El peón rural, José Armando Kyanka: “En el campo hago de todo”
Sus padres tenían un pequeño establecimiento rural cerca de Cascallares. Empezó a trabajar a los 15 años, tiene 80 y sigue activo. Destaca la buena relación que mantuvo con todos sus empleadores: “no me fui mal de ningún lado”
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José Armando Kyanka dice que “nací en el campo, prácticamente. Mi padre era dueño de un establecimiento rural chiquito, en el kilómetro 530 de la ruta 3, cruce a Copetonas, cerca de Cascallares”. Tiene 80 años y sonríe al contar la sorpresa que le generó el reconocimiento como Peón Rural.
Sigue activo laboralmente, “no todo el año -aclara-, pero hice la cosecha con Richard Griffioen. Después trabajé con Néstor Fernández, quien participó en muestras de trigo candeal, le voy a sembrar”.
En su infancia, para concurrir a la escuela primaria en Cascallares debía viajar desde el campo hasta la localidad. “Me bajaba del micro y tenía que caminar dos kilómetros hacia la escuela, luego regresar”, recuerda.
Cursó hasta finalizar cuarto grado. Observa que “en ese tiempo, a veces pasaba que no terminabas”. Sus padres fueron Pedro Kyanka y Elvira Soteiro; “eramos cinco hermanos”, agrega José Armando.
Sus inicios como peón tuvieron lugar a los 15 años, cuando “empecé a trabajar con Martín Zamora. A los 16 años agarré el tractor, me subí también a la cosechadora, algo que no dejé de hacer hasta ahora. Zamora tenía campo cerca del ex Colegio Argentino Danés”.
Cuenta -y vuelve a sonreír- que a los 18 años tenía una casa propia: “Nadie lo podía creer, pero era mí. Ahorré desde que me puse a trabajar”.
Se casó en 1969 con Elena Susana Palacios. Tuvieron dos hijos: José Luis, el mayor que reside en la ciudad de Buenos Aires, y César Omar, quien está radicado en Tres Arroyos.
Su lugar durante gran parte de la vida fue el campo. Poco antes de la pandemia, vino a su casa en Tres Arroyos. “Pero seguí activo y pienso continuar -subraya-. Durante un tiempo tuvimos una ferretería con uno de mis hijos. Siempre Fernández me venía a buscar para el campo”.
Menciona que “estuve 16 años con Abraham Groenenberg. Mantengo muy buen contacto con las hijas y con la señora Sonia, me dijo ‘Abraham te apreciaba mucho’”.
Le genera satisfacción, se percibe en su relato, haber mantenido una buena relación con sus empleadores, “nunca salí peleado”, indica con énfasis.
Relata que “después de Zamora estuve con Galilea, Campaña, D’Llano, Cristian Verkuyl, entre otros que nombra con muy buena memoria. Tuve máquinas sembradoras por tanto, hice rollos. El campo de la zona lo conozco todo”.
Es una tarea que conoce con precisión. “En el campo hago de todo, menos lo más moderno relacionado con la tecnología. Armaba y soldaba máquinas, arreglo lo que sea necesario, en mi casa también. Hago alambrados, lo que venga”, destaca.
La forma de trabajar cambió de manera notoria y “hubo que aprender muchísimo. No tengo dificultad con eso, en los inicios cargaba bolsas de 50 kilos, ahora conduzco una cosechadora tecnificada. Otra realidad”.
Reitera que “dejaba un trabajo, se enteraban y me venían a buscar. Me conocen”.
Hasta hace pocos días “no sabía nada” sobre la distinción. “No me lo imaginaba, mi familia sí estaba en conocimiento y por eso vino mi hijo de Buenos Aires. Lo vamos a compartir, es una gran alegría”, concluye.

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