El Rosario, vacas “llave en mano” aptas todo terreno
La especialidad de la cabaña de San Francisco de Bellocq es la vaca Angus PC de segundo parto que sale a venta lista para ser madre en cualquier ambiente. Un proyecto ganadero que Leonardo Díaz inició con la excusa de usar los bajos del campo familiar y se transformó en un sello de calidad. Hoy sus vientres se venden en distintos remates Premium y la genética no desentonó en su debut en la pista de Palermo
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Por Juan Berretta
“Yo vendo lo que a mí me hubiese gustado comprar hace 20 años, cuando era comprador de madres. Esa es la mejor definición de lo que hacemos en El Rosario”.
La frase lleva la firma de Leonardo Díaz, y también tiene toda su impronta, su pasión y su experiencia. El productor agropecuario tresarroyense desde hace varios años ha conseguido lo que es tan difícil en un negocio como el de la ganadería: instalar su marca. Y disfruta de esas mieles. De esas vacas Angus, sería en su caso.
“Hoy puedo decir con satisfacción que El Rosario es un nombre conocido en el ambiente. No digo que a todos les gusta lo que hacemos, pero sí que la gran mayoría nos conoce”.
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¿Qué es lo que hace Leo en una buena porción del campo familiar ubicado en San Francisco de Bellocq?
“Hoy produzco y vendo una vaca puro controlado de segundo parto criada; que se inseminó a los 15 meses, que parió un ternero a los 24 meses, que se volvió a preñar a los 27 meses y que a los 36 meses sale a venta parida o preñada, dependiendo la fecha del remate, y lista para producir en cualquier ambiente”, detalla.
“Nuestro producto es una vaca adulta, hecha, y que está gestando o criando un ternero”, asegura. Preñar una vaquillona joven no es el secreto. El desafío es volver a preñarla con su primer ternero al pie, porque es donde se demuestra la fertilidad del rodeo”, agrega.
Madres todo terreno
Enclavado en una zona del partido de Tres Arroyos con suelos con aptitudes agrícolas, Leo ha tenido que escuchar más de una vez que sus vacas se crían comiendo alfalfas, subestimando la capacidad de adaptación de esos vientres a otros ambientes. “Algunos me han dicho, en San Francisco de Bellocq cualquiera cría vacas”, recuerda.
Y ahí, frente a ese productor, él entiende que tiene una gran oportunidad. “Yo siempre les digo, ‘llévenlas, pruébenlas, van a ver que esta es una vaca preparada para incorporarse a cualquier rodeo comercial en cualquier zona porque se va hecha, no se tiene que criar. Es una vaca que está totalmente terminada’”.
Clientes más al sur de Bahía Blanca, en el oeste bonaerense, en la provincia de La Pampa, en Entre Ríos, todos con muy buenas devoluciones y la mayoría reincidentes en la compra hacen que Leo pueda afirmar con satisfacción que “el producto que hacemos funciona. Por eso queremos que la gente lleve esta vaca y la pruebe”.
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Haciendo un paralelismo con la agricultura, podría decirse que El Rosario produce un speciality dentro del negocio ganadero. Y eso fue lo que le permitió lograr un plus de precio al vender, mejorar la rentabilidad y hacer que en un campo agrícola, las patas pisaran fuerte más allá de los bajos y empezarán a discutirle superficie a los cultivos en tiempos en los que los granos eran los que tenían los números en verde. Hay que recordar que el boom ganadero comenzó apenas hace poco más de un año…
Más largo que un rosario…
Cuando en 1947 Julio Díaz Alonso, el abuelo de Leo que había llegado diez años antes de España, compró el campo de 1.500 hectáreas decidió llamarlo El Rosario. Según fue pasando de boca en boca en la familia, “cuando entró por primera vez y vio la falta de alambrados, de aguadas, de infraestructura, producto del atraso y de la época, dijo que poner en marcha el establecimiento iba a ser más largo que un rosario”, cuenta su nieto.
