El resultado de años de trabajo: el pino piñonero generó exportaciones
Se realizaron a España en 2023, 2024 y 2025. El proyecto es impulsado por el ingeniero forestal Alejandro Camporini, quien reside en Claromecó. Tiene trascendencia a nivel nacional
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El ingeniero forestal Alejandro Camporini abrió un camino productivo hace más de dos décadas, con la plantación de pino piñonero en la costa. Está radicado en Claromecó, donde impulsó esta tarea que requiere dedicación, paciencia y perseverancia.
La revista Lugares, del diario La Nación, describió su experiencia en un artículo -publicado en febrero- muy completo e interesante. Cuenta, en la mencionada nota, que “mis antecesores son italianos y les gustaba ir al monte a buscar hongos y piñones. Mi abuela los usaba para el pan dulce casero”. También el programa TN Campo, en el canal Todo Noticias, entrevistó al mencionado profesional, contenido que ayer pudo apreciarse.
Se recibió de ingeniero forestal en la Universidad de La Plata en 1997 y retornó a Claromecó. Por entonces, se iniciaba un proyecto de forestación en el Vivero con una finalidad maderera, pinos para el aserradero. Además Camporini decidió incorporar el pino piñonero (Pinus pinea), el que su abuela utilizaba para el pan dulce. Allí entre 1998 y 2001 plantó unas seis mil plantas.
También llevó a cabo esta tarea en otros campos de la costa. El incendio del Vivero, el 31 de diciembre de 2000 y primeros días de 2001, afectó gran cantidad de plantaciones, pero quedaron algunos ejemplares -indica la revista Lugares- y lo que él había ido agregando.
Las piñas se empiezan a formar entre los ocho y los diez años. Para la cosecha, se debe trepar árbol por árbol o utilizar una vara larga con gancho para lograr que caigan las piñas.
Se realiza su acopio y en el verano son secadas al sol hasta que se abren. Posteriormente, con una máquina se concreta la separación de la semilla.
Un dato es clave sobre el valor en Europa, que se ubica entre 70 y 100 euros. De 100 kilos de piña, solamente salen entre dos o tres kilos de piñón pelado listo para consumir.
Nueva iniciativa
Como parte de esta búsqueda, Camporini comenzó en 2018 un proyecto en un campo de Coronel Dorrego, ubicado entre Marisol y Monte Hermoso, con Ariel Sacone como inversor. Desde el mencionado año sembraron entre 30.000 y 40.000 ejemplares. La escala es fundamental, para lograr un posicionamiento en el mercado.
El primer envío al exterior tuvo lugar en 2023, consistió en 6000 kilos de piñón con cáscara a España. Esta operación se reiteró en 2024 y 2025.
En 2023, dice Camporini, “embolsamos muy sucio. Senasa nos llamó la atención, tuvimos que hacer una limpieza que no habíamos previsto. Nos llevó costos que no teníamos en cuenta”. En las dos exportaciones siguientes corrigieron las dificultades, obtuvieron un mejor precio.
En esta labor, no siempre todo fue como lo esperaba. Una plantación en Concordia, que llevó adelante con un amigo, no prosperó por una inundación.
El contexto es favorable. Desde los años 90, Europa enfrenta
la plaga del Leptoglossus occidentalis, que disminuyó mucho el rendimiento de los pinares. Es un insecto del cual Argentina está libre, lo que potencia el crecimiento.
El ingeniero forestal tiene la mirada en el futuro: “Esto lleva tiempo y tal vez no llegue a verlo en su máxima expresión. Pero que la producción evolucione y que se siga plantando, aunque sea sin mí, sería un sueño”, señala en la conversación con la revista Lugares.
Los resultados se obtienen luego de bastante tiempo. El convencimiento y la decisión sostienen el trabajo, sobre todo cuando se presentan adversidades. A partir de 2023, se están recogiendo los frutos, una comercialización que ya suma tres años y genera expectativas.
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