El aporte de una tresarroyense para que el tortugo Jorge regrese al mar
Tras 40 años en cautiverio el animal que quedó atrapado en una red de pesca en Ingeniero White en 1984, y vivió 38 años en Mendoza, regresó este año a su hábitat y la bióloga Mariela Dassis se encargó de monitorearlo telemétricamente hasta que se reencontró con otros de su misma especie. Este lunes compartió la historia en la Feria del Libro de la Biblioteca Sarmiento
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La Dra. en Ciencias Biológicas e investigadora del Conicet, Mariela Dassis, también es una referente en el ámbito de la biología marina, y éste lunes participó con su testimonio durante la Feria del Libro de la Biblioteca Sarmiento.
La tresarroyense pertenece a la tercera generación de un grupo de investigación con casi 50 años de trayectoria en conservación de mamíferos marinos, relató cómo se involucró "accidentalmente" en el caso del tortugo Jorge, un mojón histórico en la rehabilitación animal que es valorado también fuera del país.
La investigadora aclaró desde el inicio que, aunque trabaja en biología marina, su especialización durante 26 años es la fisiología y ecología de mamíferos marinos. Su participación en la historia de Jorge se dio a través de su experiencia en telemetría satelital, una técnica que había utilizado previamente en su doctorado para el seguimiento de animales marinos.
Un tortugo
Según expuso en la feria, Jorge es una tortuga cabezona o tortuga boba, una especie considerada "vulnerable" por la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza. Su confinamiento de casi cuatro décadas comenzó en enero de 1984 en Ingeniero White, Bahía Blanca, cuando fue capturado incidentalmente por un pescador con su red mientras se encontraba en su ruta migratoria natural.
Aseguró que por razones aún desconocidas hasta hoy, Jorge fue trasladado a Mendoza donde permaneció exhibido al público durante casi 38 años. Según Dassis, durante todo este tiempo "comía corazón y huevo duro", una dieta ilógica para un animal marino que estaba en agua dulce salinizada artificialmente.
En 2022, impulsado por la presión social y la creciente conciencia sobre el cautiverio animal, la intendencia de Mendoza decidió intentar su reinserción al mar sin dejar de considerarla una decisión "muy arriesgada". Fue así como Jorge fue trasladado a Mar del Plata Aquarium.
El proceso de rehabilitación fue exhaustivo y se concentró en la readaptación al agua salina y un enriquecimiento ambiental. La bióloga resaltó que se le dio un espacio mucho más grande, recuperó su musculatura y se le cambió la dieta para que pudiera cazar y competir por el alimento con chuchos, que fueron incorporados en ese mismo ámbito. Entonces el tortugo superó todas las etapas y respondió bien a todos los análisis clínicos, según la investigadora.
La tecnología
Dassis contó que al enterarse del plan de liberación, y conociendo la temática, su primera reacción fue pedir que “por favor pongan un telémetro". Este instrumento satelital resultó crucial para saber "cómo le iba" y si su reinserción resultaba exitosa después de 40 años.
Explicó que la telemetría permite seguir a los animales a través de señales captadas por satélite, proporcionando posiciones geográficas y otro tipo de información biológica. El telémetro se fijó al caparazón de Jorge con resinas especiales.
La bióloga tresarroyense subrayó también la importancia ética del dispositivo al destacar que el aparato podía indicar “si a Jorge le iba mal y no estaba en condiciones de estar en el mar, y salía".
Jorge fue liberado el 11 de abril de este año, y el monitoreo se extendió por casi cuatro meses, hasta el 29 de julio. Los resultados fueron asombrosos.
Resiliencia pura
Contra todo pronóstico, incluso el de la propia Mariela al principio, la reinserción fue "muy exitosa". La conclusión más destacada fue que Jorge se orientó perfectamente desde el principio, a pesar de haber pasado cuatro décadas nadando en círculos. La tortuga se movió con velocidades "óptimas" y típicas de su especie.
"Nunca dudó", afirmó. “En solo 18 días”, el tortugo cruzó la frontera con Brasil, dirigiéndose a sus áreas reproductivas de origen, que se estiman científicamente en Salvador o Río de Janeiro. Además de su orientación, Jorge mantuvo sus velocidades por los cuatro meses de monitoreo, lo que permitió interpretar que "su estado de salud estuvo óptimo".
Es por eso que Dassis calificó la historia como un ejemplo de “resiliencia”, porque Jorge recuperó su propio instinto, volvió a usar el mar abierto y buscando masas de agua cálida para su supervivencia.
Precedente científico
La investigadora también planteó que más allá de la emocionante historia puntual de Jorge, el telémetro brindó un cúmulo importante de información científica que permitió estudiar los llamados "años perdidos" de las tortugas marinas, un periodo en el mar donde son muy difíciles de estudiar.
"Jorge sienta un precedente muy grande en todo lo que es rehabilitación para la comunidad de biólogos de tortugas", concluyó Dassis. Contó incluso que el caso tuvo repercusión internacional con publicaciones en la National Geographic y en diarios de España.
Investigación
Dassis, que habló con La Voz del Pueblo, habló de su trabajo en la actualidad. Se dedica a la medicina veterinaria traslacional, que aplica la fisiología cardiorrespiratoria y metabólica a mamíferos marinos.
Su objetivo desde la investigación es generar información de base —como ecografías cardíacas o electrocardiogramas— para que los veterinarios puedan atender a especies en peligro de extinción, como la marsopa espinosa o la franciscana, un delfín costero que enfrenta graves problemas de conservación en la costa.
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