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Por Marcelo Mouhapé Furné
El Papa León XIV (el estadounidense Robert Prevost) advirtió: “al mundo lo están destruyendo unos pocos tiranos”. Tiene razón. Sin nombrarlos, los personajes a los que se refiere son fácilmente identificables. Pero en las palabras de Prevost subyace algo mucho más general y mayormente inadvertido: “el hecho de que están terminando con el modelo social, jurídico, cultural, laboral, etc, etc, etc, con el que vivimos”.
¿Se acuerdan cuando el Papa Francisco pidió a la juventud que “haga lío”? Lo dijo a poco de asumir (en 2013) y significaba que las nuevas generaciones salieran de sí mismas. Ya hace 13 años Bergoglio advertía que cierta tecnología no controlada llevaba al “aislacionismo conectivo”. Con el peligro que esa falta de interacción social física implicaba, sobre todo en quienes se están formando.
En el video del tema musical “Otro ladrillo en la pared” (Pink Floyd) se ve como una cinta transporta a adolescentes diversos (caracterizado eso en lo étnico, en el peinado y en la ropa distinta) hacia una máquina que los convierte en robots. Salen con una misma máscara, idéntica vestimenta y en la actitud pasiva de estar sentados. Es la transformación de la identidad individual crítica en unidades en serie dóciles para servir a los fines de un mundo basado en la indolencia (apatía, desidia e insensibilidad ante el sufrimiento ajeno). Ese video de 1982 mostró anticipatoriamente el proceso que ocurre ahora.
Siguiendo la línea de su antecesor, el Papa León XIV señala dando a entender: “esta no es la humanidad que debe ser para los fines que Dios la creó. Unos pocos (muy poderosos) la destruyen. Reaccionemos y evitémoslo”.
Donald Trump afirmó que es Jesús y que los Ángeles son el ejército de Estados Unidos (la foto que ilustra esta nota es la imagen que subió a su red social cuando dijo ser Jesucristo). Después, ante la crítica masiva global (incluidas acusaciones de blasfemia), la borró. Enérgicamente, el Papa León XIV observó que lo dicho por Trump sobre Jesús era inaceptable. Ahí comenzó el ataque del inquilino de la Casa Blanca al pontífice.
¿Pero es solo Trump el problema?
Le corresponde a un profesional diagnosticar la condición mental del presidente de EE.UU. Su oposición, -e incluso ya hasta algunos propios-, lo califican como un desquiciado. Pero Trump preside Estados Unidos porque lo votaron 77 millones, 302 mil, 416 personas. ¿El que vota a un loco, también lo es?
Desde que asumió, Trump está provocando desequilibrios globales. Primero fueron a través de los aranceles. En 2025 también hubo una primera descarga de misiles en Irán (a centros de desarrollo de armas nucleares). Ya este año la toma de Venezuela y ahora la guerra en Medio Oriente. Putin, -con impacto más acotado al territorio europeo-, hizo lo mismo hace cuatro años al invadir Ucrania.
Pero esto inició en 2003, cuando el presidente George Bush (hijo), -con el apoyo del Reino Unido (Tony Blair primer ministro)-, atacó a Irak sin el aval de las Naciones Unidas. Ahí comenzó a desmadrarse del todo la humanidad. Ese fue el momento en el que empezó a morir la institucionalidad que la regía. Que era imperfecta, pero aun así establecía un marco de convivencia racional entre los países. Aquel “pasar el límite” de 2003 llevó a que hoy en lo político la ONU no exista. Es un mero sello burocrático.
El 22 de enero pasado Donald Trump creó el Consejo de la Paz (que Argentina integra), cuya primera reunión fue el 19 de febrero. Nueve días después el “pacifista” atacó a Irán.
El ego de Trump es útil para quienes le saben entrar. Putin hizo que el presidente de EE.UU. montara un “show invasionista” a Groenlandia para que Europa disminuyera su apoyo militar en Ucrania llevándolo a la enorme y riquísima isla de jurisdicción danesa. Eso se pactó entre los presidentes estadounidense y ruso en la cumbre de Alaska (agosto de 2025). La contraprestación de Putin era soltarle la mano a Maduro.
