El carbón de la panoja, la amenaza silenciosa que enfrenta el maíz
Luego de su reaparición en 2022 ha consolidado su presencia en todas las regiones productivas. En la última JAT de Gruesa de CREA, se abordó la situación en de la enfermedad en la región Mar y Sierras
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Volvió para quedarse y hoy es una amenaza silenciosa que enciende las alarmas del maíz. Del carbón de la panoja, provocado por el hongo Sporisorium reilianum, hablamos, la enfermedad que había prácticamente desaparecido del mapa productivo tras haber circulado hace unos 80 años, y que pegó la vuelta en 2022.
Su alta severidad y su rápido resurgimiento en las distintas regiones productivas generaron que esta enfermedad sea una de las protagonistas de la última jornada técnica en formato virtual organizada por la región CREA Mar y Sierras.
A diferencia de Ustilago maydis (causante del carbón común), que ataca de forma esporádica cualquier órgano vegetativo o reproductivo y que suele permitir la coexistencia con granos viables, Sporisorium reilianum ataca de manera sistémica las estructuras reproductivas. El síntoma distintivo es la transformación total del órgano reproductivo en una masa de estructuras apanojadas o pulverulentas negras llenas de teliosporas, sin formación de grano ni marlo.
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“En Sporisorium, la incidencia es prácticamente igual a la severidad porque en el 98-99% de las plantas atacadas todas las espigas quedan completamente estériles, traduciéndose en una pérdida de rendimiento casi directa y lineal proporcional al porcentaje de plantas afectadas”, explicó Agustín Bilbao, asesor del CREA Necochea-Quequén (región Mar y Sierras), sobre la enfermedad que antes de 2022, cuando desde Aapresid advirtieron por el regreso del Sporisorium reilianum, los últimos registros correspondían de entre 1935 y 1941.
“Si en un lote se registró la enfermedad en maíces previos, la probabilidad de enfrentar cuadros graves en siembras posteriores es sumamente elevada. Aun en esquemas donde se alternaron cultivos, el inóculo remanente en el suelo basta para desencadenar brotes severos al reintroducir el cultivo”, alertó el técnico en su disertación virtual, a partir de la que Contenidos CREA realizó una publicación.
A partir de esa situación, de cara a la planificación de la campaña maicera, el asesor CREA recomendó tener en cuenta una matriz de riesgo basada en los antecedentes de la enfermedad en el lote.
En ese marco, si el historial del lote supera una incidencia del 0,1% en el año previo o del 3% y el 10% en los últimos dos o tres años, respectivamente, la recomendación agronómica es no sembrar maíz y derivar la superficie a otros cultivos no hospedantes (como soja o girasol) para interrumpir el incremento del inóculo.
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En caso de la situación del lote sea identificada como de “riesgo medio”, puede optarse por manejos que promuevan un crecimiento inicial acelerado, además de emplear híbridos tolerantes a la enfermedad. También se aconseja evaluar el uso de curasemillas de mayor eficacia fungicida, se indicó.
“La ruta del carbón”
Durante la JAT se hizo un repaso del comportamiento de la enfermedad en la región Mar y Sierras durante la campaña 2025/26. A través de la iniciativa “La ruta del carbón” -desarrollada por Viento Sur, CREA Mar y Sierras y empresas semilleras-, se monitorearon e integraron 278 lotes representativos de la región para cuantificar la prevalencia e incidencia de la patología, en los cuales la prevalencia alcanzó un 44%.
En lotes con baja frecuencia de maíz (más de tres años sin el cultivo en la rotación agrícola), la prevalencia descendió al 30%. Por el contrario, en lotes con secuencias maiceras continuas o de alta frecuencia, la prevalencia e incidencia aumentaron significativamente.
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“En los 121 lotes positivos de la muestra, el 8% de los lotes relevados mostró incidencias superiores al 20%, lo que equivale a pérdidas directas de rinde de esa misma magnitud o mayores”, comentó Agustín.
En el ranking de peso relativo de los factores de manejo que determinan el ataque de Sporisorium, la presencia de maíz en la rotación representa alrededor de un 60%, mientras que otro 20% corresponde a la genética (mayor susceptibilidad de híbridos comerciales)
El 20% restante se explica por factores de manejo que potencian la expansión de la enfermedad, como el vigor de la semilla, densidad de siembra y la fertilización, entre otros.
*Fotos y cuadros de Contenidos CREA

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