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Allá atrás, épocas de Tato Bores. Tato decía que cuando había golpe de estado las amas de casa iban a la despensa y hacían una buena provisión, y todos sintonizaban Radio Colonia. Aclaro: las emisoras argentinas pasaban marchas militares. Oh subdesarrollo, oh repúblicas bananeras. Eso era todo. Los milicos eran un partido político más, o quizá el telón de fondo de la renqueante política argentina.
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Un empleado nuevo en el Automóvil Club porteño vio llegar jeeps y tanquetas verde oliva, se puso blanco y corrió a avisar a su jefe. “Mirá pibe, nosotros tenemos la principal red de comunicaciones de todo el país. Acostumbrate, no pasa nada, vienen cuando hay golpe”.
El partido militar tenía su interna: azules y colorados. Unos a otros llegaron a bombardearse, hablo de bases donde había conscriptos. Teniendo yo unos 16 años salí de Azul hacia Tres Arroyos y me topé una montonera de autos: habían bombardeado un puente sobre la Ruta 3. Ahí me calenté, no me molestaban esos juegos de guerra, pero arruinar un puente carretero para que no pasaran tanques ya iba de castaño a oscuro. Inútiles inveterados, ingenieros que se apersonaron dictaminaron que se podía transitar por un costadito, por donde pasamos con mi tío al volante.
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Así era la vida. Tan así que un 24 de Marzo, estando yo el La Plata, la radio dijo que había llegado el esperado golpe de estado. Y me consolé: “Bueno… por lo menos se van a terminar las muertes”. Porque la Triple A venía haciendo una carnicería. Niños de pecho al lado de los que llegaban con “total normalidad”, como tituló Clarín. No imaginé “qué” eran los golpistas, del mismo modo que Videla no imaginó que a él lo esperaba un inodoro sin tabla a modo de valoración de su campaña. Bueno, tampoco yo soy fotogénico.
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Pero el mundo cambia. De país bananero pasamos a que nos compararan con la Uganda de Idi Amín, aclarando que este último ganó su poder combatiendo. El cambio comenzó: mucho le debemos a Alfonsín, mucho más a Néstor Kirchner y un poco más arriba a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Porque ahora nos ven como lamebotas de Trump y de Israel, más leve que los vuelos de la muerte. Claro, Irán nos volverá a pasar la cuenta. En fin…
Siempre supe que, frente a una organización jerárquica, la responsabilidad por –pongamos- un delito penal no sube automáticamente ni por el mero hecho de ser alguien superior. Si fuese así, dicen los que saben –como burla- la responsabilidad la tendría dios-. Es absurdo. Refiriéndose a CFK Bielsa (el abogado) decía algo así y levantaba el índice hacia arriba. Habla muy rápido.
Dicen que el buen periodista hace tres chequeos, yo soy amateur e hice dos. El último al Dr. Guillermo Torremare, presidente de la APDH a nivel nacional. El problema fue que iba viajando y había lomadas, de modo que la grabación quedó con algunos baches, que acomodé. Aclaración para mis criticos: no manejaba él. Quedó así: “En la provincia de Santa Cruz se asignó una obra a una determinada persona a través de un procedimiento en el que la presidenta no intervino. Pero la sentencia que condena a CFK dice que ella es culpable, no por haber realizado el delito, sino porque tenía el deber de evitar que el delito se produjera. Eso, teniendo en cuenta la cadena de competencias que hay, es un disparate que demuestra la intencionalidad política de la condena.”
“CFK no es la persona encargada por la Constitución Nacional, las leyes y los decretos, de firmar contratos y ordenar pagos a privados, y por lo tanto no puede ser considerada autora responsable de la defraudación, si es que esta se hubiera comprobado”. Me aclara que se trataron otros temas, todo lo cual no fue analizado por la Corte. Dr. Torremare: si incurrí en algún error lo aclaramos, aunque el tema es muy claro, sin vericuetos. Y hago mía la opinión de Torremare. Pero voy al golpe blando, el lawfare.
Un trámite judicial tiene siempre una instancia superior. Eso hasta la Corte, que puede aceptarlo o no. No acepta las cuestiones que manifiestamente no corresponden a la Corte, pues un recurso extraordinario no es una apelación y se tratan puntos muy determinados, que pueden no existir. Si lo acepta, lo trata y puede o no hacer lugar, con la correspondiente argumentación. Ergo, cuando no lo acepta, aplica sin explicaciones el famoso 280, equivalente a una patada en el trasero con el empeine. Ese le aplicaron a CFK. A ver, aceptarlo para rechazarlo implicaba quizá un disparate más grande que tratar de explicar algo. Y como ya están en el piso del desprestigio mandaron el 280. Chau.
(Compañero corrector: en mi diccionario dios va con minúscula. Gracias).

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