Diego Slagter: “El Centro Cultural tiene que ser un espacio sin puertas”
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Cita a Alfredo Zitarrosa e indica que “vamos a dejar las ventanas y las puertas abiertas de par en par para que lo que tenga que entrar entre y se manifieste”. Su perfil, la infancia en la quinta familiar, los estudios en La Plata, el trabajo con comunidades indígenas en el norte y el regreso a Tres Arroyos
Por Alejandro Vis
La infancia de Diego Slagter transcurrió en una pequeña quinta familiar ubicada en el camino a San Mayol. “En la zona de los gallineros por entonces, había muchas familias que tenían una producción de huevos”, recuerda. Sus padres son Herman Slagter y Mariné Llera y tiene dos hermanos menores, Carolina y Juan.
Diego nació en 1984 y años después, se produjo el traslado a la ciudad de Tres Arroyos. “La misma década del 90 fue haciendo que los pequeños proyectos familiares vayan desapareciendo -señala-. Quedaron las estructuras más grandes”.
En este contexto, cuenta que “mis viejos empezaron a trabajar en la Escuela Agropecuaria. Mis hermanos, llegado el momento, se fueron a estudiar a Bahía Blanca. Allá se radicaron, hicieron familia”.
Su apellido es de origen holandés, si bien tuvo una abuela alemana, “entonces se mezcla ahí un poco”, expresa sonriendo al describir sus orígenes.
Luego de finalizar los estudios secundarios en la EATA, “en el período 2001-2002, me fui a estudiar periodismo a La Plata”. Por entonces, la facultad se encontraba en el centro de la capital provincial, donde se percibía “un hervidero de mucha manifestación, mucho movimiento en la calle. Se vivía con el ritmo de lo que pasaba en La Plata. Con el tiempo la trasladaron al Bosque, cuando yo me estaba yendo”.
En Chaco y Formosa
Concluyó la carrera de licenciado en Comunicación Social con orientación en Periodismo. Tras la etapa en la universidad, tomó la decisión de trabajar en el norte con comunidades indígenas; “diez años en total, más o menos cinco con el pueblo Qom en Chaco y los restantes con el pueblo Pilagá en Formosa. Igualmente hubo una interrelación, un vínculo entre ambas comunidades”.
En este marco, impulsó la Tecnicatura Superior en Comunicación Social Indígena Bilingüe Intercultural y la creación de medios comunitarios. “Uno de los planteos fuertes incluir la voz propia no solo en los medios tradicionales, que había en cada una de las localidades, sino también poder poner su propio idioma. Ejecutar la palabra en los espacios públicos”, argumenta.
Cuando Diego inició esta tarea “estaba apareciendo la discusión sobre la Ley de Medios. En este universo se encontraba también la representación del campesinado y de los pueblos indígenas”. Se presentaban, en forma paralela, requerimientos sobre el ámbito educativo: “los propios indígenas decían que el sistema no estaba preparado para contar con una mirada bilingüe-intercultural”.
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“Lo tomé como una responsabilidad, entendiendo que soy parte de un colectivo de artistas y eso es una representación muy fuerte”
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La llegada al norte se produjo a través del Instituto de Cultura Popular (INCUPO), como parte de un equipo interdisciplinario. En una instancia siguiente, las organizaciones indígenas lo convocaron para que diera continuidad a este trabajo. “Una de ellas planteó una ley para generar un instituto. Había una organización que era experta en la educación bilingüe-intercultural. Fue el primer instituto terciario que nacía de una ley propia que los indígenas habían constituido en la provincia de Chaco”, destaca.
Se trató de un proyecto modelo “no solo de lo edilicio, sino por la propuesta. Había comunicación, pedagogía, enfermería, asistencia legal, son todos temas en los que ellos se veían muy vulnerados. Fue como un proceso muy transformador”.
Cercano y extraño
Transcurridos diez años de experiencias muy valiosas en las mencionadas provincias, Diego dio inicio al retorno a Tres Arroyos, “con la complejidad que tiene volver a un lugar que me parecía cercano, pero que a la vez era extraño, porque hacía como 17 años que no estaba en mi ciudad”.
