Elegir lo que uno ama, incluso cuando el futuro parece incierto
Por Mora Andersen Sierra (Alumna de sexto año de la Escuela Secundaria 2, que está realizando una pasantía en La Voz del Pueblo)
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A pesar de la baja en la natalidad y de la incertidumbre sobre la apertura de la carrera, mi deseo de estudiar el Profesorado de Educación Inicial sigue siendo el mismo que tengo desde los nueve años: trabajar con niños y acompañarlos en una de las etapas más importantes de sus vidas.
Hay decisiones que cuestan años descubrir y otras que, simplemente, parecen estar con nosotros desde siempre. En mi caso, estudiar Educación Inicial es una de esas certezas. Desde que tenía aproximadamente nueve años sé que quiero ser docente de jardín. Durante todos estos años guardé cosas pensando en mi futuro profesorado, imaginé cómo sería trabajar con chicos y tuve cada vez más claro que no me veo haciendo otra cosa.
Sin embargo, elegir esta carrera hoy también significa enfrentarse a algunas incertidumbres. En Argentina la tasa de natalidad ha disminuido considerablemente en los últimos años y eso ya empieza a verse en algunos jardines. En Tres Arroyos, por ejemplo, algunas salas no abrieron y también se han producido cambios en la cantidad de jardines y de alumnos. Esta realidad puede generar preocupación para quienes queremos dedicarnos a la Educación Inicial, porque inevitablemente uno piensa en las posibilidades de trabajo que tendrá en el futuro.
A eso se suma una incertidumbre personal: todavía no sé si este año se abrirá la carrera del Profesorado de Educación Inicial que quiero estudiar. Pero, incluso frente a esa posibilidad, no pienso alejarme de lo que realmente quiero. Si la carrera no llegara a abrirse, ya pensé en una alternativa: estudiar el Profesorado de Educación Primaria, que comparte muchas materias con Inicial, y más adelante completar las materias necesarias para poder tener ambos títulos. Porque hay algo que tengo claro: no pienso dejar de trabajar con niños.
Yo sigo eligiendo esta carrera porque, aunque las cosas cambien, los niños van a seguir existiendo. La sociedad puede atravesar cambios, pueden bajar los nacimientos y modificarse las instituciones, pero no vamos a desaparecer. Siempre va a haber una infancia que acompañar, una familia que necesite una escuela y un niño que llegue por primera vez a un jardín con ganas de descubrir el mundo.
Además, creo que hay pocas cosas que den tanta vida como los niños. Su forma de mirar, de preguntar, de sorprenderse y de encontrar felicidad en cosas pequeñas hace que estar cerca de ellos sea algo especial. Personalmente, siempre amé compartir tiempo con chicos, hacer actividades con ellos y acompañarlos. Es algo que nunca sentí como una obligación, sino como algo que realmente disfruto.
También pienso en mi propia experiencia. Pienso en lo que era llegar al jardín, como llegábamos muchos de nosotros, felices porque íbamos a ver a nuestros compañeritos y a nuestra seño. Esa alegría de entrar al aula y ese cariño que uno siente por sus docentes son cosas que quedan guardadas para siempre. Y quizás uno de mis mayores deseos sea que, algún día, algún niño sienta conmigo una pequeña parte de ese cariño que yo sentí por mis maestras. Me gustaría poder ser una de esas personas que hacen que un chico tenga ganas de ir al jardín, que se sienta querido y acompañado.
Por eso mi elección no pasa por una cuestión económica ni por elegir simplemente una carrera con salida laboral. La elijo porque es lo que amo desde siempre. Porque una persona que tiene algo tan claro desde los nueve años, y que hoy, estando cerca de cumplir los dieciocho, sigue sintiendo exactamente lo mismo, no puede ignorarlo al momento de pensar en su futuro.
No sé exactamente qué dificultades aparecerán en el camino ni cómo será el futuro de la Educación Inicial. Tampoco sé todavía si la carrera que quiero estudiar abrirá este año. Pero sí sé dónde quiero estar. Quiero estar en un jardín, rodeada de niños, aprendiendo con ellos y ayudándolos a crecer.
Porque, al final, elegir un futuro también es elegir dónde uno siente que pertenece. Y yo, desde hace muchos años, sé que mi lugar está ahí.

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