Dia del Periodista: “La profesión destruida”
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Cómo afectó al periodismo el uso que la política hizo de este trabajo para usarlo como munición de guerra. Los tiempos sin pautas publicitarias y el desafío de recuperar la credibilidad de la gente
Por Enrique Mendiberri
Nunca voy a olvidar las primeras palabras que escuché en la primera clase de mi primer día en la facultad de Periodismo: “el que pretenda una vida normal, con una familia y domingos libres, que no pierda más el tiempo y se retire ya. Porque está eligiendo el camino equivocado”.
La sinceridad del profesor Alfredo Serra, un fenómeno que, años después me enteré que había sido corresponsal de guerra en Vietnam para medios argentinos, entre una lista de trabajos que enaltecía su carrera, no terminaba ahí: “porque tampoco van a vivir jamás en la prosperidad y la abundancia. No hay nada material acá”, dijo.
Creo que sin llegar a entender la realidad de la metáfora, todos seguimos la carrera y con el correr de las clases y los libros que nos hacía leer, fuimos entendiendo de qué se trataba; hasta no olvidarlo, más de treinta años después.
El compromiso con la verdad no tiene horarios cuando hay que cumplirlo y así, muchas veces una confirmación o la propia necesidad de chequear un dato con nuestros propios ojos, destruye agendas, citas sociales y hasta momentos compartidos con nuestros hijos.
Encima, el salario del “mejor oficio del mundo”, como le decía el genial Gabriel García Márquez, conspira contra su adopción a la hora de elegir una carrera. Toda una revelación la de aquella primera clase de Serra.
Pero lo peor que ha padecido el periodismo en nuestro pobre país, es la inserción de la política en sus intereses, bajo la falsa bandera del amor por la “libertad de expresión”.
Así, las pautas publicitarias, que siempre existieron, fueron avanzando sobre los medios, tomaron su credibilidad y la enfermaron, haciendo que su público se aleje o no los tome más como una fuente seria y segura para informarse.
Se empezaron a leer mensajes subliminales hasta en las notas de la sección deportes. El país se partió en dos y los medios fueron las armas de unos y otros. Al punto tal, que hoy muchos vecinos reciban distintas condenas sociales según el canal de televisión que miren.
Aparecieron términos como “ensobrado”, “troll” o “lacayo de la pauta”, donde se ataca lo más digno del periodista, lo único que, en tiempos de Alfredo Serra, supuestamente no se podía vulnerar en su filosofía: el honor.
Entonces, ¿cuánto queda en pie de esta profesión si, a los hechos a los que se refirió aquel profesor universitario a mediados de los 90s, se le suma la cada vez más liviana credibilidad del trabajo periodístico por infundadas sospechas de corrupción o campañas masivas de difamación vía redes sociales?
Ya casi no hay lugar para renovar credenciales con la gente, sino es a costa del sacrificio con el compromiso por la verdad.
El Gobierno actual anuló la pauta publicitaria para los medios. Nada más desafiante de uno y otro lado. Porque desde el sector oficial, se destruyó cualquier atisbo de vinculación con un medio de comunicación, muchas veces, ¿y de manera casual?, demasiado permisivo y gentil frente a ciertos actos de gobierno.
Pero, al mismo tiempo, desde los medios ¿cómo se inicia un camino de ‘sinceridad desinteresada’ ante la desaparición de esos números llenos de amistad, sin caer en la especulación de estar haciendo por necesidad lo que desde siempre dictó nuestra conciencia periodistica?
¿Sin pauta los medios vuelven a ser buenos consejeros de la gente?
El poder de turno se armó su propio ojo crítico. Desafió al periodismo a investigarlo y encontrarle la fisura que lo perjudique o la manera de convencer a la gente de que están de su lado. Un sistema de control a la altura de la prensa fiel a los conceptos del periodismo clásico. De la vieja escuela.
Sólo cabe ver quienes soportarán el proceso destructivo que sufrió la profesión sin perder credibilidad siendo fieles a la verdad y cuántos hoy se quedarían sentados en aquella verdadera clase de periodismo y realidad.