A poco de su llegada, con “un grupo de compañeros y compañeras, que también andaban con la necesidad de publicar, empezamos a construir la editorial Caravana, ya tiene más de cinco años”.
Se sumó a la labor educativa, en el nivel terciario. Empezó a dar clases y se logró incorporar la carrera de Agroecología en el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica Nº33; “tuve una participación directa en ese proceso”, observa.
En dos ocasiones fue presidente de la asociación Encuentro Indígena. “Sigo formando parte de los diálogos y de la construcción, porque hay un proceso de transformación muy fuerte de un paradigma que tiene que ver con la historia, la cultura y la educación”, subraya.
Asimismo, integra la mesa de cooperativas. “Son espacios de construcción comunitaria. Es lo que hice toda mi vida. Saber que la única posibilidad de hacer las cosas es construyendo comunitariamente y en forma articulada”, considera.
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Los libros
Diego Slagter es autor de tres libros en el género cuento. Son “La falla del universo”, “Juana en la frontera” y “Destino Juana”.
El segundo y el tercero fueron realizados por editorial Caravana, que tiene a Diego como uno de sus creadores e integrantes.
De todos
El nombramiento como coordinador del Centro Cultural La Estación es consecuencia. El devenir de una trayectoria que lo ubica ante un interesante desafío. Sostiene que “no me imaginé este momento. Había tenido algunas conversaciones con Pablo (Garate) el año pasado, conoció nuestro trabajo, siempre hubo buen diálogo y cuando llegó la posibilidad lo tomé como una responsabilidad, entendiendo que soy parte de un colectivo de artistas y eso es una representación muy fuerte”.
En este sentido, afirma que “siento la necesidad de representar esos universos para contenerlos. El municipio debe acompañar en cada uno de los reclamos, demandas y propuestas de los vecinos. Estamos en ese camino”.
Hace referencia a Martín Rodríguez Blanco como “cabeza de la Dirección de Cultura, Educación y Derechos Humanos” y le otorga relevancia a “un equipo de trabajo que ha sido muy amable en nuestra recepción, para ofrecernos todo el conocimiento que tiene en el proceso que se venía desarrollando previo a que nosotros llegáramos. Sentimos que el Centro Cultural tiene que ser un espacio sin puertas definitivamente”.
En esta línea de pensamiento, menciona: “Como dice Zitarrosa (cantautor y poeta uruguayo), vamos a dejar las ventanas y las puertas abiertas de par en par para que lo que tenga que entrar entre y se manifieste. Con diversidad, con una perspectiva que nos permita reconocernos de otra forma”.
En los primeros días en la gestión “estamos dialogando con Martín en esta nueva función. Hemos empezado a definir estrategias de trabajo, se realizó la convocatoria para las asistencias técnicas con un perfil que de alguna manera pretendemos encarar”. Con satisfacción, agrega que “hay muchas propuestas, ya mantuvimos reuniones con referentes del arte y la cultura”.
Considera que “la presencia del Estado es fundamental. Hoy se está poniendo en discusión fuertemente el rol que tiene en cada uno de los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Y en el espacio de la producción artística también es esencial”.
Como un eje, dentro de su enfoque como coordinador, dice que “La Estación se propone en este nuevo período pensar las industrias culturales, repensar también la concepción del trabajador de la cultura. En algún momento se puso en discusión o en duda el concepto de trabajador o trabajadora de la cultura, nosotros vamos a reafirmar esa identidad porque nos ubica en un lugar diferente a la hora de discutir la producción”.
Le da prioridad a la práctica del diálogo, “a conocernos y pensar que formamos parte de una tarea colectiva. No hay procesos individuales en la construcción de la producción artística”.
En el cierre de la entrevista, deja en claro que “el Centro Cultural es un lugar más de todos los vecinos y vecinas, tiene que ser ocupado, vamos a generar las condiciones para que eso suceda, que todas las representaciones se vean reflejadas en ese espacio”.

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