“Al mundo lo están destruyendo unos pocos tiranos”, advirtió el Papa León XIV
Otro que aprovechó la arrogancia de Trump para usarlo es el primer ministro israelí, Netanyahu. Lo convenció de un ataque en conjunto a Irán. Israel cumple un objetivo de máxima si se elimina al régimen iraní, Estados Unidos no. Pero como a Donald le encanta el papel de “titiritero global” aceptó. Eso generó en todo el planeta una descomunal crisis energética e inflacionaria por el cierre por parte de Irán del estrecho de Ormuz (por donde pasa el 20 % del petróleo, fertilizantes y múltiples tipos de mercancías).
Siguiendo con irracionalidades, veamos esta paradoja. El mediador entre Estados Unidos e Irán es Pakistán, que está en guerra con Afganistán. Y se ofreció a mediar Putin !!! “Los árbitros para buscar la paz son los mismos que generan las guerras”.
La falta de una institucionalidad mundial que solucione los conflictos desde lo diplomático, no solo lleva a crear “leviatanes” como Trump que se arrogan tener derecho a “resolver lo que esta Naciones Unidas no puede lograr”, sino también, -en ese mismo acto-, legitimar convirtiendo de victimarios a víctimas a regímenes criminales violatorios de los derechos humanos, como el chavista de Venezuela y el teocrático de Irán.
Desde mi óptica, el peor problema para nuestra civilización aún no se presentó (aunque se va formando). Será cuando Trump se vea rodeado y sin salida.
A Donald se le está complicando mucho su papel de líder global. La semana anterior sufrió dos golpes fuertes. El primero, la derrota electoral de uno de sus alfiles en el movimiento de extrema derecha internacional, -el presidente (pro ruso) de Hungría, Viktor Orbán-. Días después, -debido a la polémica con el líder de la Iglesia Católica por la afirmación de que era Jesús-, la primera ministra italiana, -Giorgia Meloni-, se alejó del presidente de EE.UU. criticándolo. Meloni era el puente de Donald ante la Unión Europea (más valiosa que Orbán).
Ni hablar del cuestionamiento interno por las consecuencias para la vida de los estadounidenses que generó el ataque a Irán. El precio del combustible se disparó y eso hizo subir todo. Los “yankees”, -que ya venían criticando duro a Trump por la inflación alta-, ahora están que arden. Y con las elecciones de medio término a seis meses, la cosa a Donald se le complica demasiado.
En este contexto crítico, -y su muy probable agravamiento-, surge una pregunta inquietante: ¿qué medida extrema (aún peor que las actuales) puede aplicar Trump ante un escenario electoral interno adverso y políticamente aislado en el mundo? En la respuesta a eso entramos en una muy riesgosa dimensión desconocida, porque Donald Trump es una fiera. Y el momento en el que las fieras son más peligrosas es cuando se sienten amenazadas.
Tengo la sensación de que este 2026 nos deparará muchas más sorpresas. Y ninguna será buena. Salvo, que toda la humanidad que hoy es víctima de este contexto generado por los que el Papa León XIV acusa de “tiranos”, reasuma su responsabilidad de exigir volver a tener una “civilización humanista”. Con una institucionalidad capaz de cesar dictaduras restableciendo democracias y evitar intervenciones militares lideradas por mesiánicos.
Nos llevan a un mundo para pocos y a eso hay que oponerse, pero con métodos pacíficos. No se lucha contra violentos autócratas diseminando más violencia desde barricadas de redes sociales. Siempre el reclamo debe ser pacifista, pero firme y claro. Hay que visibilizarlo públicamente. Aceptando opiniones diferentes y respetando los derechos de todos. Esa es la mejor forma de sumar apoyos.
La canción “Papá cuéntame otra vez” (Ismael Serrano) se refiere a reclamos sociales de la década de los 60´. Con respecto al mayo francés de 1968, la letra dice: “Y bajo los adoquines no había arena de playa”. Levantar esas piedras de pavimento representaba derrumbar un statu quo opresivo para construir un mundo mejor. Uno libre e inclusivo. Aquella juventud lo intentó. “Hoy faltan quienes levanten los adoquines”.

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