El verdulero que resiste a la crisis
“Uno tiene que adaptarse a la situación que hay”, dijo Cristian Villar a La Voz del Pueblo. Contó que a pesar que caen fuerte las ventas y que lo tildan de ser “el más caro del pueblo”, aplica promociones especiales y no descuida la calidad de los productos que vende a su clientela de años
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En Adolfo Gonzales Chaves el panorama para el comercio minorista es una muestra fiel de la compleja situación económica que atraviesa el país con insumos que aumentan y bolsillos cada vez más ‘flacos’.
Cristian Villar es un comerciante con 16 años de trayectoria en el rubro de las frutas y verduras. En una breve charla con La Voz del Pueblo explicó cómo hace para sostener un almacén en estos tiempos.
Caen las ventas
La realidad golpea con números fríos porque según Villar se registra una caída en las ventas de aproximadamente el 60 por ciento en comparación con años anteriores.
Según explicó esta situación no se debe a una elección del cliente, sino a la falta de recursos económicos y al constante aumento de la mercadería.
“La gente no tiene el suficiente recurso, o es porque aumenta mucho la mercadería”, señaló. Pero reconoce además que la competencia externa también afecta la dinámica local.
A pesar de los desafíos, Villar se mantiene firme en su identidad comercial. Con más de una década y media en el mismo lugar, su postura es clara, y es la de priorizar la calidad para que el vecino regrese, tratando de que los aumentos impacten lo menos posible en el bolsillo de la gente, aunque a veces sea una tarea casi imposible.
Adaptación y supervivencia
Para Cristian, la clave de la permanencia resulta ser la diversificación. El haber anexado artículos de almacén a su verdulería fue una decisión fundamental que le permite “mantenerse en pie todos los días”.
En un contexto donde las grandes superficies ofrecen una competencia feroz, su comercio apuesta a la cercanía y al conocimiento de su clientela.
En cuanto a los medios de pago, Villar se adapta a la necesidad del cliente y acepta efectivo, tarjeta de débito y crédito, a pesar de las demoras que implican los depósitos bancarios y la inflación.
“Uno tiene que adaptarse a la situación que hay”, afirmó. Y explicó que busca todas las formas posibles de ofrecer promociones y facilidades para que el vecino pueda llevarse su mercadería.
La calidad y su costo
Uno de los puntos más sensibles de su testimonio es la percepción del precio. Cristian es consciente de que algunos lo tildan de ser el comerciante “más caro del pueblo”, una etiqueta que rechaza basándose en la calidad de sus productos.
Afirma que el valor real reside en que el cliente no se lleve una sorpresa negativa al llegar a su casa; y es por eso que prefiere asumir el riesgo de trabajar con productos perecederos exigentes antes que ofrecer algo en mal estado.
“Lo que nosotros tenemos es el respeto hacia el cliente”, sostuvo. Remarcó además que tras 16 años pudo construir una clientela familiar que lo apoya y confía en su criterio.
Futuro y esperanza
Al mirar hacia adelante, el deseo de Villar trasciende su propio mostrador. Su anhelo es que la situación general mejore, que “la gente tenga un poco más de dinero en su bolsillo” y que la economía se estabilice para beneficio de toda la comunidad.

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