“Historias Desobedientes”: la valentía de mirar de frente lo que fue silenciado
El Museo Mulazzi estuvo colmado en la charla de Gonzalo Fichera y Néstor Rojo, integrantes del colectivo de hijos, hijas y familiares de genocidas y represores de la última dictadura militar. “Nos une el compromiso ético de no transar con la muerte y la tortura”, dijo Gonzalo. La propuesta fue organizada por los profesorados de Historia y Geografía del Instituto 167
:format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/historias_desobedientes_1.jpeg)
La pregunta aparece en el inicio de un pequeño video sobre el colectivo “Historias Desobedientes”: ¿Qué harías si descubrieras que un familiar tuyo es un genocida? El martes pasado, Gonzalo Fichera y Néstor Rojo contaron en Tres Arroyos qué hicieron ante esta situación. Ambos son integrantes de “Historias desobedientes” y fueron invitados a brindar una charla por los profesorados de Historia y Geografía del Instituto Superior de Formación Docente Nº167.
El encuentro se llevó a cabo en el Museo Mulazzi, que estuvo colmado e incluso hubo asistentes de pie debido a la gran convocatoria. La presentación fue realizada por la profesora Verónica Marchetti, mientras que luego intervinieron junto a los disertantes las profesoras Nélida Scotti y Gisele Petersen.
La propuesta tuvo lugar en el marco del proyecto de extensión del Instituto 167 sobre “la construcción de identidad a 50 años del golpe”. Por primera vez, miembros de “Historias Desobedientes” compartieron su testimonio en nuestra ciudad.
:format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/historias_desobedientes_4.jpeg)
Una nueva voz
Verónica Marchetti recordó en la apertura que en mayo de 2017 “la Corte Suprema de Justicia de la Nación resolvió aplicar el beneficio conocido como ‘2x1’ a Luis Muiña, condenado por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. Esta decisión fue interpretada por amplios sectores de la sociedad como un retroceso en materia de justicia, ya que podía favorecer la reducción de penas para represores condenados. Como respuesta, el 10 de mayo de ese año se realizó una multitudinaria movilización en distintas ciudades del país en defensa de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia”.
En este contexto, “comenzó a visibilizarse una voz hasta entonces prácticamente ausente del espacio público: la de los hijos e hijas de represores. Entre quienes participaron de aquella marcha se encontraba Mariana Dopazo, hija del represor Miguel Etchecolatz. Su decisión de manifestarse públicamente contra los crímenes cometidos por su padre tuvo una enorme repercusión mediática y social. Su testimonio permitió que otras personas que atravesaban experiencias similares comenzaran a reconocerse mutuamente y a establecer vínculos”.
Así nació “Historias Desobedientes”. Una de sus principales impulsoras fue Analía Kalinec, hija del represor Eduardo Kalinec (ver recuadro). No es únicamente un espacio para expresar vivencias personales, sino que se llevan adelante diversas iniciativas. En noviembre de 2017, el colectivo “presentó en el Congreso Nacional un proyecto para modificar el Código Procesal Penal con el objetivo de permitir que hijos e hijas de represores pudieran declarar contra sus familiares en los juicios por delitos de lesa humanidad”.
Uno de los aspectos destacados es que “aporta una nueva voz a las disputas por la interpretación legítima de los años setenta y reafirma el compromiso con los principios de Memoria, Verdad y Justicia que sostienen la democracia argentina”, señaló Verónica Marchetti.
Barreras, pactos
Gonzalo Fichera reside en Olavarría y es hijo del teniente coronel Antonio Fichera (fallecido en 1999), quien tuvo bajo su órbita varios centros clandestinos de detención. Durante la charla, planteó la necesidad de “salir de ese silencio” y subrayó: “nos une ese compromiso ético de no transar con la muerte, la tortura. Lo que hizo alguien a quien queremos, yo quise a mi papá”.
En este sentido, observó que “hubo que dividir, trazar la línea. Es muy difícil, por un lado viene el afecto y por otro lo que uno elige para su vida, para no tapar. El mandato era ‘de eso no se habla, no se sabe que hizo tu papá, no preguntes de eso, no digas nada’. Para salir de ahí hay que romper muchas barreras, familiares, de amigos. Abrir un nuevo camino”.
En su reflexión, agregó que “quedarse ahí también era soportar ese silencio sepulcral”. Su inquietud comenzó mucho antes del nacimiento de “Historias Desobedientes”, en la década del ’90 cuando su padre fue nombrado asesor del Ministerio de Defensa en el gobierno de Carlos Saúl Menem, cargo al que renunció en 1997.
“Papá quedó impune, muchos de sus subordinados fueron sí juzgados, están presos, pude acceder a la causa”, explicó. Dos décadas después nació el colectivo, lo que significó “estar con hermanos, hermanas, compañeros. Hasta ese momento es como que andaba solo”.
Néstor Rojo nació en Azul y supo de adulto, tras realizar un juicio por su identidad, que es hijo de Mario Rubén Maiti, comisario de la policía de la provincia de Buenos Aires que fue condenado en la megacausa Base Naval de Mar del Plata (falleció con arresto domiciliario).
Maiti era en la estructura familiar su padrino. Antes de descubrir la verdad y confirmarla con un ADN, Néstor se crió y vivió durante décadas con un hogar integrado por quien consideraba su papá, Oscar ‘Cacho” Rojo, policía que murió en 1996 y cuyo jefe era Maiti. Su madre es Olga Chaves.
