Homenaje a los preceptores: Pilares silenciosos de la escuela secundaria
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Todos recordamos del paso por la escuela media, la figura del preceptor. El o la que nos cuidaba la inasistencia, que intercedía ante nuestros padres y que mediaba con los profesores. Hoy 19 de septiembre, en su día, la EES 1 quiere honrar esa función tan importante de nuestra educación secundaria
Cada uno de los actores de la escuela secundaria tiene un rol fundamental. Son piezas de una gran rueda, y no puede faltar ninguna para que la escuela avance y siga girando. Todos y cada uno, somos claves y necesarios en el lugar que nos toca estar. Sin embargo, a lo largo de los años y después de haber trabajado en muchas escuelas, encontramos un grupo de docentes cuya tarea, aunque a veces pasa desapercibida, resulta primordial para el día a día de los estudiantes, profesores y equipos directivos: los preceptores.
Su rol va mucho más allá de la organización administrativa. Son quienes acompañan las trayectorias escolares, escuchan, contienen y orientan a los adolescentes en una etapa de grandes desafíos. En muchos casos, son el primer rostro que los chicos encuentran al llegar a la escuela, y el último al despedirse. Entre llamados de asistencia, controles de horarios y organización de actividades, también se hacen un tiempo para preguntar cómo están, para ofrecer un consejo o simplemente una palabra de aliento.
Los preceptores son testigos cercanos del crecimiento de los jóvenes: celebran sus logros, acompañan sus dificultades y sostienen con paciencia y compromiso la vida escolar cotidiana. Su tarea, silenciosa pero imprescindible, teje un puente entre la institución, las familias y los estudiantes, garantizando que la escuela sea un espacio de cuidado, respeto y aprendizaje.
Un preceptor, sabe dónde está todo, encuentra, ordena, recicla, decora y pone magia a las carteleras. Hace ese llamado oportuno que te devuelve el alma al cuerpo y ante una emergencia saca de no sabes donde la solución y se esmera por cuidarte.
Cuando tenés la alegría de encontrarte con preceptores que dan su ciento por ciento en la escuela, todo funciona mucho mejor. Cumplen un papel pedagógico y formativo que muchas veces no se reconoce en su justa medida. Educan con el ejemplo, regalan una sonrisa, solucionan problemas. Escuchan gritos y los transforman en charla. Son mediadores en los conflictos, generadores de confianza y promotores de la convivencia escolar.
También facilitan la integración de los estudiantes, ayudan a sostener la disciplina sin perder de vista la empatía y ofrecen orientación cuando surgen dudas o inseguridades propias de las adolescencias.
Su labor está marcada por la cercanía: conocen a cada estudiante por su nombre, saben de sus realidades personales, detectan ausencias, advierten cambios de conducta y son los primeros en tender una mano cuando algo no anda bien. Dice C. Kaplan, una conocida educadora e investigadora: “Educar es conmoverse, afectarse, comprometerse, poner el cuerpo y el corazón, (…) es crear puentes con la cultura, con los otros donde el afecto es un mediador imprescindible”. Esta presencia activa y comprometida convierte a los preceptores en verdaderos guardianes del derecho a la educación, porque sin su seguimiento cotidiano muchas trayectorias escolares se verían interrumpidas.
En tiempos donde la educación enfrenta múltiples desafíos, reconocer la labor de los preceptores es también reconocer la importancia del vínculo humano en la enseñanza. Ellos son la mano tendida, la mirada atenta, la voz que calma y orienta. Por eso, este homenaje busca poner en valor su entrega cotidiana y recordar que la escuela no podría ser la misma sin su presencia.
En la escuela se contiene, se acompaña y se previene; y en esto, los preceptores son especialistas. A todos los que conocimos en nuestros años de docencia y con quienes compartimos el maravilloso mundo de la escuela secundaria, les rendimos este pequeño homenaje. Nuestra gratitud y la de todos los colegas que comparten la felicidad de contar con ellos.
Visibilizamos en su día a quienes hacen nuestro día a día más fácil. Imposible pensar la escuela secundaria, sin nuestros queridos preceptores. Para ustedes, un aplauso de pie.
Por el equipo directivo de la Escuela de Educación Secundaria 1
