El legado de Ernesto Kuhlmann en la pesca de Claromecó y la zona
Mario, hijo de Ernesto, recordó las enseñanzas que dejó su padre definiéndolo como un gran fan de la pesca que le inculcó su sabiduría a muchos pescadores
A 14 días de Las 24 Horas de la Corvina Negra, si de pesca se habla es inevitable remitirse al apellido Kuhlmann en Claromecó.
Con motivo de recordar a un pescador influyente como Ernesto Kuhlmann, La Voz del Pueblo dialogó con su hijo Mario para mantener viva la memoria del primero mencionado, quien falleció en 2007. “Mi viejo nació en 1925 y en 1931 llegó a Claromecó; el padre alquila todo lo que es la parte de la entrada, parte del vivero, arrienda todo. En ese momento era todo médano. Mi viejo siempre contaba que iba un día a la escuela y un día a pescar. En aquella época se pescaba en las lanchas que había, se pescaba mucho con esquinel, entonces se compraba la carnada y ellos aprovechaban y vendían lo que pescaban”, reseñó Mario sobre los inicios de su padre.
Lo recuerda como “un amante de la pesca, hasta que se fue, si tenía 10 minutos los destinaba a estar parado en la orilla del agua con la caña en mano”.
Ernesto transmitió dicha pasión a su hijo Mario. “No tuve muchas opciones, salía pescador o salía pescador; son cosas que se van heredando, nací entre anzuelos”, señaló.
Su legado
Consultado sobre si su padre tuvo algún mentor, dijo: “No, porque a mi abuelo le gustaba mucho el mar, pero para disfrutarlo, no para pescar; fue algo que él aprendió y a lo que se aferró para toda la vida”.
“Se anticipaba a la jugada, a mí me cantaba antes lo que iba a suceder, en cuanto a concursos y a no cometer errores con piezas grandes; desde chico me fue enseñando lo que no debía hacer”, recordó.
Ernesto y Mario compartieron un gran número de concursos juntos. “Compartimos todos los concursos, anduvimos toda la vida juntos, desde los interclubes en primavera, que son por el trofeo, hasta concursos por vehículos”, indicó.
En un principio, Mario mencionó que “trabajé embarcado en Claromecó y hasta 1984 no podía pescar, pero luego cambié de oficio y me dediqué de lleno a la pesca”.
Muchos pescadores de la zona toman como referencia a Ernesto y destacan las enseñanzas que les dejó. “Fue dejándonos a tantísimos pibes su sabiduría. Era un tipo que, si sabía algo, no lo iba a esconder. En el año 1931 mi viejo empezó a caminar la playa de Claromecó; hasta 2007, cuando falleció, conocía piedra por piedra y cada lugar de la zona”, destacó.
Asimismo, rememoró: “Tenía sus lugares preferidos para los concursos; en Las 24 Horas pescábamos separados, a diferencia de otros concursos: él se iba a las piedras de Franganillo y yo al caracolero. Obviamente, siempre pescó mucho más él”.
Anécdota
Consultado sobre una anécdota vistosa que haya compartido con su padre, recordó: “Yo trabajaba en el campo con él antes de ir a vivir a Claromecó. Mi viejo elegía los días para pescar corvinas negras en la década del setenta; las noches de viento sur y mar revuelto eran las que prefería”.
Continuó: “Un día vine a Claromecó desde el campo a la tardecita y me dijo de ir a pescar. Yo me negué: ‘no, mañana tengo que laburar’, le dije. ‘Yo también tengo que laburar mañana, vamos hasta las 12 y nos volvemos’, me contestó. Me tomé mi tiempo y cuando fui a tirar me dijo que le picó, pero se le había ido; a los 10 minutos le volvió a pasar, entonces él se fue a pescar a otro lado”.
“Teníamos un Jeep Willy y fui a buscarlo porque ya era de noche. Me encontré en un momento con Isidoro Peralta, le pregunté por mi viejo y me dijo que había pasado para Claromecó: ‘va con una corvina negra enganchada’. Quinientos metros más adelante lo encontré; estaba peleando con una negra hasta que logró sacarla, era de 34 kilos”, relató.
Agregó que su padre le dijo: “Vos tirá que ahora te tiene que picar a vos. A él le picaron cuatro esa noche, a mí ninguna”.
Las corvinas en la zona
En el último tiempo, los portes de las corvinas negras disminuyeron, así como la cantidad de capturas de las mismas. “Hubo unos cuantos años que ya no salía ni un pichón en Las 24. Pero han aparecido nuevamente. Me duele mucho lo que pasó en Marisol; ir a sacar corvinas negras ahí es como tirar en una pecera: hicieron una masacre, han sacado 20 corvinas negras”, sostuvo.
En tanto, sobre los concursos junto con su padre, recordó: “Mi viejo ganó un cero kilómetro en Las 24 en 1996; yo no llegué tan arriba, pero una vez, en el concurso de Quilmes, compartimos podio: él primero y yo tercero. Recorrimos toda la provincia de Buenos Aires, desde San Blas a San Clemente del Tuyú; no debe quedar alguna playa que no conozca”.
Asimismo, destacó que “Claromecó siempre tuvo un nivel de pescadores muy bueno, conocidos por la manera de tirar; no en todos lados se usa el estilo guadaña, de tirar revoleando”.
En el cierre expresó: “Mi viejo hace 18 años que falleció y lo sigo extrañando como el primer día, sobre todo cuando recuerdo estos temas. La pesca, primero es sana, segundo es linda y tercero te brinda amigos y conocidos de todos lados; además, te saca de lo cotidiano y de los problemas del día a día”.

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