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En 1973 Julio falleció y quedaron al frente de la explotación Horacio y Nora, el papá y la tía de Leo. “Ellos usaban la mitad del campo para la cría y engorde de novillos y la otra mitad se arrendaba para agricultura. Así funcionaron hasta 1992, cuando la rentabilidad casi había desaparecido y decidieron arrendar todo”.
Algunos años después, en momentos en los que la tierra valía poco y nada, Horacio le avisa a Leo que iba a tener que vender una porción del campo porque la situación no daba para más. “Yo estaba estudiando en Buenos Aires, cursando segundo año de Mecanización Agrícola en la UADE. Y le dije que no vendiera, que yo me volvía y me hacía cargo de la empresa…”, cuenta.
Así empezó su historia de productor.
“En 1997 llegué a El Rosario, con 21 años… No había máquinas, no había vacas, era solo un campo arrendado. No era menor tener una propiedad de 1.500 hectáreas, pero estaba todo por hacer”, recuerda.
De entrada se endeudó fuerte para comprar maquinaria (“no existía la figura de los contratistas como hoy”) y poder trabajar toda la superficie. “No tenía empleado, me ayudaba mi hermano, un poco mi padre, y fue fundamental (y hoy lo sigue siendo) el apoyo de la Cooperativa de Cascallares. Me hice socio por una invitación del gerente Jorge Duchosal y así nos fuimos metiendo en este negocio”, indica.
En su evolución como productor y empresario también fue determinante haber integrado un grupo de Cambio Rural del INTA y luego el CREA San Francisco de Bellocq.
Apuesta ganadera
Ubicado a 35 kilómetros de Tres Arroyos y 15 de San Francisco, zona de suelos profundos, El Rosario también tiene una superficie no apta para agricultura y con la excusa de aprovecharla Leo empezó a hacer ganadería. “Arrancamos con vacas de negocio que traíamos del sur, las engordábamos y la vendíamos. Después incorporamos un rodeo estable de vaquillonas coloradas, y más tarde, en 2008, adquirimos 350 hembras Angus MAS de la firma Estanar, y es ahí donde empieza la historia del proyecto que tantas satisfacciones nos está dando”, explica.
“Inseminando esos vientres MAS empezamos a hacer una cría con valor genético. Lo hicimos para nosotros primero, el rodeo se fue refinando, las madres se fueron haciendo más al gusto de lo que nosotros queríamos”, agrega.
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“Yo siempre tuve el objetivo de vender vacas con valor agregado. Y me decía: ‘quiero algún día poder vender lo que yo hoy quiero comprar como comprador y no veía que me lo ofrecieran’”. Hasta que luego de años de inversión, de trabajo, de mantener una línea, de ser exigente en la selección, ese día llegó.
Agriculturización de la ganadería
Los tres párrafos que se leen en unos pocos segundos fueron un cambio sustancial en El Rosario y llevó un proceso de años. “Una vez que el rodeo creció y que la ganadería ya demandaba más superficie que los bajos, hubo que tomar decisiones. Lo que hicimos fue agriculturizar la ganadería, tecnificarla y buscar la mayor eficiencia”, recuerda Díaz.
“Implementamos un paquete de medidas, empezamos a fertilizar y hacer control de malezas en las pasturas, y a manejar una alta carga animal. Trabajamos con tres o cuatro vacas por hectárea, haciendo muchas parcelas de corto tiempo para que las vacas vayan dando la vuelta y ese forraje tenga 30 días para recuperarse antes de que regresen los animales al mismo lugar”, detalla.
“Damos rollos y solo se hace silo de maíz para la recría de vaquillonas, para poder llegar desde el destete, que se produce a los seis meses a la inseminación a los 15. Pero es una suplementación de fibra con silo, donde no buscamos generar grasa, sino músculo, porque estamos preparando una futura madre”, agrega.
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“Así, con una alta carga animal, buena sanidad y altos índices reproductivos, la ganadería empezó a ser rentable o competitiva con la agricultura. Te hablo de antes, porque duramente muchísimos años los granos subvencionaban a la hacienda. Hoy la agricultura es la que sobrevive y la ganadería es la que genera ganancias”, dice.
“En la actualidad, con los valores de la hacienda y haciendo una ganadería agriculturizada, es una actividad que no tiene rival, el margen bruto por hectárea supera al de la agricultura”, asegura.
Hoy El Rosario tiene unas 1.200 madres Angus puro controlado, que de crías producen mitad machos y mitad hembras, que nacen en julio. Los terneros se van en marzo como destete y las terneras se destetan y pasan a recría. Esa hembra en octubre siguiente se insemina.
“El proceso es rápido. El macho se va todo y de la hembra se hace una selección con los parámetros que nosotros buscamos: femineidad, musculatura, precocidad, mansedumbre, que son factores que nosotros miramos a la hora de elegir nuestras madres, y que es un trabajo que venimos haciendo desde hace muchos años”, cuenta Leo.
El rompecabezas lo completa la incorporación de toros de pedigree vía embriones o comprando en remates Premium para ir nutriendo la sangre del rodeo, más allá de las inseminaciones. “Tenemos porcentajes de preñez muy altos, con inseminación a tiempo fijo estamos logrando entre el 55, el 60% en primera vuelta. El trabajo que queda para los toros no es tanto, es el repaso”, dice.
Y si de toros se trata, Leo tiene muy claro que no es camino que quiere recorrer El Rosario. “Nos dedicamos y nos especializamos en la venta de vacas puro controlado de segundo parto. Y por ahora no está en nuestros planes desviar esfuerzos para hacer toros”.
Alianza productiva
De esa búsqueda de genética superior para mejorar el rodeo de El Rosario y ofrecerles mejores sangres a sus clientes surgió la alianza con Arandú, la cabaña de la familia Vizzolini, que en los últimos años se transformó en una de las marcas más destacadas de la raza Angus. Porque logró banderas importantes en Palermo (incluyendo un Gran Campeón y un Reservado Gran Campeón en los últimos tres años) y en las exposiciones de Otoño y Primavera, y porque demostró tener una genética muy funcional a campo, alcanzando muy buenos resultados productivos.
“Mi relación con la familia Vizzolini ya tiene varios años y empezamos a hacer cosas juntos, la intención siempre es bajar genética al rodeo comercial. Y entiendo que Arandú lo que ofrece es una genética premiada en la pista, pero que además es funcional”, explica Díaz.
Como parte de esa relación comercial, además de ser copropietarios de toros premiados en Palermo, Leo terminó comprando, primero un 50% y meses más tarde el 50% restante, de Don Omar, el Reservado Gran Campeón Macho de Palermo 2024 de Arandú. “Eso lo vimos como una oportunidad, un toro que entendimos que tenía un gran futuro. Y al cliente le gusta mucho cuando ve toros premiados utilizándose, que saben que nos van a comprar una vaca a nosotros preñada con padres destacados”, dice.
La pata comercial
La progresiva mejora del producto que hacía El Rosario se empezó a complementar con una venta más eficiente. Eso comenzó a darse a partir de comercializar vientres en remates de cabaña de la zona. “El primero que me dio la oportunidad de vender fue Orlando Hurtado, en los remates que hacía de su cabaña San Agustín en La Rural de Tres Arroyos”, cuenta Leo.
“Esa fue la primera aparición en público de El Rosario, y siempre voy a estar agradecido con Orlando que lamentablemente ya nos dejó. Vendíamos terneras para entonar o para inseminar”, completa.
La decisión de seguir invirtiendo en genética, de buscar crecer con un producto superior, generó que Leo fuera a comprar una donante para sacar embriones y así conoce al genetista Carlos Ojea Rullán, de La Juanita y asesor de las mejores cabañas del país. “El quiso ver cómo trabajábamos en El Rosario, vino, observó el manejo, y nos ofreció acompañarlo. Esto ocurrió hace 10 años y eso nos hizo descubrir otro mundo”.
La relación comercial con Ojea hizo que El Rosario, gracias a la calidad de la hacienda que producía, ingresara como vendedor a los remates de punta. “Participar de esas ventas permitió que se nos abrieran otras puertas. Y esos remates, diríamos de elite, le ponen un piso de precio a la vaca que no existe en Tres Arroyos. O sea, son remates donde se vende con un plus por sobre lo que vale una vaca en la zona. Y nosotros teníamos la vaca indicada”, explica.
“Ese plus que se da en los remates en los que vendemos es porque se paga la calidad. El cliente que participa es alguien que conoce, que busca y que valora la calidad”, dice el tresarroyense.
Venta desconcentrada
Con el paso de los años Leo Díaz fue incrementando el volumen comercializado y eso lo acompañó con una estrategia de vender pocos lotes pero en varios remates de distintas zonas. “Nosotros tenemos una venta anual de entre 220 / 240 vaquillonas. Para difundir la marca, en lugar de hacer uno o dos remates grandes de 100, 130 animales, preferimos vender de a 20 y desparramar la marca por cuantos más lados podemos”, explica.
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“De esa manera ampliamos las zonas donde se conoce la marca. Y el día que decidamos hacer un remate propio en sociedad con alguna otra cabaña importante, si nos conocen nos van a venir a buscar”, agrega.
“Así das la oportunidad de que te prueben. Yo quiero que nos prueben para que se convenzan de que el producto funciona en cualquier zona geográfica”, completa.
Esta estrategia hace que la agenda tenga marcada muchas fechas y varias localidades de distintos puntos de la provincia de Buenos Aires. El raid comercial comenzó en julio en La Juanita-Surangus en Roque Pérez; siguió hace 48 horas en la venta de La Rubeta en Cañuelas; y por delante tiene a Rústicos en Tandil; otra vez La Juanita-Surangus, en Suipacha; la subasta de Martín y Alonso en Huanguelén; en remate Las Planteleras en Daireaux, para cerrar con el Especial de Fin de Año de Rústicos en Claromecó.
Palermo
Participar en las exposiciones más importantes que organiza la Asociación Argentina de Angus era otro de los desafíos que se le plantearon a El Rosario como parte de su evolución y crecimiento como marca. Y tras haber competido en los últimos años en las Expo Otoño, la Nacional de Primavera y Palermo en sociedad con otras cabañas y expositores, en este 2026 llegó el turno de competir en soledad en la muestra ganadera por excelencia.
“Participamos en Palermo como El Rosario por primera vez, con una vaquillona, una ternera intermedia y una ternera mayor. Y nos fue bien, la intermedia quedó segunda en la serie y la ternera mayor ganó la serie”, cuenta Leo, que la preparación de las hembras que compiten no las hace en El Rosario sino que de la tarea se encarga Hernán Malagueño, que tiene sus instalaciones en La Dulce.
“A El Rosario le dieron el premio cabaña debutante, así que siento que el proyecto dio otro paso importante más este año”, cuenta.
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“Nuestra cabaña no tiene como especialidad ni el pedigree ni la competencia, por eso es todo un aprendizaje el que estamos haciendo”, explica. “El pedigree que hacemos es para participar, para mostrarnos y para demostrar que podemos ser competitivos. Y es una gran vidriera, si no participas de Palermo es como que no estás… Entonces creemos que para nuestra marca es importante estar”.
Y es importante estar porque El Rosario ya es un sello registrado. Y ese es un logro que a Leo y al equipo de trabajo no se lo saca nadie. “Tenemos la satisfacción de haber empezado con un proyecto ganadero humilde, donde el único argumento era aprovechar la parte baja del campo, y luego, a partir de proveernos de 350 madres Angus MAS, inseminar más de 15 años, lograr un producto definido que se vende en remates de relevancia”, destaca.
“Eso te genera la satisfacción del progreso, de llegar, de habernos metido en un ámbito que no era el nuestro antes. Y que te lleva a decir, ‘bueno, valió la pena dedicar tantas horas a esto, faltar tanto de mi casa’”, completa, hablando con la misma pasión que le pone a su empresa.
“¿El desafío que enfrentamos? Mantenernos, que en una actividad tan competitiva es mucho más difícil que llegar. Así que nuestro objetivo ganadero es mantener la calidad de lo que estamos haciendo”, explica.
“El desafío es seguir produciendo y sacando a venta la madre que a mí me hubiera gustado comprar”, agrega.
Un punto final ideal para la nota de El Rosario.

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