Homenajearon al Almirante Guillermo Brown
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Un día como hoy de 1777 nacía en Foxford, Irlanda, William Brown, quien sería el almirante de la marina de guerra argentina y comandante de las fuerzas navales patriotas durante la Guerra de Independencia de nuestra Nación.
La vida de Brown, nacionalizado luego como Guillermo, nunca fue fácil. Siempre tuvo que luchar para conseguir sus objetivos. Quedó huérfano siendo un niño de 10 años, y allí mismo empezó su carrera naval, embarcándose como grumete en un barco estadounidense.
Adquirió una notable pericia en el mar. Siendo aún joven, el barco en el que trabajaba fue apresado por un buque inglés, y luego este a su vez por un barco francés. Brown terminó como prisionero. Escapó de la prisión de Metz usando ropaje de un oficial francés, pero fue recapturado y enviado a la fortaleza de Verdún. De allí también escapó, junto a un coronel llamado Clutchwell hicieron un boquete en el techo, que disimularon con una bandera.
Volvió a la marina mercante inglesa y se casó con Elizabeth Chitty, y los negocios lo trajeron hasta el Río de la Plata. Continuaba realizando viajes a Gran Bretaña, donde nacieron sus dos primeros hijos, Elisa y Guillermo. El negocio fue prosperando, adquirió barcos, y unas hectáreas en lo que hoy es Parque Lezama. Allí instaló su Casa del Cañón, luego conocida como la Casa Amarilla.
Su pericia comprobada en el mar llevó a las autoridades de la naciente nación a convocarlo a formar una escuadra naval. Al mando de la fragata Hércules ocupó la Isla Martín García venciendo a la escuadra española. Luego realizó el famoso bloqueo a Montevideo, logrando así su liberación. Esta victoria fue calificada por José de San Martín como “lo más importante hecho por la revolución americana hasta el momento”.
Obtuvo la patente de corso, pero sufrió lo que muchos próceres argentinos. Por supuestas irregularidades al incumplir órdenes del gobierno durante la campaña del Pacífico, perdió la fragata Hércules. Debió defenderse de acusaciones, y llegaron a embargarle sus bienes.
Pero al estallar la guerra contra el Imperio del Brasil, que en 1825 bloqueó el puerto de Buenos Aires, las autoridades volvieron a convocar al mejor marino, y acaso el único capaz de afrontar semejante desafío. No era otro que Guillermo Brown. Ya confirmado como coronel, comenzaron las acciones contra la fuerza brasileña en febrero de 1826.
10 de junio de 1826. 31 barcos brasileños se presentan en Buenos Aires. Brown, con sólo 4 buques y 7 cañoneras emprende una de sus mayores hazañas. Le dice a su tropa: “Marinos y soldados de la República: ¿Veis esa gran montaña flotante? ¡Son los 31 buques enemigos! Pero no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la Veinticinco de Mayo que será echada a pique antes que rendida. ¡Camaradas: confianza en la victoria, disciplina y tres vivas a la Patria!”. Acto seguido pronuncia una de sus frases inmortales: “Fuego rasante, que el pueblo nos contempla”.
Era verdad, la gente se había agolpado en la costa y en las barrancas para observar el combate. Era el célebre Combate de los Pozos, donde la escuadra naval argentina salió victoriosa ante la retirada enemiga, tras un arduo enfrentamiento, lleno de coraje, y con la genialidad estratega de Brown.
Un mes después, el combate de Quilmes, frente a 20 naves enemigas. Aquí se destaca la valentía del coronel de marina Tomás Espora. El buque de Brown estaba soportaba un feroz cañoneo. El almirante pronunció aquí otra de sus célebres frases: “Es preferible irse a pique antes de rendir el pabellón”. Continuó combatiendo a bordo del bergantín República, mientras las naves brasileñas nuevamente emprendían la retirada.
Luego vino el combate del Juncal, donde cae mortalmente herido en brazos de Brown el prometido de su hija Elisa, el comandante Francisco Drumond. Antes que permitir que las embarcaciones República e Independencia fueran abordadas, Brown mandó a quemar las naves y emprender la retirada.
Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, en el Río de la Plata realizó otra vez jornadas de epopeya: bloqueó a Montevideo burlando la flota inglesa, y durante la campaña naval de 1841, conocida como Guerra Grande, causó sucesivas derrotas a las naves del Uruguay que presidía Fructuoso Rivera, que había abierto hostilidades contra el gobernador porteño. El 15 de agosto de 1842 el almirante Brown, en aguas del río Paraná, en el Combate de Costa Brava, derrotó a una fuerza naval riverista, compuesta por lanchones, que era comandada por el corsario italiano Giuseppe Garibaldi, que estaba exiliado en Montevideo. “Déjenlo escapar, ese gringo es un valiente” fue la orden que Brown impartió a sus subordinados cuando pretendían perseguirlo para ultimarlo.
Ya completamente retirado, sufriendo la muerte de dos de sus cuatro hijos, y de su esposa, Brown se dedicó a la agricultura en su quinta. Comenzó a escribir sus memorias. A fin de enero de 1857 se sintió morir, a tal punto que hizo llamar a su amigo, el compatriota padre Antonio Fahy, para que le suministrase la extrema unción. Falleció en los primeros minutos del 3 de marzo de ese año. Lo acompañaba su compañero José Murature, a quien le dijo: “Comprendo que pronto cambiaremos de fondeadero, ya tengo práctico a bordo”.
Este es un sentido homenaje de la Agrupación Browniana Claromecó al padre de la patria en el mar, el héroe Guillermo Brown. Desde la organización dejaron una ofrenda floral en el monumento ubicado en la rotonda donde confluyen las avenidas Ameghino y Caseros.
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