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El domingo pasado, Villa del Parque celebró un campeonato en Primera después de 73 años. Ganó el Torneo Apertura cuando aún restan dos fechas por jugar, con una campaña notable.
El club tiene tres estrellas, correspondientes a 1946, 1948 y 1953. Este año buscará sumar la cuarta, para lo cual deberá imponerse también en el Torneo Clausura o quedarse con la final del año.
En Segunda división, logró el ascenso en 1986, 1998, 2014, 2018 y 2024. Descendió cuatro veces, porque la primera oportunidad que bajó de categoría fue por una desafiliación temporal de la Liga de Fútbol.
Más allá de los datos y las estadísticas interesantes, es un lugar atravesado por muchas historias, vecinos que en distintas generaciones colaboraron para dar continuidad a la actividad deportiva.
Pedro Rocha, inolvidable presidente del club, recordó en una entrevista realizada por este diario en febrero de 2022, que cuando se compró el terreno de la actual sede en Istilart al 1100 “Juan Beigbeder puso de garantía la casa donde vivía. Su actitud vale oro ¡Eso no lo hace cualquiera!”. Pedro falleció hace pocos meses, en septiembre de 2025, e hizo realmente mucho por su querida V Azulada.
Hablar del club implica viajar también hacia la infancia. Para quienes tenemos alrededor de cincuenta años o más, este viaje es hacia la década del ’80. Y encontramos en la memoria un espacio de puertas abiertas, que con generosidad se convertía en un hogar durante algunas horas para gran cantidad de pequeños y entusiastas jugadores. Como también sucedía en otras instituciones deportivas.
Cuando somos chicos, resulta natural concurrir a un club y que nos reciban el entrenador o un ayudante. Que estén a disposición. No nos hacemos mayores preguntas, forma parte de lo cotidiano. Con el paso del tiempo, al crecer, tomamos dimensión que quienes nos cuidaban e intentaban guiar mediante un deporte eran personas que -en su mayoría- colaboraban de manera voluntaria. Lo hacían por amor al fútbol, a la camiseta, a su hijo o hijos que estaban jugando en las inferiores.
Después del día de trabajo, se dirigían hasta la sede de Istilart al 1100 para las prácticas y destinaban buena parte del fin de semana a los partidos. Técnicos, dirigentes, allegados, cada uno desde su lugar.
El entrenamiento de noche se desarrollaba con la iluminación indispensable y tal vez, un poco menos, pero ¿a quién le importaba? Cuando la pelota se ponía en movimiento, una emoción especial nacía internamente. El juego en estado puro.
Nos dimos cuenta, claro, años después, el esfuerzo que habrá significado juntar el dinero para la indumentaria, los botines, las pelotas, los viajes a la zona. Ibamos en colectivo hacia Gonzales Chaves, De la Garma, San Francisco de Bellocq, Orense, Claromecó, Indio Rico, una verdadera aventura.
En aquellos años, Villa logró un celebrado campeonato en Quinta y alcanzó muy buenos resultados en otras divisiones, un reflejo del potencial de su “semillero”. En 1986, desde la tribuna, la alegría fue inmensa al ver como el plantel dirigido por la dupla Horacio Domínguez-Mario Hobiague logró el ascenso a Primera al ganar un torneo de Segunda muy competitivo. Como preparador físico se desempeñaba Luis Serra.
Ya con Villa en Primera, surge el recuerdo parado en esa tribuna de José “El Zorro” Ozcáriz, alentando a sus hijos. Hoy su nieto es campeón.
Para los más chicos, el referente era Héctor “Pochi” Barberis, ex jugador del club que desarrolló una tarea muy valiosa en inferiores. Uno de los ejemplos de generosidad -vale reiterar la palabra-, que es oportuno agradecer. Por entonces, solía acercarse para ver si faltaba algo el dirigente Juan Carlos “Baby” Cisneros. Años en que las actividades se hacían en forma artesanal, ponían el cuerpo y “manos a la obra”.
Se produjo en un período posterior y en otro contexto, el nacimiento de la escuelita con la participación de Héctor Ortiz y Carlos Teófilo. Que generó consecuencias también muy positivas.
Es imposible mencionar a tantos que dijeron presente en distintas etapas. Prado, Rey, Rivada, Segovia, Turini, Massa, Leguizamón, Quintana, Irigoin, Meléndez y muchos más apellidos que integran el ADN villense. Entre los más recientes, Rodolfo Vassolo, por citar un ejemplo, hasta llegar en estos días a la comisión que preside José Vacca.
Son unas pocas menciones, de una lista amplia; el reconocimiento se hace extensivo, por esta razón, a todos los que la conforman.
Haría falta un libro, igualmente, para enumerar a jugadores, técnicos, preparadores físicos, que tuvieron un paso destacado en los 97 años de historia, incluyendo al plantel y cuerpo técnico que hace pocos días obtuvo el Apertura. Con un apartado para otras disciplinas deportivas, que se llevaron adelante en Villa.
Pedro Rocha, con sabiduría, mostró admiración -en la citada entrevista- por la comisión de damas e hizo referencia a “la presidenta de ese momento Estela Mármol. Estaban Tita Turini, su hija Sandra, y otras colaboradoras. Todas eran muy activas”. Protagonistas de un club familiar.
Detrás de los rostros conmovidos, el último domingo en los festejos en la plaza San Martín, están las historias personales y grupales asociadas al club. ¡Qué mejor ocasión para decir gracias! Especialmente a todos aquellos que fueron en parte responsables de darnos una mejor infancia.
-Dedicado a Amanda y a su hermano Jorge “El Zorro” Palermo.
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