Néstor se casó en marzo de 1995, trabajaba en la agencia de recaudación de Buenos Aires, tuvo tres hijos, formó una familia. Sus sospechas acerca de su identidad tuvieron origen mucho después, en 2016, por lo cual concretó una investigación y recurrió a la Justicia.
“Para mí es un genocida, no tiene otra palabra. Ahí tomé el camino de la Memoria, la Verdad y la Justicia. A posteriori, me sumé a ‘Hijos desobedientes’”, afirmó.
Sobre su madre, comentó que “no es digna de mi amor mientras mantenga el pacto de silencio. Le dije a mis hijos que si querían seguir tratándose con su abuela lo hagan, desde entonces yo jamás volví a hablar con mi mamá. Vive todavía y piensa morir con un silencio cómplice”.
:format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/historias_desobedientes_2.jpeg)
“Dando vueltas”
Tras describir la formación de “Historias Desobedientes”, Gustavo Fichera contó que “yo no sabía que existía. A partir de un artículo de Página/12, un amigo me dijo ‘esto es para vos’. Me contacté, empecé a trabajar con el grupo para difundir nuestra idea”.
En 2018 organizaron el primer encuentro internacional, oportunidad en la cual “vino una compañera de Alemania que era nieta de nazis, había escrito un libro. Participaron compañeros chilenos y empezó a armarse allí también ‘Historias Desobedientes’. Luego en Uruguay, Paraguay, Brasil, España”.
Gustavo valoró que “el grupo participa en muchas actividades y lo abrimos a familiares en general” y puntualizó que “en las marchas del 24 de marzo, la gente se acerca o a veces nos mira de lejos. Cuando se empiezan a dar cuenta de las razones que nos llevan a intervenir, es un momento de encuentro”.
Al respecto, relató que “la cosa más linda que me han dicho es ‘ustedes son la muestra de que ganamos’”. Otra persona le comentó que apreciaba mucho la decisión que tomaron, porque se había preguntado muchas veces “qué hacía la familia de militares mientras tanto. Son cuestiones que dan sentido a esta tarea”.
Concretaron encuentros en la Facultad de Derecho de la UBA y están preparando una nueva convocatoria internacional, con la certeza de que “hay muchos más desobedientes”.
Por su parte, Néstor Rojo dijo que “cuando Néstor Kirchner bajó en 2004 los cuadros de Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone me conmovió. En ese momento, yo no sabía nada sobre mi padre biológico”.
Su decisión de condenar los crímenes de lesa humanidad cometidos por sus familiares generó una ruptura “Transito un camino de dolor, me quedaron una hermana y dos sobrinos”, manifestó.
Debió reconstruir su vida de grande, “en una ciudad como Azul”. Con gratitud, exclamó que “personas como ustedes, los Derechos Humanos y los compañeros de militancia me abrazaron, me conmovieron, me acercaron y me dijeron acá estamos para vos”.
Gustavo se mostró sorprendido por “tanta gente. Parecen temas viejos, de hace mucho tiempo, sin embargo están acá dando vueltas. Parece que ya pasó, ya está, pero nos sigue doliendo y seguimos sanando, sacando las heridas afuera que es la mejor forma”.
Pudo entender que los hijos no tienen culpa por lo que hicieron sus padres: “Muchos transitamos con la culpa todo este proceso, es un tema que hablamos varias veces. Estar acá también es seguir sanando, compartiendo. Infinitas gracias por escucharnos”.
En el cierre de sus palabras, expresó que “hay que abrir la sanación y la posibilidad de transformación”.
:format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/historias_desobedientes_3.jpeg)
El libro “Desobediencia de vida” reúne textos de un taller de escritura con integrantes de “Historias Desobedientes”; fue publicado por Editorial Chirimbote y compilado por Verónica Estay Stange. “Llevaré su nombre” es obra de Analía Kalinec y se realizó a través de Marea Editorial
0-0-0
El padre de Analía Kalinec
La principal referente de “Hijos Desobedientes” es Analía Kalinec, hija del ex policía Eduardo Emilio Kalinec, conocido como “Doctor K”, condenado por secuestros, desapariciones y asesinatos durante el terrorismo de Estado.
Es maestra, licenciada en Psicología y profesora de Enseñanza Media y Superior en Psicología, por la UBA. Escribió el libro “Llevaré su nombre”.
Tuvo en 2005 la primera noticia sobre quien era su padre. En declaraciones al programa “No dejes para mañana”, de Radio con Vos, recordó que “me llamó mi mamá y me dijo que mi papá estaba preso. Yo hasta ese momento no lo vinculaba con la dictadura. Nací en 1979, crecí en años de impunidad y en un círculo social muy aislado de los reclamos por Memoria, Verdad y Justicia. Para mí era imposible que él hubiera hecho algo malo”.
Durante poco menos de tres años lo fue a visitar, “pensando que no tenía nada que ver. En 2008 se elevó la causa a juicio oral y yo pude leer los testimonios de las víctimas de mi papá. Ahí fue un punto de inflexión”.
Su postura absolutamente contraria a los hechos cometidos por su padre, la llevaron por “caminos muy distintos con mi familia”. En 2015 falleció su mamá, su padre desde la cárcel y sus dos hermanas, ambas policías federales, “iniciaron acciones legales para declararme indigna, por lo que no podía heredar de mi mamá”.
Eduardo Emilio Kalinec fue condenado en 2010 a prisión perpetua por torturas y homicidios cometidos en los centros clandestinos Atlético, Banco y Olimpo. En diciembre de 2025, la Cámara Federal de Casación Penal le otorgó la libertad condicional, medida que fue confirmada en mayo de este año.
:format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2026/06/historias_desobedientes.jpeg)

Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión