; Josefina, colaboradora en el negocio; y Agustina, arquitecta que residía en Tandil y se va a radicar en nuestra ciudad.
Kiko retomó el relato sobre los lugares donde tuvo un taller. “Tras trabajar en calle Brandsen, me trasladé a Ituzaingó y Saavedra. De ahí al taller que era de Zannini, en calle Istilart en la cuadra del 900 al 1000; me lo daba porque fueron épocas duras, se había puesto todo bastante bravo. Cuando falleció mi padre, regresè a Brandsen”, explicó.
El paso posterior fue adquirir el inmueble ubicado en Olivero Duggan, la actual ubicación. “También tuvimos que remar, fue difícil. La fuimos peleando y gracias a Dios hoy estamos en un lindo momento”, destacó.
Desde 1997, es representante de productos Vigía. “Al mudarme a Olivero Dggan, como el centro me quedaba lejos, fui anexando productos de a poco, hasta que armé toda la parte de repuestos en instrumental”, mencionó.
Con la incorporación del local de repuestos, Mónica empezó a tener más participación y en mayor medida aún con la representación de Vigía, producto de la empresa Colven. “Se necesitaba mucho control en facturación, cuentas, brindar atención a la gente. Posteriormente se incorporó nuestra hija Josefina, está con la parte de lo que es satelital de Vigía”, indicó.
Kiko agradeció que “tuve la suerte de tener empleados buenos” y mencionó, a modo de ejemplo, a “Carlos Eduardo, un colaborador de primera. Cobraba y hacía los trabajos de la calle”. Mónica agregó que “es un señor que trabajaba en La Perseverancia. Nos cobró hasta hace dos años, cuando se jubiló. Ahora lo hacía Osvaldo ‘Picha’ D’Annunzio”.
Nueva etapa
Quien quedó a cargo del taller y el local es Braian Rodríguez, proveniente de Adolfo Gonzales Chaves. “Está hace tres años en el taller, hizo el curso de Vigía. Lo vi con ánimo, tenía negocio en Chaves. Le propuse a Braian que viniera, primero le parecía que era demasiado, se generó una transición”, observó Kiko.
Junto con Mónica hicieron una casa nueva. Las instalaciones de Olivero Duggan ya están completamente a cargo del sucesor. “Yo simplemente vengo cada tanto a hacer algo y nada más, para no perder el ritmo”, comentó.
Por su parte, su esposa dio a conocer que “nos quedamos con la distribución de Vigía nada más, que son once o doce agentes incluido Braian, que no pueden comprar en fábrica. Entonces nosotros les vendemos a ellos. Cuando piden algo o llega mercadería tengo que venir, pero es mucho más distendido, sin la obligación de los horarios de apertura y cierre”.
Coincidieron en que es clave “que el trabajo que haces te guste. Cuando eso ocurre, es como un hobby -dijo Kiko-. Yo sigo haciendo cosas en casa y lo hago como un hobby más que nada”.
Con emoción
La trayectoria es grande. Observó que “hay clientes que dicen que me van a extrañar”.
Se emociona al hacer referencia a los gestos de afecto. “Hay un montón de gente que no conozco y me conoce a mí, por el trabajo o por la parte deportiva, yo ando saludando a todo el mundo”, expresó.
Para Mónica es muy valioso recibir “a la tercera generación. El conocía a la gente en la época que corría en automovilismo, personas que tuvieron hijos y ahora están los nietos, se ha ido transmitiendo la decisión de venir al negocio o al taller”.
Cuando hace pocos meses empezaron a contar que dejaban la actividad, hubo clientes que “dieron la vuelta al mostrador para abrazarnos”.
En el cierre de la entrevista, sonriendo concluyeron que “esas cosas te llevan a decir ‘lo que sembramos’. Es muy gratificante”.
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En buenas manos
Braian Rodríguez agradeció la confianza de Kiko y Mónica
Desde hace poco más de tres años, Braian Rodríguez reside en Tres Arroyos junto a su familia. Su esposa es Jorgelina Villalba, de Orense, y tienen dos hijos. “Ellos en la tarde siempre se dan una vueltita, son chiquitos pero igual están empapados con el taller y la cultura del trabajo”, señaló Braian.
“Mi especialidad es saca bollos, teníamos un taller en Chaves, donde a su vez pusimos la representación de Vigía. Después nos salió esta propuesta de la familia De la Cal y estábamos con un poco de miedo al principio por los cambios, pero apostamos a migrar”, relató. En este sentido, agradeció mucho la muestra de confianza de Francisco de la Cal y Mónica Nápoli.
Contó que “desde el 1º de enero estamos a cargo del local y del taller hace casi tres años. Hice un curso de Vigía y ella (por Jorgelina) también, ahora empieza este año con toda la parte comercial. Tenemos el respaldo de la empresa Colven”.
Al respecto, comentó que un eslogan de Colven es “trabajar en familia”, sobre lo cual manifestó que “siempre asumimos cada desafío en familia, los dos a pulmón”.
En tanto, Jorgelina afirmó que “estuve trabajando en el local con Mónica un año y medio. La transición fue muy ordenada”.
Braían se inició en el taller como encargado “”para que el cliente se vaya adaptando. Conoce este lugar como lo de Kiko, la idea fue ir de a poco, que me vayan conociendo. Seguirán viniendo a lo de Kiko, siempre va a ser así, pero ya nos incorporamos a este local y en este rubro”.
Una inversión
Le otorgó relevancia a que “recibimos una empresa consolidada, con renombre y prestigio. No es el mejor momento, cuando vinimos de Chaves fue excelente, si bien el país no estaba en su esplendor. Pero ahora es más complicado”, reflexionó.
De todos modos, saben que “con trabajo, responsabilidad y esfuerzo se alcanzan los logros. Tenemos esperanza. Hoy el taller está trabajando a puertas abiertas ocho horas, pero se extiende la tarea a más de 12 horas, con el compromiso de poder salir adelante”.
Sabe que “la única forma es trabajando, esperando que todo se estabilice un poco. Buscamos cuidar al cliente con el valor de la mano de obra. Mucha mercadería que usamos es importada y entonces los precios tienen referencia en dólares. Los equipos nuevos y repuestos aumentaron mucho. Entonces nos fijamos bien al fijar el monto por el trabajo”.
Brindan atención de lunes a viernes de 8 a 12 y de 15 a 17, y los sábados de 8 a 12. “Vamos a estar tratando de interactuar un poco más con los clientes, buscar la forma de devolverles un poquito el apoyo, seguramente que en el transcurso del año va a haber algún premio. En estos tiempos difíciles es cuanto más debemos apoyar al cliente”, planteó Braian.
Por último, valoró que “dentro de la crisis y la inestabilidad económica, tuvimos una respuesta muy buena. Lo nuestro es prevenir y proteger las cubiertas que son carísimas, los motores que son carísimos. En lo que es seguridad la gente ha invertido”.
El automovilismo
Kiko de la Cal tiene una historia amplia en el automovilismo. Corrió con Diego Vassolo en Mar y Sierras, fueron campeones en “una etapa muy linda”:
Dijo que “luego seguí solo, Nelson Di Fonzo en realidad me enseñó y me hacía todo él. Primero me desempeñé con el auto de Hugo Malaccorto y después arme el Mar y Sierras de Loli Sangiorgi, salí subcampeón”.
Corrió en Turismo Carretera, TC del 40, Mar y Sierras. En la presente etapa disfruta con carreras de regularidad en Buenos Aires, a las que concurren con un grupo de Tres Arroyos. “La pasamos muy bien. No son competencias, es para despuntar el vicio”, describió.

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